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lunes, 13 de julio de 2026

Ardyan Longbow está de vuelta. Y también Frankman Román con una segunda entrega que amplía de forma muy notable el universo presentado en Las sombras de Board Hills una vez más, de la mano de Cartem dentro de su línea Spanish Bombs (¿referencia a The Clash? Le preguntaremos a Daniel). 
Debo decir que desde que charlé con el autor y me chivó que esta segunda entrega de las aventuras de Longbow tenía tintes lovecraftianos, la he estado esperando como agua de mayo.
File Number: El culto olvidado se asoma al abismo cósmico. Frankman Román no solo continúa la historia iniciada en Las sombras de Board Hills, sino que amplía el universo del personaje con una narración más ambiciosa en la que el thriller detectivesco se funde con el horror cósmico, la conspiración y el estudio psicológico del protagonista.

Si la primera entrega era un ejercicio de noir contemporáneo con ecos del hard boiled más clásico, esta segunda da un paso adelante para abrazar un territorio mucho más cercano a Lovecraft aunque sin abandonar nunca la esencia del detective privado. El resultado es una obra que recuerda tanto al cine negro de los años cuarenta como a relatos modernos como True Detective, las novelas de James Ellroy o mi adorado John Connolly o los cómics de Ed Brubaker y Sean Phillips. Cuando la estaba leyendo, he tenido además esa sensación de estar inmerso en una partida del Mansiones de la locura, uno de mis juegos de mesa favoritos.


Portada del cómic.

Las sombras de Board Hills presentaba a Ardyan Longbow como un detective cínico e intuitivo;  aquel volumen funcionaba como una novela negra relativamente clásica: investigación, corrupción, personajes ambiguos y una ciudad que actuaba casi como un personaje más.

En este segundo volumen, Román va más allá: profundiza en el tema paterno y aunque la influencia de H. P. Lovecraft resulta evidente, nunca lo convierte en un homenaje superficial. No aparecen monstruos tentaculares (bueno, ya llegaréis a esas páginas en la biblioteca) porque sí, ni se abusa del imaginario de Cthulhu. Lo que Román toma del escritor de Providence es algo mucho más importante: la idea de que el conocimiento puede ser una condena. 

Pero ¿de qué va esto?: pues la historia se desarrolla a través de dos líneas temporales. La primera, en 1977, tiene como protagonista al detective Howard Longbow. La segunda se sitúa en 2010 y sigue a Ardyam Longbow, su hijo.
La trama comienza en 1977 con la muerte del prestigioso banquero Alexander Gibbons, que aparece muerto tras precipitarse desde el balcón de su mansión. ¿Se trata de un accidente, un suicidio o un asesinato? Esa será la incógnita que deberá resolver Howard Longbow, a quien la policía recurre para hacerse cargo de la investigación. El cadáver presenta un extraño símbolo dibujado con sangre sobre el pecho y el agente designado para ayudar a Howard, el sargento Mignola (ejem), tiene cierto parecido con cierto escritor de Providence...

La narración salta hasta 2010. Ardyam Longbow despierta en una habitación de hotel junto al cadáver de una mujer. Un fuerte golpe en la cabeza le ha provocado una pérdida parcial de memoria (y de sangre) y apenas dispone de una fotografía como única pista para entender qué ha sucedido.
Mientras intenta recomponer los hechos, aparece una misteriosa fotógrafa de la policía que le advierte de que sus compañeros está de camino. Si no quiere convertirse en el principal sospechoso, tendrá que abandonar el hotel de inmediato. 
 
¿Qué relación tienen ambas muertes, quién ha matado a esa mujer y qué hacía Longbow allí? Todas las pistas conducen a la sociedad de Agramón, un culto olvidado pero vivo desde la época de la Inquisición Española que ha sabido hundir sus tentáculos en todos los estamentos de la sociedad durante los últimos 500 años (como Hydra, vamos) y sobrevivir adaptándose al correr de los tiempos. Una sociedad oculta entre las sombras de la sociedad cuyos miembros parecen custodiar una verdad que ningún ser humano debería descubrir...
 

