martes, 28 de julio de 2026

El combate de Henry Fleming, reseña por Jose

Con El combate de Henry Fleming, el autor francés Steve Cuzor adapta una de las grandes novelas antibelicistas de la literatura estadounidense, The Red Badge of Courage (La roja insignia del valor) de Stephen Crane. Publicado originalmente por Dupuis en 2023 y editada este mismo mes de julio en nuestro país por Norma Editorial, esta adaptación demuestra que un clásico del siglo XIX puede seguir resultando absolutamente contemporáneo cuando cae en las manos de un autor con la sensibilidad visual adecuada. 


Portada del cómic.

La historia sigue a Henry Fleming, un joven soldado de la Unión durante la Guerra de Secesión Americana (1.861-1.865) que se enfrenta a un enemigo mucho más temible que el ejército confederado: su propio miedo. Crane convirtió este conflicto interior en el verdadero campo de batalla de la novela, y Cuzor entiende perfectamente que la guerra no es aquí un espectáculo épico, sino una experiencia psicológica. El resultado es un cómic donde el humo, el barro, el estruendo de la artillería y la confusión de los combates pesan tanto como los pensamientos del protagonista. 

Uno de los mayores logros de la adaptación es precisamente cómo traslada al lenguaje gráfico la introspección de Crane. Me ha recordado a la adaptación del maestro Tanabe de Las montañas de la locura, de mi adorado Lovecraft. La novela original vive en buena medida del monólogo interior y de las percepciones de Henry, algo difícil de trasladar a un medio visual. Cuzor opta por reducir la carga verbal y confiar en la fuerza de las imágenes. Las expresiones faciales, los silencios y las composiciones de página sustituyen muchas de las reflexiones del texto original. Es una adaptación que sintetiza sin traicionar el espíritu de la obra y convertirlo en un cómic más sobre la guerra: elimina parte de la reiteración psicológica de Crane, pero conserva intacto el viaje moral del personaje.

Así, las diferencias con la novela responden principalmente a las exigencias de un medio diferente como e el cómic. The Red Badge of Courage dedica muchas páginas a la evolución emocional de Henry, insistiendo una y otra vez en sus dudas, su cobardía, su culpa y su progresiva transformación. En el cómic, ese proceso resulta más inmediato gracias al dibujo (en mi opinión un poco acelerado, quizá) e inevitablemente pierde algunos matices de la prosa de Crane. A cambio, gana una dimensión física tremenda: casi podemos sentir el caos de la batalla, el polvo, el sudor, la sangre y las vísceras o el agotamiento de unos soldados que sienten cada vez más, conforme avanza la historia, que son carne de cañón (literalmente). El horror deja de ser una abstracción psicológica para convertirse en una experiencia visual.


El horror de la batalla.

Steve Cuzor lleva años consolidándose como uno de los grandes dibujantes del cómic europeo. Ya había demostrado su talento en obras como Una estrella de algodón negro, donde combinaba documentación histórica con una narrativa muy cinematográfica, también publicada en nuestro país por Norma. Su estilo recuerda en ocasiones a autores como Hermann o Eduardo Risso por su dominio de las sombras y de la composición, aunque mantiene una personalidad propia: su dibujo es muy expresivo y su uso del color, espectacular. 
Narrativamente, Cuzor apuesta por un ritmo pausado. No busca el espectáculo bélico, sino que el lector permanezca junto a Henry Fleming. Los combates, desde luego, son violentos y frenéticos pero también confusos y caóticos. Esa decisión conecta directamente con la intención de Stephen Crane, quien escribió una de las primeras novelas modernas sobre la guerra sin haber combatido jamás, centrándose más en la experiencia psicológica que en la reconstrucción histórica, aunque tampoco creo que fueran muy diferentes de como los escribió Crane. 


El combate también está en el interior.

Comparada con otras obras del género, El combate de Henry Fleming comparte con la película Senderos de gloria la crítica al heroísmo militar o la desmitificación del combate, aunque aquí el conflicto es mucho más íntimo e incluso con la multipremiada y reciente Sin novedad en el frente, adaptación al cine de la novela homónima del escritor alemán Erich Maria Remarque. En televisión, conecta con el espíritu de Band of Brothers por el realismo del combate, aunque la serie apuesta más por el espíritu colectivo mientras que Cuzor permanece casi exclusivamente dentro de la mente del protagonista. 

En el terreno del cómic resulta inevitable pensar en La guerra de Charley (Cartem), gran referencia antibelicista del medio, así como en Blazing Combat (Norma), donde la guerra también aparece desprovista de cualquier romanticismo.

Como adaptación, El combate de Henry Fleming me parece un trabajo sobresaliente. Steve Cuzor, sabe adaptar a un medio visual un clásico del género y salir indemne utilizando las herramientas propias del cómic.

Norma nos trae esta obra en cartoné, con tamaño de 23,5 x 31 cm y papel satinado para las 152 páginas de este comicazo con un precio de 35€. Además, y a modo de epílogo un estupendo artículo sobre la vida y obra de Stephen Crane y el recorrido de su novela desde que fue publicada.

lunes, 27 de julio de 2026

Rebelión animal, reseña por Jose

Este mes de julio, los amigos de Moztros recuperan Rebelión animal, una joyita de Tom King y Peter Gross que fue uno de los últimos títulos publicados en nuestro país por la extinta y no muy añorada ECC.

