La mujer como lo humano. Al principio de la historia, de Ulli Lust, es un ensayo gráfico que cuestiona muchas de las ideas que hemos dado por sentadas sobre la prehistoria y el papel de la mujer en los orígenes de la humanidad. Este cómic desmonta gran parte de lo que creíamos saber sobre las primeras comunidades humanas: desde las representaciones artísticas hasta los ritos funerarios. Todo ello en un viaje de más de 40.000 años que, hasta hace relativamente poco, había sido narrado casi exclusivamente por hombres.
Hay que agradecer a los amigos de Garbuix que esta obra haya llegado a las librerías de nuestro país, porque no estamos ante un cómic cualquiera, sino ante una propuesta ambiciosa que combina divulgación, pensamiento crítico y un enfoque claramente feminista.
Portada del cómic.
El pilar fundamental de esta obra es su largo proceso de investigación, que se prolongó durante años. Ulli Lust se apoya en estudios de arqueología, antropología y arte prehistórico para cuestionar una idea profundamente arraigada: que la historia de la humanidad ha sido protagonizada principalmente por hombres. Spoiler: no lo estaba.
A partir de ahí, la autora introduce uno de los aspectos más interesantes del libro: muchas de las primeras representaciones humanas eran mujeres. Este hecho, aparentemente sencillo, abre la puerta a una reinterpretación completa del papel femenino en la prehistoria. ¿Quién creó esas estatuillas? ¿Fueron mujeres las artistas? ¿Cómo cambiaría su significado si lo fueron?
Partiendo también de su propia experiencia personal, Lust rememora su infancia y su adolescencia, etapas en las que interiorizó normas sociales sobre el cuerpo de la mujer y lo femenino en general: vergüenza, silencio e invisibilización. Este enfoque conecta pasado y presente, mostrando que la invisibilización de la mujer no es algo puntual, sino estructural, cotidiano y profundamente normalizado desde hace milenios.
Una vez asimilado ese primer golpe, llega la caída de otros mitos: el famoso “hombre cazador” no era el centro de la comunidad y las mujeres no se limitaban a parir y criar. Las primeras sociedades eran mucho más complejas, colaborativas y solidarias de lo que se había creído hasta ahora. En este sentido, la obra insiste en que gran parte de lo que creemos saber responde más a construcciones culturales y patriarcales que a evidencias reales.(para sorpresa de nadie a estas alturas).

