Le debía una reseña al cabronazo de John Constantine y aquí está, uno de mis personajes de cómic favoritos y todavía no había escrito sobre él. Imperdoneibol. Así que aprovechando la nueva edición de sus aventuras (y desventuras) en la Biblioteca Vértigo Hellblazer, voy a hablar de uno de mis arcos argumentales favoritos y que sirvió de inspiración para la adaptación al cine del personaje. Buena peli, mala adaptación, todo hay que decirlo.
Como siempre digo: si nuestro barbudo favorito, el señor Alan Moore es el padre biológico de John haciéndolo debutar en las páginas de La Cosa del Pantano, Jamie Delano es el padre adoptivo y, cuando parecía que Constantine ya tenía una personalidad perfectamente definida, llegó un jovencísimo (y macarrísimo) Garth Ennis y decidió que lo que necesitaba el bueno de John era… un cáncer de pulmón.
Así, sin anestesia.
Así, sin anestesia.
Portada de la Biblioteca Vertigo hellblazer #9.
Hábitos peligrosos comprende los números 41 a 46 de Hellblazer, publicados originalmente en 1991, y supone la entrada de Ennis como guionista regular de la serie después de que Jamie Delano cerrase su larga etapa con el número 40. El último Delano, dibujado por Dave McKean, es un historión sobre el gemelo de Constatine con final maravilloso que me compré original cuando salió en la librería Elektra, aquí en Sevilla y que guardo como oro en paño. El primer Ennis comienza con un médico diciéndole a Constantine que tiene cáncer terminal. Ennis empieza preguntándose cuánto tarda un cabrón con tantos enemigos en encontrar una salida cuando la muerte no se puede engañar con magia.
Y aquí veremos por primera vez una de las grandes virtudes de Hellblazer a lo largo de sus diferentes etapas: que la transición no chirría. Al menos, no demasiado. Delano había construido a Constantine como un tipo desagradable, cínico, inteligente y bastante hijoputa, pero también como un personaje muy ligado a la Inglaterra de su momento. Su Hellblazer es terror, sí, pero también sátira política, miedo social, Thatcher, ecología, religión, capitalismo y una visión bastante poco optimista del mundo. Su Hellblazer no es un gran mago ni mucho menos, es un embaucador.
Ennis recoge todo eso y lo amplifica. Mucho.
El Constantine de Ennis sigue siendo un hijo de puta, pero ahora es más simpático. Es más macarra, más socarrón, más borracho, más de pub y, sobre todo, más accesible. Ennis potencia algo que ya estaba en el personaje: la chulería, el cinismo, la capacidad de engañar a quien tenga delante y lo convierte en una característica central de la serie.
Esto es importantísimo porque el Constantine que mucha gente tiene en la cabeza actualmente se parece más al de Ennis que al de Delano. El personaje sigue siendo un embaucador, pero ahora tenemos además al colega que se toma una pinta mientras su vida se va literalmente a tomar por culo. Ennis lo hace más carismático y más divertido, pero también más humano. Y ahí está la paradoja: convierte a Constantine en un tipo más simpático justo cuando le pone delante una de las situaciones más jodidas que ha vivido nunca.
Ennis se pregunta qué hace un cabrón como Constantine cuando la sociedad, Dios, el Infierno y los médicos se ponen de acuerdo para decirle que está muerto.
Y la respuesta es: buscar la manera de hacer trampas haciendo lo que mejor sabe hacer: engañar a quien se le ponga por delante.
Classic Constantine.
La premisa de Hábitos peligrosos es sencilla: John Constantine tiene cáncer de pulmón. No un cáncer que pueda curar con un hechizo, ni una maldición que pueda devolver a quien la lanzó, ni un monstruo que pueda engañar con tres cartas y una sonrisa. Cáncer.
Ennis consigue que una historia que podría haber sido otra aventura sobrenatural se convierta en una historia sobre la muerte. Y no hace falta ponerse trascendental todo el rato. De hecho, el humor negro no desaparece. John sigue siendo John incluso cuando está muriéndose. Sigue fumando, sigue bebiendo, sigue haciendo chistes y sigue tocándole los cojones a gente a la que probablemente sería mejor no tocarle los cojones.
