El pasado mes de abril, los amigos de Dolmen Editorial recuperaban para las librerías Viejas promesas, un cómic divertido y entrañable que combina fútbol, humor y nostalgia generacional. Oro puro para quienes crecimos viendo El día después en Canal +.
La obra está escrita por Álvaro Velasco e Iñaki San Román, responsables del podcast futbolero Paquetes, en el que reivindican con humor (y también con cariño) a esos jugadores, equipos y momentos que quedaron al margen de los grandes relatos del fútbol. Con ilustraciones de Pedro Rodríguez, Viejas promesas construye una historia cargada de referencias futbolísticas, amistad y recuerdos de juventud, un cómic que conquistó a crítica y público y que fue galardonado con el premio al Libro del Año otorgado por la prestigiosa revista Panenka.
Portada del cómic.
La historia sigue a Beni Castanera, un representante de futbolistas de los de antes, de los de empeñar su palabra y darlo todo por su representado. En los 90, a punto de alcanzar el éxito al descubrir a Rafael "Fali" Fernández, una joven promesa del deporte, una grave lesión trunca la carrera del jugador junto con los sueños de gloria de Beni. Años después, Beni sigue anclado en el pasado, sobreviviendo como puede, hasta que surge una nueva oportunidad de redención. Por el camino, ha perdido a su familia y la oportunidad de ser uno de los grandes pero, "un representante tiene que hacer sacrificios". Beni no es solo un representante venido a menos; es la encarnación de todos aquellos que un día estuvieron convencidos de que les esperaba algo grande y acabaron descubriendo que la vida tenía otros planes (os suena la ¿Generación X?).
Esta obra utiliza el fútbol para hablar de la vida, es una tragicomedia cargada de humor, melancolía y humanidad que encuentra en el universo futbolístico un escenario perfecto para reflexionar sobre los sueños incumplidos, el paso del tiempo y la búsqueda de una segunda oportunidad. La presencia de Álvaro Velasco e Iñaki San Román transpira (pun intended) en cada página: esa mirada romántica hacia los perdedores entrañables constituye el corazón de Viejas promesas. Igual que en su anterior libro, El álbum de Paquetes, los autores demuestran que sienten tanta fascinación por las grandes estrellas como por quienes se quedaron a las puertas de la gloria.
La historia se apoya además en un contexto futbolístico muy reconocible para quienes crecieron (como quien escribe estas líneas) en la España de los años noventa. Aquella era una época previa a la hiperprofesionalización actual, a las redes sociales y las camisetas de tu equipo a 150 euros, este tebeo se ambienta en una época en la que todavía existían representantes pintorescos, presidentes excéntricos, futbolistas que fumaban en el descanso, promesas que aparecían en los suplementos deportivos antes de desaparecer sin dejar rastro y clubes donde la improvisación era casi una forma de vida: Clemente, Mendoza, Lopera, el Súperdepor... este cómic captura ese ecosistema de campos embarrados, torneos juveniles, coches de segunda mano y conversaciones de bar en las que siempre parecía esconderse el próximo fenómeno del fútbol español. La nostalgia que desprende la obra no nace de la idealización, sino del reconocimiento de un fútbol que ya no existe.
Grande Beni.
Uno de los grandes aciertos del cómic es su equilibrio. Velasco y San Román dominan el humor gracias a su experiencia como guionistas y podcasters, pero saben evitar que los chistes resten profundidad a los personajes. Las situaciones cómicas surgen de forma natural: a través de diálogos ágiles y de personajes secundarios sacados de la fauna más peculiar del fútbol español. Sin embargo, bajo esa superficie divertida se esconde una reflexión bastante amarga sobre el fracaso, la frustración y la dificultad de aceptar que el tiempo pasa para todos.
En el apartado gráfico, Pedro Rodríguez resulta fundamental para que la historia funcione. Su dibujo apuesta por la expresividad de los personajes y por una puesta en escena dinámica que transmite perfectamente el ritmo de la narración. Rodríguez entiende que el fútbol no es únicamente lo que ocurre sobre el césped; también son las oficinas, las cafeterías, los viajes por carretera y los vestuarios y eso se nota en las composiciones de página, un auténtico locurón. Su estilo caricaturesco pero humano permite que la obra funcione con naturalidad entre la comedia y el drama. Los escenarios y detalles visuales ayudan además a recrear esa atmósfera noventera que impregna toda la lectura, la capea es algo increíble (realmente es muy creíble, sabemos que esas cosas iban así).
Tremenda composición de página y el gran Kiko Narváez.
Quizá la mayor virtud de Viejas promesas sea que no exige ser un apasionado del fútbol para disfrutarla pero es cierto que los lectores futboleros la vamos a disfrutar muchísimo más gracias a guiños, personajes y situaciones muy reconocibles, pero, eso sí, la obra funciona sobre todo como una historia universal sobre las expectativas incumplidas. Todos hemos conocido alguna "vieja promesa" que parecía destinada a triunfar y terminó tomando otro camino y los autores han tomado ese concepto y se han marcado una obra maravillosa.
En definitiva, Viejas promesas es una de las mejores obras recientes surgidas de la mezcla entre cómic y fútbol. Divertida, nostálgica, tierna y melancólica a partes iguales, consigue retratar con enorme cariño y humor una época y un tipo de personajes (sí, personajes) que rara vez ocupan el centro de las historias. Su mezcla de humor, memoria futbolística y emoción la convierten en una lectura muy recomendable tanto para aficionados al deporte rey como para cualquier lector que disfrute de las historias sobre segundas oportunidades. Un estupendo Slice of life futbolero que he disfrutado tremendamente porque, al final, Viejas promesas no habla de fútbol, habla de todos esos sueños que un día parecían inevitables y que la vida se encargó de llevar por otro camino.
La reedición de Viejas promesas por parte de Dolmen Editorial es una edición muy cuidada, el volumen se presenta en tapa dura, un tamaño de 19 x 27 cm, 96 páginas a color y un papel de buen gramaje (ni satinado ni offset) que permite que el trabajo gráfico de Pedro Rodríguez luzca genial a un precio de 22€.



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