Rebelión animal parte de un clásico universal para construir un discurso propio y actualizado. Tom King y Peter Gross toman como punto de partida Rebelión en la granja de George Orwell, pero trasladan la acción a un refugio de animales contemporáneo donde perros, gatos y conejos, cansados del abuso humano, se alzan contra sus cuidadores para fundar una sociedad basada en la igualdad y la cooperación. Lo que comienza como una revolución esperanzadora pronto deriva en un complejo retrato sobre el poder, el miedo, la polarización y la facilidad con la que una democracia puede convertirse en un sistema autoritario. Más que una adaptación de Orwell, es una actualización de sus ideas para el siglo XXI.

Como el mismo King comentó en su momento la serie nació como respuesta al clima político de Estados Unidos y a su preocupación por el deterioro del debate democrático, el auge de la polarización, del populismo, la desinformación y la facilidad con la que el miedo (alentado por el discurso político de algunos dirigentes) puede llevar a aceptar a líderes cada vez más autoritarios (y chalados) que acaben dándole un golpe mortal a la democracia.

El resultado es una cómic incómodo, amargo y muy político que demuestra que las viejas fábulas nunca dejan de ser actuales cuando la realidad insiste en imitarlas. Si algo demuestra esta obra, es que el clásico de Orwell vuelve a ser necesario.


Portada de la edición de Moztros.

Aunque la referencia más evidente sea Orwell, reducir Rebelión animal a una simple actualización de Rebelión en la granja sería injusto. Orwell escribía mirando al fracaso de la Revolución rusa y al estalinismo; King desplaza el foco hacia las democracias liberales contemporáneas (vaya, vaya...). Su preocupación no es cómo una revolución termina degenerando en una dictadura, sino cómo una democracia aparentemente sólida puede ir vaciándose desde dentro sin necesidad de un golpe de Estado. La revolución ya no fracasa únicamente por culpa de un líder ambicioso, sino también porque los propios ciudadanos aceptan renunciar al consenso en favor de relatos simples y emocionalmente satisfactorios.

En ese sentido, la lectura política resulta difícil de separar de la evolución reciente de Estados Unidos. King nunca ha ocultado (como comento más arriba) que el proyecto nació bajo el impacto del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 y del clima político generado durante los años del trumpismo, que vuelve a estar presente y vuelve a ser un auténtico desastre. La aparición de un líder populista, la apelación constante a agravios colectivos, la construcción de enemigos internos y la sustitución del diálogo por consignas recuerdan de manera evidente al fenómeno que rodea a Trump y al movimiento MAGA (la última chaladura es pedir un voto por familia y que sea el marido quien decida. Emmeline Pankhurst se está revolviendo en su tumba ahora mismo). No se trata de una caricatura directa, que es algo aterrador, sino de una alegoría cuyo simbolismo acaba haciéndose cada vez más explícito conforme avanza la historia y, spoiler, no acaba bien.

Una de las cosas más interesantes de Rebelión animal es que no carga las tintas sobre un líder en concreto sino que señala mecanismos que trascienden países e ideologías: el miedo a perder privilegios, la manipulación de la información, la tribalización de la sociedad, la incapacidad para llegar a acuerdos y la fascinación por líderes que prometen soluciones sencillas a problemas complejos son fenómenos reconocibles en buena parte del panorama internacional, lo estamos viviendo en nuestras propias carnes con la prioridad nazianal del partido del diccionario y sus constantes consignas para enfrentar a nuestra sociedad. Desde Europa hasta América Latina, pasando por Estados Unidos, el cómic habla de democracias donde la polarización convierte al adversario político en un enemigo y ahí reside en parte, su fuerza: utiliza animales para hablar de personas, pero sobre todo, utiliza una pequeña comunidad cerrada para explicar procesos políticos universales.


¿A quién me recuerda este perrito...?

El estilo de King sigue siendo tan reconocible como divisivo: abundantes textos de apoyo, diálogos densos y una clara voluntad de subrayar el significado político de cada escena. Habrá quien piense que esa insistencia lo aleja de la sutileza; para mí, esa es precisamente la virtud de un autor que nunca pretende esconder aquello sobre lo que está reflexionando. En Rebelión animal, esa tendencia funciona mejor que en otros trabajos porque la propia naturaleza alegórica de la historia permite (y pide) una mayor carga discursiva.

El dibujo de Peter Gross es la guinda del pastel. Conocido por trabajos como Lucifer, Los libros de la magia o The Unwritten (no tiene un cómic malo), Gross tiene un estilo realista que evita tanto la caricatura como la antropomorfización excesiva. Sus perros, gatos y conejos siguen pareciendo animales, pero transmiten emociones mediante pequeños gestos, posturas y miradas. Esa decisión visual es fundamental para que la historia conserve toda su dureza: nunca deja de recordarnos que estamos observando criaturas vulnerables atrapadas en dinámicas de violencia totalmente humanas. El color de Tamra Bonvillain, refuerza la atmósfera de tensión constante.


