En febrero de 1974, Marvel soltó a un tipo nuevo en el vecindario en The Amazing Spider-Man #129: Frank Castle, El Castigador. Su misión era sencilla: el Chacal le había contratado para acabar con Spider-Man. Lo que nadie sabía todavía era que aquel supuesto asesino a sueldo acabaría convirtiéndose en uno de los personajes más reconocibles de Marvel.
El equipo creativo era el formado por Gerry Conway al guion y Ross Andru al dibujo, con Frank Giacoia y Dave Hunt a las tintas. John Romita Sr., entonces director artístico de Marvel, tuvo además un papel decisivo en el diseño visual del personaje: Conway había ideado la base del traje y Romita convirtió aquella pequeña calavera en el enorme emblema que conocemos hoy.
Pero aunque Frank Castle existía desde 1974, fue la miniserie Círculo de sangre, de Steven Grant y Mike Zeck, publicada en 1986, la que demostró que podía sostener una historia en solitario. El siguiente paso fue inevitable: una serie regular.
Panini recupera ahora ese momento en el Marvel Limited Edition. El Castigador 1, un tochamen muy rico de 512 páginas que recopila The Punisher vol. 2 #1-18, su primer Annual y Daredevil #257.
Si eres culpable, estás muerto.
Portada de este primer volumen.
Mike Baron entiende desde el primer momento que El Castigador no necesita convertirse en un superhéroe tradicional.
Frank Castle no tiene poderes, ni identidad secreta ni pretende salvar el mundo. Es un veterano de Vietnam cuya familia fue asesinada en un tiroteo entre dos bandas rivales que ha decidido que el crimen merece una respuesta que las instituciones no pueden proporcionar. Se convierte así en juez, jurado y verdugo. Baron construye las historias alrededor de esa premisa y lleva a Castle a enfrentarse con narcotraficantes, asesinos, organizaciones criminales, fanáticos religiosos, mercenarios y todo tipo de psicópatas con una violencia ¿proporcional? aunque hay quien diría que bastante desproporcionada.
El contexto importa y mucho: estos cómics son hijos de finales de los 80, y se nota (tela) en casi cada página: drogas, terrorismo, violencia urbana, corrupción, veteranos de guerra, guerrillas latinoamericanas, sectas y justicieros. La colección comparte ADN con el cine de acción de la época desde Rambo hasta Charles Bronson pasando por Chuck Norris o Steven Seagal. Si me preguntáis: gloria bendita.
Ahí está er tío, paseándose por Nueva York con un bazoka.
Pero Baron no se limita a convertir a Castle en una máquina de matar.
Frank es un tipo práctico y funcional. No pierde el tiempo lamentándose por su tragedia personal. La muerte de su familia está ahí como una especie de mantra que explica su conducta, pero Castle mira permanentemente hacia delante. Ha elegido su camino y no piensa abandonarlo.
Eso hace que la serie funcione como un tiro (pun intended).
Y es que el mayor atractivo de estos primeros números es precisamente el guion de Baron.
Seco, directo y muy poco interesada en la introspección. Las historias avanzan mediante infiltraciones, persecuciones, interrogatorios, tiroteos y asesinatos. Baron tiene además una especial habilidad para crear situaciones que parecen diseñadas para terminar inevitablemente con Frank sacando un arma.
Castle investiga, se infiltra, descubre quién está detrás de todo y finalmente llega la inevitable explosión de violencia y la ensalada de tiros. ¿El problema? Que tras varios números, la fórmula está ya más que vista.
La primera aparición de El Castigador, homenajeada en la última película de Spiderman.
Visualmente, los primeros números tienen un enorme atractivo gracias a Klaus Janson (sé que me lo vais a discutir pero es que me gusta Janson a pesar de que se saltara las clases de anatomía).
Janson dibuja los primeros cinco números y su aproximación no podría ser más adecuada para el personaje. Frente al espectacular (y limpito) Mike Zeck de Círculo de sangre, Janson ofrece un Castigador más sucio, más cansado y nada heroico.
Hay muchas masas de negro, rostros desagradables, cuerpos castigados y una violencia nada gloriosa.