Y entonces aparece Matt Higgins.
El viejo paciente de cáncer se convierte en una de las piezas fundamentales del relato porque permite que Ennis hable de la muerte sin convertir a Constantine en un personaje lacrimógeno. Higgins tiene humor negro, mala leche y una actitud ante la enfermedad que conecta inmediatamente con John. Es uno de esos secundarios que Ennis sabe introducir con una facilidad insultante y que, en unas pocas páginas, parece que llevan media vida formando parte del reparto.
A partir de ahí comienza el juego: Constantine necesita encontrar una salida y sabe que, si muere, su alma irá al Infierno y con razón, porque durante los 40 primeros números de la colección no ha hecho más que buscarse enemigos poderosos y meterse en camisas de once varas, así que empieza a mover las piezas.
Ennis entiende perfectamente que el poder de Constantine no está en lanzar rayos mágicos. Está en convencer a los demás de que tiene una carta que no tiene. John es un tahúr metido en una partida de póquer en la que el resto de jugadores son demonios, ángeles, mafiosos y cabrones sobrenaturales que llevan miles de años intentando engañar a seres humanos.
Y John les gana porque, simplemente, es más hijo de puta.
Esta es la esencia del personaje, Constantine no vence porque sea más fuerte, ni porque sea más poderoso, ni porque tenga una colección de hechizos capaz de solucionar cualquier problema. Vence porque conoce la naturaleza humana y porque sabe que incluso un demonio tiene un ego al que se puede meter mano.
Sabemos que John está jugando una partida imposible, pero también sabemos que, si alguien puede salir de ella haciendo trampas, es precisamente él.
Y lo que hace que Hábitos peligrosos siga funcionando tantos años después es que Ennis no convierte la salvación de John en un milagro. La convierte en una estafa.
Will Simpson no es mi dibujante favorito.
Will SImpson no es mi dibujante favorito pero hay que reconocer que tanto él como el color de Ziuco le dan a la serie el tono que necesita. Simpson viene de revistas como Warrior y 2000 AD, no busca la espectacularidad ni mucho menos y aunque tampoco es que sea un virtuoso, nos ofrece un Constantine delgado, cansado, desagradable y con pinta de no haber dormido bien en los últimos diez años. Londres aparece húmedo, sucio e insalubre. Para una historia en la que el protagonista tiene los pulmones hechos polvo es exactamente lo que necesitamos.
Si alguien ha llegado a Hellblazer después de ver Constantine, la película de 2005 protagonizada por Keanu Reeves, hay una cosa que debe quedar clara: Hábitos peligrosos es el cómic que inspira la película.
El propio director Francis Lawrence en una entrevista explicó que Dangerous Habits fue la historia que más influyó en la concepción de su versión de John Constantine y que fue una de las piezas que marcaron la película. Una pena que, como adaptación, no valga un duro aunque sea una película estupenda.
La serie estuvo mejor pero ya sabemos como acabó...
Y tras varias ediciones del mago de Liverpool en nuestro país, algunas de ellas incompletas, otras en tochales incómodos y otras que no estaban mal del todo, llega Panini con una decisión editorial que, en mi opinión es bastante acertada: Biblioteca al canto. Yo ya os digo que a estas alturas del carnaval no voy a cambiar mi edición frankenstein por esta biblioteca aunque ganas no me faltan ( lo que me falta es dinero y las ganas de poner a la venta el resto por Wallapop).
Y aunque no sepa si ha sido pura casualidad o está pensado a propósito: en el volumen 8 de Biblioteca Vértigo. John Constantine: Hellblazer acaba la etapa de Delano y el 9 justo arranca con la llegada de Ennis que me parece un punto de entrada magnífico.
Las bibliotecas de Panini ya sabemos cómo son: rústica, papel offset, 17 x 26 cm y precio variable; este volumen en concreto son 16€.
¿Todavía no has leído nada de Hellblazer? Empieza por aquí.



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