Un gesto revolucionario.

Heredera de Orwell, Rebelión animal está a la altura y en la categoría de otras grandes obras que beben de las fuentes orwelianas: V de vendeta, Watchmen o la más reciente El castillo de los animales, son algunas de las que se me vienen a la cabeza ahora mismo.

Rebelión animal es mucho más que una actualización de Orwell. Es una advertencia sobre nuestro presente. Habla de Estados Unidos, sí, pero también de cualquier sociedad donde la democracia se dé por garantizada, donde el miedo pese más que la razón y donde los ciudadanos olviden que las instituciones solo sobreviven mientras exista voluntad de protegerlas. Como ocurría con Rebelión en la granja, el verdadero protagonista nunca son los animales: somos nosotros. Y esa es precisamente la razón por la que la obra resulta tan perturbadora como necesaria.

La edición que nos trae Moztros es en rústica, esas rústicas sólidas a las que nos tiene acostumbrados, 176 páginas en papel satinado de buen gramaje, extras, un tamaño de 17 x 26cm y un precio de 21,90€, apto para todos los bolsillos.

viernes, 24 de julio de 2026

Heavy Liquid, reseña por Jose

Cuando Paul Pope publicó Heavy Liquid entre 1999 y 2000 con el sello Vertigo de DC Comics, el cómic norteamericano atravesaba un momento de transición en el que convivían el cyberpunk, el noir y la ciencia ficción de autor con un panorama superheroico aún recuperándose de las secuelas de los 90. Había quedado atrás el auge especulativo de principios de la década y la industria buscaba nuevas formas de atraer lectores: Hellboy, Planetary, 100 balas o Top Ten, son algunas de las series que comenzaban a publicarse en esos años y que se han convertido en auténticos iconos comiqueros.
Fue una época en la que convivieron grandes cambios creativos con una recuperación económica gradual.

La miniserie de cinco números Heavy Liquid, que tiene un poco de todo lo comentado anteriormente, fue recopilada poco después de su publicación en un único volumen, nominada al Premio Eisner a la mejor serie limitada y se convirtió rápidamente en una de las obras que consolidaron a Pope como una de los autores más personales del cómic estadounidense contemporáneo. Este pasado mes de junio, los amigos de Moztros volvían a traernos recopilada en una estupenda edición en tapa dura esta maravilla del autor de Filadelfia.


Portada de la edición de Moztros.

La historia nos sitúa en una Nueva York futurista y decadente, una ciudad abigarrada, claustrofóbica y cyberpunk. Muy Blade Runner. Su protagonista es Stooge, conocido simplemente como S, un traficante y buscavidas cuya existencia gira en torno al misterioso Heavy Liquid, un claro homenaje a The Stooges, una sustancia de origen desconocido capaz de funcionar indistintamente como droga, material artístico o arma de un poder devastador.

Lo que comienza como el clásico encargo propio del género negro: encontrar a una artista desaparecida para que complete una obra definitiva utilizando el preciado material, termina convirtiéndose en un viaje marcado por la obsesión, el amor perdido, la adicción y la búsqueda de sentido en un mundo que parece haber sustituido cualquier sistema de valores por el consumo y el deseo.

A lo largo de la obra iremos descubriendo el pasado de S, su relación con la artista desaparecida y las razones por las que tanto la banda de los payasos (me encanta ese toque Picassiano) como un misterioso personaje vestido de negro le pisan los talones. También conoceremos las distintas facciones que habitan esta decrépita Nueva York poscapitalista y algunos fragmentos de la historia de un mundo que ya ha dejado atrás todo aquello que conocíamos.

Aunque su argumento puede resumirse como un thriller de ciencia ficción, Heavy Liquid destaca sobre todo por las ideas que recorren toda la narración. Pope utiliza el misterioso líquido como metáfora, o quizá sería más preciso hablar de una gran analogía, de las drogas, del capitalismo y de la necesidad humana de perseguir aquello que siempre parece estar fuera de nuestro alcance. La obra habla de la autodestrucción, de la incapacidad de escapar de las propias obsesiones y plantea una crítica feroz al capitalismo salvaje y a las élites económicas, dispuestas a emplear cualquier recurso con tal de hacerse con el objeto más exclusivo y codiciado. Resulta inevitable establecer un paralelismo con el presente y esa es, precisamente, una de las razones por las que, más de veinticinco años después de su publicación, Heavy Liquid sigue vigente.

Quiero destacar especialmente su desenlace, sin entrar en spoilers of course. Tras una búsqueda trepidante, después de conocer el pasado de S, las motivaciones que impulsan su investigación y el papel que desempeñan los distintos personajes, la gran revelación es que el verdadero protagonista de la historia nunca ha sido S, sino el propio Heavy Liquid. Es un cierre brillante que recontextualiza todo lo leído y culmina la obra con un final tan sorprendente como digno de las mejores historias de ciencia ficción.


Nuestro protagonista.