Es importante porque Castle no aparece como el típico héroe musculoso de Marvel (aunque está tela de fuerte). Es una figura casi espectral: abrigo, calavera, armas y una expresión que transmite que lleva muchísimo tiempo haciendo exactamente lo mismo.
El resultado recuerda totalmente al trabajo de Janson como entintador de Frank Miller, de hecho, nos hace preguntarnos cuánto hay de Miller y cuánto de Janson en el DK por ejemplo, pero aquí su dibujo tiene personalidad propia.
Frank se zurra con Daredevil.
A partir del número 8 entra Whilce Portacio , acompañado por distintos entintadores pero sobre todo por Scott "un millón de rayitas" Williams y el cambio es evidente.
Portacio acerca la serie al lenguaje gráfico de finales de los ochenta: cuerpos más atléticos, acción más espectacular, composiciones más dinámicas y una estética que anticipa lo que dominará buena parte del cómic pijamero estadounidense de los años noventa. Recordemos que Portacio fue uno de los fundadores de Image en el 92.
Y es que El Castigador se está empezando a convertir en una estrella de Marvel a pesar de todo: en noviembre del 88 comienza a protagonizar una segunda colección tras poco más de 10 - 12 entregas de la primera: The Punisher: War Journal, con un equipo creativo de lujo formado por Carl potts y nada menos que un emergente Jim Lee y que lo llevaría a enfrentarse con el mismísimo Lobezno en los primeros números. Había nacido una estrella.
Curiosamente, a mí me siguen encantando los cinco primeros números con Janson, creo que establece el tono de la serie, de lo que debería ser el personaje, además crean a Microchip, el tío de la silla de Frank, ya no juega solo, ahora tiene una apoyo y lo cierto es que junto con esos cinco primeros números y el crossover con Daredevil (Romita Jr se sale) y la aparición de Kingpin es de lo más interesante del tomo.
El bueno de Frank haciendo lo que mejor sabe.
Y os preguntaréis: ¿esto ha envejecido bien?, pues sí y no. Ha envejecido tan bien que se puede leer perfectamente como lo que es: un tebeo de los 80, con todo lo que ello conlleva. Es como pegarte una maratón de cine de acción ochentero: te lo gozas. Pero es que además, los guiones de Baron son ágiles, la atmósfera está muy conseguida, el dibujo de Janson: glorioso, la creación de Microchip, meter a Daredevil y a Kingpin para que El Castigador pase a formar parte del grupo de vigilantes y sobre todo: la transformación progresiva de Castle en un personaje independiente dentro de Marvel.
Por otro lado, la fórmula se repite a veces en exceso (de ahí que la creación de Microchip dé mucho juego), violencia gratuita a tope, los estereotipos... En definitiva: un cómic de acción de finales de los 80 con sus pros y sus contras.
¿Es lo mejor que te puedes leer de El Castigador? No, pero desde luego es fundamental para comprender el personaje y por supuesto es una autentica gozadera ochenteril.
En definitiva Baron recoge al personaje tras de Círculo de sangre y lo introduce definitivamente en el territorio del thriller y el cine de acción. Klaus Janson aporta al comienzo una estética sucia y contundente y Whilce Portacio conduce la serie hacia la espectacularidad que dominará la Marvel de los noventa. Baron estaba construyendo la mitología que acompañaría a Castle durante décadas.
Excesivo, violento, muy de su época y a ratos repetitivo, pero tremendamente entretenido y fundamental para entender cómo El Castigador pasó de ser un secundario a convertirse en una de las grandes máquinas de acción (y de matar) de Marvel.
Mención especial merece la primera película del personaje aparecida en 1989, así de fuerte entró El Castigador. Protagonizada por Dolph Lundgren, esta bizarrada de serie B apareció directamente en vídeo. Lo más destacado fue la ausencia de la característica calavera en el pechamen del personaje.
El volumen son 512 páginas de papel poroso de calité en tapa dura con un precio de 54,95€.
Yo me he comprado y no me arrepiento ni un poquito (también tengo que decir que me compré las grapas cuando se publicaron pro primera vez en nuestro país y hay un componente nostágico en esta compra. ¿Problema?: el de siempre, al ser un volumen de edición limitada se agotó a los pocos días y comenzó la especulación.






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