jueves, 7 de mayo de 2026

Tex. Patagonia, reseña por Jose

Los amigos de Laramie Ediciones nos traen este mes de mayo el segundo volumen de Tex: Patagonia, una nueva oportunidad para adentrarse en el universo de uno de los grandes mitos del cómic europeo. Para quienes aún no conozcan a Tex, se trata del legendario personaje creado en 1948 por Gian Luigi Bonelli (auténtica figura de culto de la historieta italiana) y Aurelio Galleppini para la editorial Bonelli.

Las historias de Tex Willer, ambientadas en el Viejo Oeste norteamericano de la segunda mitad del siglo XIX, combinan aventura, acción y sentido de la justicia. Tex es ranger de Texas, agente indio y jefe blanco de los navajos, un héroe incorruptible que recorre fronteras enfrentándose a todo tipo de amenazas. En sus peripecias suele estar acompañado por un variopinto grupo de aliados: Kit Carson, viejo pistolero y veterano ranger; Tiger Jack, fiel amigo y guerrero navajo; y Kit Willer, su hijo.

Convertido con el paso de las décadas en uno de los cómics europeos más longevos y populares, Tex sigue siendo un auténtico clásico del western, admirado por generaciones de lectores gracias a su mezcla de épica fronteriza, personajes carismáticos y su respeto por la mitología del Oeste.

En este segundo volumen de las aventuras de nuestro ranger favorito, la historia traslada a Tex desde el clásico Oeste Americano hasta los paisajes salvajes y desolados de la Patagonia argentina, un escenario poco habitual dentro de la serie que aporta frescura, exotismo y una atmósfera casi épica.


Portada de la edición de Laramie.

Y es que uno de los mayores aciertos del cómic reside precisamente en su ambientación. La Patagonia aparece retratada como un territorio inmenso y salvaje marcado por la dureza del paisaje y por una constante tensión política y humana. En este escenario, Tex Willer viaja junto a su hijo Kit Willer hasta Argentina para ayudar a un viejo amigo, Ricardo Mendoza, oficial del ejército argentino, a resolver un conflicto con las tribus indígenas de la región y la siempre delicada línea geográfica que marca "la frontera"  que las tribus indígenas no están dispuestas a respetar. Todo un clásico. La misión parece sencilla: mediar en un conflicto con tribus indígenas, sin embargo, la historia pronto revela una realidad mucho más compleja y brutal. Lo que inicialmente parece una operación de pacificación se transforma en una dura reflexión sobre el colonialismo, la expansión territorial y el exterminio de los pueblos indígenas.

Desde las primeras páginas, la historia atrapa al lector con enorme fuerza: el brutal ataque de un grupo de indígenas a una aldea de colonos, quince páginas iniciales realmente impactantes, sirve al guionista para introducirnos de lleno en el conflicto y mostrarnos, sin rodeos, la complejidad y la violencia que dominan la frontera patagónica. A partir de ahí, el relato despliega una aventura intensa y cinematográfica, en la que el paisaje y el trasfondo histórico adquieren tanta importancia como los propios personajes. 

Narrativamente, la obra mantiene un ritmo muy sólido. Hay acción, duelos y momentos de tensión, pero también espacio para desarrollar personajes complejos y moralmente ambiguos. Tex continúa siendo el héroe carismático de siempre, aunque aquí se muestra más reflexivo y humano frente a un entorno especialmente brutal. Hay momentos para el recuerdo: el inicio del cómic con el ataque indígena es tremendo, la llegada al puerto, los espacios abiertos en La pampa y el entrenamiento con las boleadoras o el duelo a cuchillo de Tex con uno de los indígenas locales a la luz de la hoguera, que es una gozada.
A pesar de que la edición de Laramie es en blanco y negro, no he podido resistirme a añadir esta página a color.

Otro de los grandes aciertos del cómic es la manera en que aborda la ambigüedad moral dentro del propio ejército argentino. Igual que sucede en los wésterns más clásicos, entre los militares conviven posturas enfrentadas: algunos apuestan por una solución negociada con los pueblos indígenas, mientras que otros defienden abiertamente el exterminio como única vía posible. Esa división interna aporta matices y evita caer en una visión simplista del conflicto.
Del mismo modo que ocurría en el ejército estadounidense durante las guerras indias, el ejército argentino también cuenta con indígenas que actúan como rastreadores, intérpretes y guías al servicio del poder colonizador, enfrentándose en muchos casos a su propio pueblo. Es precisamente en este contexto donde aflora la herencia indígena del hijo de Tex, en unas páginas especialmente inspiradas que no solo enriquecen al personaje, sino que también invitan a reflexionar sobre la identidad, la lealtad y las contradicciones morales que atraviesan toda la obra. 
 

Pasquale Frisenda, tan bueno en blanco y negro como en color.
 
Históricamente, la obra también da en la diana, el milanés Boselli, la sitúa durante La llamada "Conquista del Desierto", campaña militar llevada a cabo por el Estado argentino entre las décadas de 1870 y 1880, cuyo objetivo oficial era expandir el control del gobierno sobre los territorios de la Patagonia y La pampa, zonas habitadas por pueblos indígenas como los tehuelches, protagonistas en la obra.
Desde la perspectiva del gobierno argentino de la época, la campaña buscaba “civilizar” el territorio, detener incursiones armadas indígenas y abrir nuevas tierras para la ganadería, la agricultura y el crecimiento económico del país. Sin embargo, históricamente la campaña implicó masacres, desplazamientos forzados, pérdida de territorios ancestrales y la muerte de miles de indígenas. Desde una perspectiva actual, se considera un proceso de limpieza étnica o incluso genocidio. Un reflejo de lo que sucedía en la misma época en Norteamérica.

Boselli consigue construir una historia fantástica, cargada de matices y contexto histórico, con gran carga política, alejada del western clásico norteamericano pero a la vez cercana y tocando temas como la relación padre/hijo, la multiculturalidad o la herencia familiar.
Y artísticamente Pasquale Frisenda, también milanés, es extraordinario y probablemente una de las principales razones por las que Patagonia se considera una obra maestra del western moderno en viñetas. Su dibujo en blanco y negro combina un nivel de detalle impresionante con una puesta en escena, me repito, cinematográfica. La pampas argentina, las montañas nevadas, los campamentos indígenas y las batallas poseen una fuerza visual enorme. Frisenda utiliza sombras, texturas y composiciones muy dinámicas para transmitir tanto la inmensidad del paisaje como la violencia física de los enfrentamientos. Un apartado gráfico sobresaliente.

En definitiva, y por si no os había quedado claro, este Tex. Patagonia es un must de este mes de mayo. Laramie nos lo trae en rústica con solapas, un tamaño de 21 × 29,7 cm, 232 páginazas en papel offset de alto gramaje y blanco y negro por un precio de 29€.

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