En el apartado gráfico, Paul Pope demuestra (también) por qué se le considera uno de los grandes del medio. Su dibujo mezcla la energía del manga, la elegancia de autores europeos como Moebius y la contundencia narrativa de Frank Miller, pero el resultado tiene una identidad absolutamente propia. Las páginas transmiten movimiento constante gracias a un trazo nervioso y expresivo, diría que líquido, mientras que el uso del color resulta contenido y atmosférico, alejándose del espectáculo visual habitual de la ciencia ficción para construir una obra casi táctil. Cada viñeta parece improvisada y, al mismo tiempo, cuidadosamente diseñada. Una obra maestra. Las perspectivas, la narrativa cinematográfica, los encuadres y el detalle en cada página, especialmente en las páginas completas, es simplemente espectacular

Las influencias y conexiones de Heavy Liquid son numerosas, diferentes y podemos rastrearlas en diferentes medios: es imposible no pensar en Blade Runner o Días Extraños por su visión melancólica y oscura de la ciudad futura o en Akira por la mezcla de violencia urbana, esa ciudad interminable y las sustancias de poder casi sobrenatural. También comparte ADN con novelas como Neuromante, un clásico del género de William Gibson, aunque Pope se interesa menos por la informática y la tecnología y mucho más por la dimensión emocional de sus personajes. Dentro del  cómic, El Incal de Moebius y Jodorowsky por su imaginación visual, Sin City por la estructura de novela negra y con trabajos posteriores del propio Pope como 100% o Batman: Año 100, donde continúa explorando sociedades futuristas.


Tremenda página de Pope.

En España, Heavy Liquid tuvo una primera edición de Norma Editorial en 2004, que sirvió como puerta de entrada para muchos lectores al universo de Paul Pope. Años después, Planeta DeAgostini recuperó la obra en 2010 dentro de una nueva edición que coincidía con el creciente reconocimiento internacional del autor. Ambas publicaciones contribuyeron a convertir el cómic en una pequeña obra de culto dentro del mercado español, aunque durante bastante tiempo ha permanecido descatalogado. 

La nueva edición publicada por Moztros Editorial recupera por fin este clásico en un volumen en cartoné de 264 páginas basado en la edición remasterizada internacional, incorporando material adicional sobre el proceso creativo y una reproducción gráfica excelente. Esta recuperación forma parte del esfuerzo de la editorial por reeditar la obra de Paul Pope en España tras la publicación de 100%, ofreciendo por fin el inicio de una biblioteca dedicada a  uno de los autores fundamentales del cómic independiente norteamericano.

En una valoración personal, considero que Heavy Liquid es una de las mejores puertas de entrada al universo creativo de Paul Pope si no la mejor. Probablemente sea la obra que mejor resume todas sus virtudes: un dibujo extraordinariamente vivo, personajes imperfectos, ciencia ficción social, humana y con alma y una capacidad poco común para mezclar acción, romance, filosofía y experimentación gráfica sin perder nunca el pulso narrativo. Una de las obras imprescindibles del cómic independiente estadounidense de finales del siglo XX y principios del XXI.

La edición de Moztros nos llega en, como ya he comentado, en cartoné, papel satinado para sus 264 páginas con extras y un precio de 29,90€.

lunes, 20 de julio de 2026

Corto Maltés: el día antes, reseña por Jose.

Con El día antes, Martin Quenehen y Bastien Vivès cierran la trilogía iniciada con Océano negro y continuada en La reina de Babilonia, un proyecto ambicioso y arriesgado: trasladar a Corto Maltés al siglo XXI manteniéndolo reconocible, respetando los códigos del personaje pero a la vez, haciendo algo diferente. Su propuesta prescinde de la nostalgia como motor de esta reinterpretación y apuesta por demostrar que el personaje creado por Hugo Pratt sigue siendo capaz de recorrer un mundo convulso, aunque ese mundo ya no esté marcado por los imperios coloniales y las guerras del primer tercio del siglo XX, sino por la globalización, la crisis climática, el terrorismo y las nuevas formas de crimen organizado. 

Ni que decir tiene que la propuesta no ha dejado indiferente a los fans del marino maltés y ha polarizado las posturas. Aquí en TDT nos ha encantado esta nueva visión que nos ofrece la dupla de autores franceses y estábamos deseando leer el tercer volumen que acaba de llegar a librerías de la mano, como siempre, de norma Editorial.


Portada del cómic.

En esta tercera y última entrega, Corto viaja (de manera bastante inesperada) hasta Tuvalu, un archipiélago polinesio amenazado por la subida del nivel del mar, para rescatar a una vieja amiga. En el camino se cruza con una abogada ambientalista, una agente antiterrorista y un piloto, viejo amigo de Corto que es un adicto a las drogas; en una aventura donde las tríadas chinas, la geopolítica y el cambio climático sustituyen a las conspiraciones coloniales y los conflictos bélicos de las historias clásicas de Pratt. Quenehen convierte el calentamiento global en el telón de fondo de la narración, no tanto como un discurso militante (que igual un poquito también) sino como el nuevo escenario donde se desarrolla la aventura contemporánea.