Longbow Sr. y el sargento mignola.

Aunque el componente fantástico crece considerablemente, el alma del cómic sigue siendo la del noir. La narración mantiene muchos de los códigos clásicos del género: ciudades lluviosas y decadentes, corrupción institucional, personajes moralmente ambiguos, una investigación construida mediante pequeñas revelaciones y un pasado que regresa cada dos por tres para ajustar cuentas con el presente. Todo ello regado con un gran reparto de secundarios sin los cuales, la historia se caería a pedazos a la segunda página.
Además, Román introduce un nuevo elemento: el detective no solo duda de los demás, sino que empieza a dudar de sí mismo (classic Lovecraft). La pérdida de memoria con la que arranca la historia convierte la investigación en un doble recorrido: descubrir quién cometió el crimen y descubrir quién es realmente Ardyan Longbow.

Narrativamente, El culto olvidado tiene una evolución evidente respecto al primer volumen.
Frankman Román administra la información con inteligencia. Alterna distintas líneas temporales sin romper nunca el ritmo y evita explicar demasiado pronto los misterios. El lector avanza exactamente al mismo ritmo que Longbow, compartiendo tanto su desconcierto como sus descubrimientos. Recordemos que el autor es criminólogo y detective privado, así que igual sabe un poquito de esto.
No es una historia basada en giros constantes, sino en una acumulación progresiva de tensión (otro clásico lovecraftano). Cada respuesta genera nuevas preguntas y el suspense nace precisamente de esa sensación de que todavía falta una pieza del puzle e implica al lector en la investigación. 
 

Novela paralela al cómic con la investigación de la policía.
 
La parte gráfica está completamente al servicio de la historia. Román no va por el virtuosismo gráfico ni la espectacularidad pero sí tiene par de cosas estupendas: claridad narrativa y un estilo muy cinematográfico, lo que hace que la historia funcione como un tiro y entres desde la primera página.
 
Y por supuesto, mención especial a todos los guiños al cómic, al cine y al noir en general: desde los apellidos de los protagonistas, al parecido de algunos de ellos, al universo lovecraftiano, la construcción del detective y por supuesto, esos encuadres e iluminaciones que te meten de lleno en el noir más clásico. 
 
En definitiva, File Number: El culto olvidado no pretende reinventar el noir ni el horror lovecraftiano pero consigue algo quizá más difícil: combinarlos con naturalidad hasta construir una identidad propia, al estilo de Fatale de Brubaker y Phillips.

Es una obra más ambiciosa que Las sombras de Board Hills, más compleja y también más exigente para el lector, una obra que demuestra una clara madurez narrativa y una evolución muy notable respecto al primer volumen. Ojalá Frankman Román siga desarrollando este "Universo Longbow" porque no le falta potencial (ni lectores).
 
La edición de Cartem Cómics está muy cuidada y sigue la línea de calidad que la editorial ha mantenido en buena parte de su catálogo reciente: se presenta en tapa dura, con un formato de 21 × 29,7 cm, 192 páginas de papel satinado de alto gramaje, extras, un QR que te enlaza a una banda sonora para disfrutar de una experiencia lectora más inmersiva y un precio de 25€.

martes, 17 de marzo de 2026

Los 36 de La Madeleine, reseña por Jose.

Los 36 de La Madeleine fueron un grupo de guerrilleros españoles exiliados tras la Guerra Civil española que, el 25 de agosto de 1944, protagonizaron una sorprendente victoria frente a una columna nazi de la Wehrmacht, muy superior tanto en número como en equipamiento  en la encrucijada de La Madeleine, en Francia, cerca de Anduze. Bajo el mando de Cristino García, lograron bloquear el avance de las tropas alemanas, diezmar sus efectivos y capturar a los supervivientes con la ayuda de voluntarios locales.

