Este mes de julio, los amigos de Moztros recuperan Rebelión animal, una joyita de Tom King y Peter Gross que fue uno de los últimos títulos publicados en nuestro país por la extinta y no muy añorada ECC.
Rebelión animal parte de un clásico universal para construir un discurso propio y actualizado. Tom King y Peter Gross toman como punto de partida Rebelión en la granja de George Orwell, pero trasladan la acción a un refugio de animales contemporáneo donde perros, gatos y conejos, cansados del abuso humano, se alzan contra sus cuidadores para fundar una sociedad basada en la igualdad y la cooperación. Lo que comienza como una revolución esperanzadora pronto deriva en un complejo retrato sobre el poder, el miedo, la polarización y la facilidad con la que una democracia puede convertirse en un sistema autoritario. Más que una adaptación de Orwell, es una actualización de sus ideas para el siglo XXI.
Como el mismo King comentó en su momento la serie nació como respuesta al clima político de Estados Unidos y a su preocupación por el deterioro del debate democrático, el auge de la polarización, del populismo, la desinformación y la facilidad con la que el miedo (alentado por el discurso político de algunos dirigentes) puede llevar a aceptar a líderes cada vez más autoritarios (y chalados) que acaben dándole un golpe mortal a la democracia.
El resultado es una cómic incómodo, amargo y muy político que demuestra que las viejas fábulas nunca dejan de ser actuales cuando la realidad insiste en imitarlas. Si algo demuestra esta obra, es que el clásico de Orwell vuelve a ser necesario.
Portada de la edición de Moztros.
Aunque la referencia más evidente sea Orwell, reducir Rebelión animal a una simple actualización de Rebelión en la granja sería injusto. Orwell escribía mirando al fracaso de la Revolución rusa y al estalinismo; King desplaza el foco hacia las democracias liberales contemporáneas (vaya, vaya...). Su preocupación no es cómo una revolución termina degenerando en una dictadura, sino cómo una democracia aparentemente sólida puede ir vaciándose desde dentro sin necesidad de un golpe de Estado. La revolución ya no fracasa únicamente por culpa de un líder ambicioso, sino también porque los propios ciudadanos aceptan renunciar al consenso en favor de relatos simples y emocionalmente satisfactorios.
En ese sentido, la lectura política resulta difícil de separar de la evolución reciente de Estados Unidos. King nunca ha ocultado (como comento más arriba) que el proyecto nació bajo el impacto del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 y del clima político generado durante los años del trumpismo, que vuelve a estar presente y vuelve a ser un auténtico desastre. La aparición de un líder populista, la apelación constante a agravios colectivos, la construcción de enemigos internos y la sustitución del diálogo por consignas recuerdan de manera evidente al fenómeno que rodea a Trump y al movimiento MAGA (la última chaladura es pedir un voto por familia y que sea el marido quien decida. Emmeline Pankhurst se está revolviendo en su tumba ahora mismo). No se trata de una caricatura directa, que es algo aterrador, sino de una alegoría cuyo simbolismo acaba haciéndose cada vez más explícito conforme avanza la historia y, spoiler, no acaba bien.
Una de las cosas más interesantes de Rebelión animal es que no carga las tintas sobre un líder en concreto sino que señala mecanismos que trascienden países e ideologías: el miedo a perder privilegios, la manipulación de la información, la tribalización de la sociedad, la incapacidad para llegar a acuerdos y la fascinación por líderes que prometen soluciones sencillas a problemas complejos son fenómenos reconocibles en buena parte del panorama internacional, lo estamos viviendo en nuestras propias carnes con la prioridad nazianal del partido del diccionario y sus constantes consignas para enfrentar a nuestra sociedad. Desde Europa hasta América Latina, pasando por Estados Unidos, el cómic habla de democracias donde la polarización convierte al adversario político en un enemigo y ahí reside en parte, su fuerza: utiliza animales para hablar de personas, pero sobre todo, utiliza una pequeña comunidad cerrada para explicar procesos políticos universales.
¿A quién me recuerda este perrito...?
El estilo de King sigue siendo tan reconocible como divisivo: abundantes textos de apoyo, diálogos densos y una clara voluntad de subrayar el significado político de cada escena. Habrá quien piense que esa insistencia lo aleja de la sutileza; para mí, esa es precisamente la virtud de un autor que nunca pretende esconder aquello sobre lo que está reflexionando. En Rebelión animal, esa tendencia funciona mejor que en otros trabajos porque la propia naturaleza alegórica de la historia permite (y pide) una mayor carga discursiva.
El dibujo de Peter Gross es la guinda del pastel. Conocido por trabajos como Lucifer, Los libros de la magia o The Unwritten (no tiene un cómic malo), Gross tiene un estilo realista que evita tanto la caricatura como la antropomorfización excesiva. Sus perros, gatos y conejos siguen pareciendo animales, pero transmiten emociones mediante pequeños gestos, posturas y miradas. Esa decisión visual es fundamental para que la historia conserve toda su dureza: nunca deja de recordarnos que estamos observando criaturas vulnerables atrapadas en dinámicas de violencia totalmente humanas. El color de Tamra Bonvillain, refuerza la atmósfera de tensión constante.
Un gesto revolucionario.
Heredera de Orwell, Rebelión animal está a la altura y en la categoría de otras grandes obras que beben de las fuentes orwelianas: V de vendeta, Watchmen o la más reciente El castillo de los animales, son algunas de las que se me vienen a la cabeza ahora mismo.
Rebelión animal es mucho más que una actualización de Orwell. Es una advertencia sobre nuestro presente. Habla de Estados Unidos, sí, pero también de cualquier sociedad donde la democracia se dé por garantizada, donde el miedo pese más que la razón y donde los ciudadanos olviden que las instituciones solo sobreviven mientras exista voluntad de protegerlas. Como ocurría con Rebelión en la granja, el verdadero protagonista nunca son los animales: somos nosotros. Y esa es precisamente la razón por la que la obra resulta tan perturbadora como necesaria.
La edición que nos trae Mostros es en rústica, esas rústicas sólidas a las que nos tiene acostumbrados, 176 páginas en papel satinado de biuen gramaje, extras, un tamaño de 17 x 26cm y un precio de 21,90€, apto para todos los bolsillos.
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