Más allá de su lectura como reflexión/denuncia sobre el mundo actual, El día antes funciona sobre todo como un relato de aventuras. Quenehen construye una trama en constante movimiento: persecuciones, infiltraciones, traiciones y cambios de escenario que mantienen un ritmo ágil de principio a fin. Corto se ve envuelto en una compleja red de intereses donde convergen organizaciones criminales, agentes de inteligencia, activistas medioambientales y personajes con motivaciones ocultas. Como en las mejores historias del personaje, el bueno de Corto parece avanzar más por intuición y suerte que por un plan preconcebido, dejándose arrastrar por los acontecimientos y encontrando en cada encuentro una nueva pieza del puzle.

El reparto secundario así como las diferentes localizaciones juegan un papel fundamental en la historia. La abogada comprometida con la defensa de Tuvalu aporta la dimensión humana del conflicto ecológico, la agente antiterrorista introduce una tensión constante entre la legalidad y las zonas grises en las que siempre se ha movido Corto, si les sumamos un piloto yonki y un buen grupo de mercenarios, mafiosos y colaboradores ocasionales a una narración donde las lealtades cambian a la vuelta de la página y nadie parece actuar movido por un único interés, queda un reparto de lo más completo; además los clásicos lugares exóticos entendidos como espacios por descubrir (en el Corto de Pratt) ahora son territorios atravesados por problemas globales muy lejos del romanticismo que impregna la obra del autor veneciano: el ascenso del nivel del mar, las disputas geopolíticas en el Indo-Pacífico, las redes internacionales del crimen organizado y los intereses económicos que condicionan la política internacional. 
La aventura mantiene cierto sabor clásico pero se nutre de conflictos plenamente actuales y las aventuras de Corto se inclinan más hacia el thriller de acción que a los relatos de exploración y aventuras de finales del XIX y principios del XX.
Amistades peligrosas.

En ese aspecto, La comparación con el Corto Maltés de Hugo Pratt resulta inevitable: Pratt concebía sus historias con un marcado equilibrio entre aventura, literatura, historia y mito (siendo en mi opinión La fábula de Venecia el álbum más equilibrado). Sus relatos estaban llenos de silencios, simbolismo y encuentros con personajes históricos o legendarios, envueltos en una atmósfera casi onírica, sobre todo en los últimos álbumes, donde importaba  el viaje físico pero sobre todo, el espiritual. El lector debía aceptar que la frontera entre la realidad y la fantasía era siempre difusa.

Quenehen y Vivès, en cambio, optan por un enfoque más directo y cinematográfico. Su Corto es más físico, más inmediato y menos contemplativo. La acción tiene un mayor peso y los conflictos políticos aparecen de manera explícita. El misterio y la dimensión esotérica, tan características de Pratt, quedan relegados a un segundo plano en este tercer álbum en favor del thriller de aventuras. Es un cambio de sensibilidad que puede no gustar a quienes buscan la poesía narrativa del autor italiano, pero que acerca el personaje a lectores contemporáneos acostumbrados a un ritmo más dinámico.

El apartado gráfico de Bastien Vivès contribuye y mucho a esa modernización. Su dibujo mantiene una economía de línea que, de algún modo, homenajea la síntesis gráfica de Pratt, sobre todo en su última época, pero incorpora una narrativa visual mucho más cinematográfica y fluida. El resultado conserva la elegancia minimalista sin caer en la copia.

También merece destacarse el trabajo de Martin Quenehen. Historiador de formación (se nota) y escritor antes que guionista de cómics, demuestra mucho interés por situar las aventuras dentro de problemáticas geopolíticas reales. Sus guiones conectan la tradición aventurera con problemas contemporáneos sin perder de vista el entretenimiento, consiguiendo así una narración adaptada a los tiempos sin perder de vista el espíritu de la obra original. 


El Corto de Vivès.

Como cierre de trilogía, El día antes confirma que la reinterpretación de Quenehen y Vivès nunca pretendió competir con la obra de Hugo Pratt, sino ofrecer una lectura alternativa del personaje; es un cierre sólido para esta serie de tres álbumes que ha sabido actualizar a uno de los grandes iconos del cómic europeo sin traicionar su identidad.

Norma Editorial publica este tercer volumen en una cuidada edición en tapa dura, con un formato de 19 × 28 cm, papel satinado de alto gramaje y un total de 176 páginas, que incluyen un interesante apartado de extras. Todo ello por un precio de 28 €, en una edición que mantiene la calidad y la uniformidad de los dos álbumes anteriores de esta nueva etapa de Corto Maltés.

miércoles, 15 de julio de 2026

Mi familia gorila, reseña por Jose.

Este pasado mes de abril, los amigos de Diábolo Ediciones nos traían su segunda publicación dentro de su línea manga. Tras La invasión de los hongos del espacio, nos llegaba Mi familia gorila, y aunque ya lo comentamos en TDT Podcast #273, creemos que merece un espacio propio en el blog, especialmente ahora que ha sido nominada a los Premios Harvey de este año.