Esta misma semana, los amigos de Cartem Cómics publican Los 36 de La Madeleine, un cómic guionizado por Rafael Jiménez, uno de los autores más prolíficos del cómic nacional actual, con el joven y talentoso Alejandro Lozano al frente de la parte gráfica.

Portada del cómic.

Los 36 de La Madeleine recupera un episodio real y poco conocido de la resistencia española en Francia. Conviene recordar que, a diferencia de lo que ocurre en nuestro propio país, los republicanos españoles que combatieron a los nazis reciben allí homenajes anuales y cuentan con numerosos monumentos que recuerdan su arrojo y su valor en el campo de batalla. No hay que olvidar, por ejemplo, que “La Nueve”, una compañía de la 2.ª División Blindada francesa formada por republicanos españoles exiliados, muchos de ellos extremeños, fue la primera unidad aliada en entrar en París el 24 de agosto de 1944 durante la liberación de la ciudad. 

Rafa Jiménez se lanza aquí a reconstruir una hazaña bélica que va mucho más allá del simple entretenimiento de guerra. Su guion convierte la batalla en un relato sobre la memoria: sobre cómo hay heridas que nunca terminan de cerrarse y sobre cómo, con demasiada frecuencia, el relato oficial acaba silenciando la historia real, como ocurrió con este puñado de guerrilleros.

El autor reconstruye el combate, la estrategia y las acciones que tuvieron lugar gracias a un minucioso trabajo de investigación. Al mismo tiempo, mediante flashbacks y las conversaciones entre los propios combatientes, vamos descubriendo sus historias personales, sus motivaciones y el camino que los llevó hasta allí. El resultado es un cómic que equilibra con acierto y elegancia la acción y la memoria histórica.
 

Componentes de Los 36. Fuentes señalan que también hubo dos mujeres entre ellos. Una aparece en la fotografía.
 

El trabajo de Alejandro Lozano es sencillamente maravilloso. Debuta en el mundo del cómic junto a Rafa Jiménez y su estilo me ha recordado bastante al de Paco Asenjo o Paco Roca en el trazo, aunque todavía con margen para pulirse. También me ha traído a la mente a Andrés G. Leiva (echadle un ojo a 15, publicado por Astiberri, y lo veréis). Incluso me atrevería a decir que, al ver en los extras algunas páginas en blanco y negro, me ha venido a la cabeza aquel Víctor Santos de los inicios en Los Reyes Elfos.

Alejandro se mueve como pez en el agua tanto en las escenas de acción como en los momentos más reposados de la narración. Además, realiza un uso del color tan inteligente como efectivo: rojo y negro para los flashbacks de la Guerra Civil, o blanco y negro para las escenas ambientadas en el campo de concentración.

Quiero destacar también algunas páginas que me han parecido especialmente sobresalientes: las dedicadas a la batalla del Ebro, los flashbacks de los campos de concentración o esa potente transición en la que la carga de la Wehrmacht se transforma en la de las tropas marroquíes que apoyaron a los sublevados durante La guerra civil. Una auténtica maravilla.

Una vez más, quiero destacar el sólido trabajo de documentación de Rafa Jiménez pero si tuviera que ponerle un único pero al cómic, sería que me habría gustado ver representada al menos a una de las dos mujeres que, según algunas fuentes, formaron parte del contingente de los 36. A diferencia de sus compañeros, ellas no fueron condecoradas con la Estrella de Plata y, con el paso del tiempo, sus nombres han quedado olvidados.

Para terminar, la edición de Cartem está a la altura de lo que cabía esperar de la editorial: tapa dura para las 88 páginas, más extras, que componen el volumen, papel offset de alto gramaje y un formato de 17 × 24 cm. Una edición estupenda para un comicazo que os recomiendo sin ninguna duda.

El combate de Henry Fleming, reseña por Jose

Con El combate de Henry Fleming , el autor francés Steve Cuzor adapta una de las grandes novelas antibelicistas de la literatura estadounide...