Mi familia gorila te engancha desde el momento en que lees el título y piensas: "Esto no puede ir por donde creo que va". Spoiler: va por ahí… y por otros sitios todavía más extraños. La nueva apuesta de Diábolo Ediciones recupera una antología de catorce relatos (a cual más sorprendente y bizarro) que Ichiro Iijima publicó originalmente entre 1970 y 1971 en la revista Manga Black Punch, una publicación dirigida al público adulto en pleno auge del gekiga. Si queréis saber algo más sobre el tema, aquí  tenéis nuestra reseña de Los locos del gekiga.
¿Lo hemos disfrutado? No lo sabéis bien. 


Portada de la edición de Diábolo.
 
Lo primero que hay que aclarar es que no estamos ante un manga de terror convencional. Aquí conviven el horror, la ciencia ficción, el erotismo, el humor negro y el surrealismo. Iijima no parece interesado en asustar únicamente al lector; también quiere incomodarlo, sorprenderlo e incluso que se ría mientras se pregunta qué acaba de leer. Es un tipo de lectura que hoy sigue resultando desconcertante. Los relatos incluidos en el volumen funcionan como pequeñas pesadillas en las que se acepta lo imposible y lo bizarro con total naturalidad.
 
La historia que da nombre al volumen es probablemente la más representativa del conjunto: una mujer acaba formando una familia con un gorila (¡a petición del director de la empresa para la que trabaja, ojo!) una premisa que podría sonar ridícula si no fuera porque Iijima la desarrolla con una mezcla de drama, sátira y bizarrismo que termina convirtiéndola en una reflexión sobre las relaciones humanas. Y sí, has leído bien: este manga consigue que te plantees durante unos minutos la logística doméstica (y de otros tipos) de convivir con un gorila. No sé si eso habla bien del autor o mal de nosotros. 
 
Pero el resto del volumen no se queda atrás. Entre sus páginas encontramos demonios, robots, alienígenas, experimentos biológicos que salen regular, mujeres capaces de congelar a sus amantes, criaturas monstruosas, obsesiones sexuales y un desfile continuo de conceptos que parecen haber nacido de una mala noche después de cenar demasiado sushi. Cada relato es potente, va al grano y remata con un final macabro e irónico. 
La feliz pareja.
 
Se nota que estamos ante un manga de los setenta: el retrato machista de la sociedad japonesa a la vez que el intento constante de hacer algo rompedor y el erotismo continuo están ahí a la vista, el ritmo es trepidante y las premisas imposibles. Me ha recordado a los cómics de terror de la EC y la Warren, así que para quienes les guste este tipo de historias, con sus características, pero a la japonesa, no lo dudéis, es el símil más cercano que se me ocurre.
 
En cuanto al autor, Ichiro Iijima es uno de esos nombres poco conocidos fuera de Japón que el tiempo ha ido convirtiendo en autor de culto. Sus obras mezclaban terror, ciencia ficción, humor absurdo y crítica social con una libertad creativa que resulta difícil de encontrar incluso hoy. Diábolo, tras La Invasión de los hongos del espacio, vuelve a demostrar que tiene muy buen ojo recuperando este tipo de material casi inédito en España, permitiéndonos descubrir una faceta del manga de los setenta más salvaje, irreverente y extravagante de lo que suele asociarse al medio y que hasta ahora solo podíamos encontrar en editoriales como Satori o Gallo Nero.
 
El estilo gráfico del Tokiota es bastante limpio y claro (en las partes tranquilas de sus historias) pero cuando llega el desquicie de criaturas extraterrestres y monstruos se convierte en pura fantasía: deformidades, monstruos y escenas grotescas te asaltan a cada viñeta. Gozadera total.
Como muestra, un botón.
 
Personalmente tengo que decir que me he gozado este Mi familia gorila. No sabía qué me iba a encontrar aunque ya el título daba pistas, es uno de esos mangas difíciles de recomendar a alguien pero que acabas recomendando por el macarreo. Esperemos que Diábolo siga trayéndonos más material de este tipo porque es una maravilla poder leer estas historias que tienen ya más de 50 años y que no han perdido ni un ápice de capacidad de sorpresa, horror y asombro además de ser también una ventana a la que asomarnos para ver qué se hacía en Japón dentro del gekiga, aunque sinceramente, creo que Iijima es un género en sí mismo.
 
La edición de Diábolo nos llega en rústica, papel offset para las 218 páginas del volumen y a modo de extras, un excelente artículo sobre el autor. Precio 19,95€.

jueves, 9 de julio de 2026

Látigo, reseña por Jose

Este mes de julio, los amigos de Laramie Ediciones rescatan las tiras de prensa de uno de los  personajes emblemáticos de Stan Lynde: Látigo. Látigo, recuperado por Laramie Ediciones por primera vez en España, reivindica la  capacidad narrativa de las tiras de prensa estadounidenses, cuando la aventura diaria debía condensarse en viñetas contadas sin perder ritmo ni emoción. (Maravilla las tiras de prensa de Conan, never forget).
Además, Látigo nos transporta lejos de ese western crepuscular de Peckinpah o Eastwood (sigo con los símiles cinematográficos) para devolvernos al western de Ford o Mann: un western brillante, con héroe impoluto, repeinado y una escala de valores intachable. 
 
Este volumen recopila dos historias del personaje incluida la que narra su origen: La senda de la venganza y es una estupenda puerta de entrada a la obra de Stan Lynde, uno de los grandes autores del western norteamericano.

Portada del volumen de Laramie.

Lo primero que sorprende al leer Látigo es comprobar lo moderna que sigue resultando la narración (recordemos que es un cómic de finales de los 70/principios de los 80): tiene una fluidez que hace olvidar rápidamente que fue concebida para una publicación diaria. Cada tira funciona como una unidad, pero la continuidad está tan bien construida que la lectura del conjunto resulta muy natural. 

La primera aventura, la de su origen, funciona casi como una novela de aprendizaje (a través de la tragedia personal, ni que decir tiene) El protagonista no nace convertido en leyenda, debe ganarse ese lugar. Comete errores, aprende, madura y descubre que en el Oeste, la justicia no suele coincidir con la ley, algo que resulta  atractivo porque evita convertirlo en un héroe invulnerable a pesar de su papel de héroe. Más que un pistolero extraordinario, Látigo es un hombre obligado constantemente a elegir entre distintas formas de hacer lo correcto en un entorno y una situación hostiles. Es esa humanidad la que mantiene vigente la obra décadas después de su publicación. 

La segunda aventura es un claro ejemplo de lo que comentaba más arriba: nuestro héroe dará con sus huesos en el calabozo para después ser elevado a los altares de la ley en un pueblo repleto de las clásicas referencias al oeste más clásico. Una gozada para quienes nos gusta el western clásico. 

Clasicismo gráfico.

Stan Lynde vivió el oeste. Nació en Montana en 1931, no mucho después de que el territorio recibiese la denominación de estado. Por aquella época las tribus de nativos americanos ya había sido "pacificadas" pero el salvaje territorio de Montana todavía se regía por las leyes del Oeste y Lynde creció entre ranchos, cowboys y reservas indias. Esa experiencia impregnó toda su obra y quizá explica por qué sus historias (novelas y cómics) tienen una naturalidad muy distinta a la de otros autores.

Con Látigo desarrolló un personaje diferente, más aventurero y algo más cercano al héroe clásico, aunque manteniendo siempre ese respeto por la realidad histórica del Oeste americano.
Quizá su mayor virtud como narrador es la economía narrativa. No desperdicia una sola viñeta: cada diálogo aporta información, cada plano hace avanzar la historia y, sobre todo, nunca pierde de vista que el verdadero protagonista del western no es el revólver, sino el conflicto moral. 

Gráficamente, Lynde es más elegante y austero que espectacular. El dibujo está al servicio de la historia con un trazo limpio y claro, además, el primer relato incluido en esta edición cuenta con el entintado del legendario Russ Heath, que aporta todavía más solidez y riqueza visual a unas páginas ya excelentes.

Stan Lynde.

Por último, y como he comentado en reseñas anteriores, hay que reconocer el mérito de Laramie Ediciones. Su catálogo se ha convertido en una auténtica reivindicación del western como patrimonio del noveno arte. Frente a la dictadura las novedades, la editorial está recuperando autores y series prácticamente inéditos en España o descatalogados desde hace décadas con ediciones cuidadas y respetuosas con el material original. La publicación de Látigo es un claro ejemplo de ello.

En definitiva, Látigo sigue siendo un magnífico cómic de aventuras. Su publicación en España no solo recupera a un gran autor, sino también una forma de entender el western: claridad narrativa, la elegancia gráfica y el saber que las mejores historias nunca envejecen.
Sin el barroquismo gráfico de Blueberry, el tono áspero de Comanche, o el revisionismo de Undertaker la pauesta de Lynde en Látigo  consiste precisamente en reivindicar el western clásico en estado puro 

La edición de Laramie nos llega en tapa dura con un tamaño de 17 x 24 cm en formato tiras de prensa. 104 páginas en papel offset de calité, blanco y negro y un precio de 19,80€.

lunes, 6 de julio de 2026

Guerras y dragones vol. 1, reseña por Jose

"Cuando una guerra azota el mundo, los dragones despiertan y se unen a los héroes alterando el curso de la historia." Con una premisa así, ya me habían conquistado. Guerras y dragones era uno de los lanzamientos de Yermo Ediciones a los que más ganas les tenía este año. La propuesta es una auténtica gozadera: una ucronía bélica que combina la aviación militar, algunos de los conflictos bélicos más impoertantes del siglo XX y la fantasía épica con una facilidad sorprendente. Un cóctel explosivo en el que aviones de combate y dragones comparten el mismo cielo y que nos lleva inevitablemente a pensar en Arrowsmith. Las comparaciones son casi automáticas, aunque Guerras y Dragones pronto demuestra que tiene personalidad suficiente para volar por sí sola (pun intended).

En Francia, la serie corre a cargo de Soleil Productions, la editorial responsable de éxitos como Las Tierras de Arran y Ogon. La edición que publica Yermo reúne los dos primeros álbumes originales: La batalla de Inglaterra y La escuadrilla Lafayette. Ambos cuentan con guion de Nicolas Jarry, uno de los nombres más reconocidos del cómic fantástico francobelga, mientras que el apartado gráfico se reparte entre VAX (Vincent Cara), encargado del primer álbum, y la dupla formada por Lucio Leoni y Emanuela Negrin en el segundo. El resultado es un primer volumen que sienta las bases de un universo de lo más atractivo en el que la historia alternativa y la fantasía conviven con total normalidad.
 

Portada del primer volumen publicado por Yermo.
 
El primer álbum, La batalla de Inglaterra, es el más impactante de los dos. Ambientado durante uno de los episodios decisivos de la Segunda Guerra Mundial, nos propone una reinterpretación del enfrentamiento aéreo entre la RAF británica y la Luftwaffe alemana sustituyendo parte de la aviación por escuadrones de dragones. La historia avanza con un ritmo altísimo encadenando persecuciones, maniobras tácticas y combates aéreos espectaculares con un ritmo muy cinematográfico. Es una historia de acción que no pretende reinventar el género, pero sí ofrecer una versión distinta de uno de los episodios más conocidos de la Segunda Guerra Mundial con una trama familiar de fondo de lo más interesante ligada al despertar de los dragones que le da más empaque a la historia.

Aquí el interés no reside tanto en la sorpresa argumental (que también) como en el desarrollo del conflicto y el destino de los personajes principales. Nicolas Jarry demuestra conocer bien los códigos del relato bélico clásico y los adapta al componente fantástico. Las batallas mantienen la tensión: respetan principios militares como la superioridad aérea, la coordinación entre unidades o la importancia del terreno, añádele dragones y ya, miel sobre hojuelas.
 
El segundo álbum, La escuadrilla Lafayette, ambientado durante la Primera Guerra Mundial, resulta algo más clásico. Aquí pesa más el crecimiento del protagonista, la camaradería entre pilotos y el deseo de venganza que la pura espectacularidad. La épica deja espacio al drama personal y al sacrificio,  aporta un tono más emotivo al conjunto y deja claro que este universo admite registros muy diferentes al igual que ocurre en Historias de la guerra, de Garth Ennis. 
 

El dibujo de VAX en el primer álbum es espectacular.
 
Quiero dejar claro que la serie apenas se detiene a explorar las enormes implicaciones económicas, sociales o geopolíticas que tendría la existencia de dragones desde hace siglos. ¿Cómo habrían cambiado los imperios? ¿Qué efecto tendrían sobre la revolución industrial? ¿Cómo evolucionaría la tecnología? Son preguntas que el cómic apenas plantea.
Y para mí, lejos de ser un defecto grave, esto define claramente cuál es su objetivo: ofrecer entretenimiento palomitero de primer nivel antes que una reconstrucción histórica exhaustiva.  Acción, épica y espectacularidad visual. 
 
Y vaya si lo han conseguido, en La batalla de Inglaterra, el dibujo es puro espectáculo. Las escenas aéreas están magníficamente planificadas, las composiciones son dinámicas,  transmiten velocidad, altura y sensación de peligro constante. Los diseños de los dragones son fantásticos y cada tipo (no solo hay dragones voladores o escupefuego) está muy diferenciado del resto al igual que los de cada bando. Preparaos para algunas splash pages espectaculares.
En La escuadrilla Lafayette, el estilo es más más contenido y diferente favoreciendo la narrativa de personajes sin perder calidad en las secuencias de combate aunque exista una diferencia apreciable entre ambos equipos creativos en la parte gráfica.
 

Emanuela Negrin y Lucio Leoni tampoco son mancos.
 
Yo creo que la principal virtud de Guerras y dragones es su  capacidad para divertir (además de un apartado gráfico increíble). Es un cómic que entra por los ojos desde la primera página y que mantiene un ritmo muy alto y muy sólido durante toda la lectura.
La mezcla entre aviación militar y dragones funciona bien porque nunca parece arbitraria. Todo responde a una lógica interna muy consistente que hace que estés dentro desde el minuto uno.

En definitiva Guerras y dragones es un estupendo ejemplo de cómo una buena idea puede sostener una serie muy entretenida cuando está ejecutada con cierto oficio. Quizás no alcanza la sofisticación narrativa de Arrowsmith, ni la profundidad histórica de El piloto del Edelweiss, pero tampoco pretende competir en ese terreno: su objetivo es ofrecer una gran aventura bélica con dragones, y en eso acierta plenamente. 
La combinación de una premisa irresistible, un gran sintido del espectáculo y un apartado gráfico de gran nivel convierte este primer volumen en una de las propuestas más originales y entretenidas del catálogo reciente de Yermo.
 
Lo interesante de la colección es que no sigue una continuidad. Cada álbum funciona como una historia prácticamente autoconclusiva con protagonistas diferentes y ambientada en una guerra distinta. El verdadero hilo conductor es el universo compartido: en todos los grandes conflictos de la historia moderna despiertan dragones que se vinculan a determinados hombres y mujeres alterando el curso de los acontecimientos.
En Francia ya hay publicados tres álbumes más de este universo Guerras y dragones, esperemos que los amigos de Yermo nos los traigan pronto.
 
La edición, tan cuidada como siempre: 32 x 22.8 cm, para que luzca el dibujo, tapa dura y  papel de buen gramaje para las 127 páginas del álbum y un precio de 30€.

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