Publicado originalmente entre 1985 y 1986 como una maxiserie de doce números, Escuadrón Supremo parte de una premisa que a estas alturas ya nos resulta bastante familiar: ¿qué ocurriría si un grupo de superhéroes decidiera que, en lugar de limitarse a salvar el mundo de vez en cuando, lo gobernara para solucionar de una vez por todas sus problemas? La gracia es que, cuando Mark Gruenwald escribió esta historia, la pregunta estaba muy lejos de ser tan habitual como lo sería años después. Todavía faltaban diez años para el Kingdom Come de Waid y Ross y quince para que Warren Ellis escribiera The Authority, y Marvel planteaba aquí una de sus primeras grandes historias críticas en torno al concepto de superhéroe y a los límites de su poder.
Este septiembre, Panini recupera el clásico de Gruenwald en el primero de los dos Marvel Limited Edition TPB que reunirán de nuevo la serie completa en la que supone su cuarta edición en nuestro país.
Me encanta esta portada que rescata la del primer número de la maxi original.
Me es imposible ser objetivo en esta reseña, todavía conservo las grapas de Forum y ni que decir tiene que me pillé el Limited edition cuando salió, así que, sí: me encanta este cómic y una cosa quiero dejar clara: ha envejecido pero que muy, muy bien y eso es sí que es objetivo.
Pero El Escuadrón Supremo no nació con esta historia, sus raíces están en el Escuadrón Siniestro (aventura que podéis leer en la última Biblioteca Marvel de Los vengadores publicada por Panini) un grupo creado como una especie de versión malvada de la Liga de la Justicia. Posteriormente, Roy Thomas y mi adorado John Buscema introdujeron al Escuadrón Supremo en The Avengers 85-86 a principios de los 70. La particularidad es que estos personajes proceden de una realidad alternativa, la Tierra-712, lo que permitió a Gruenwald hacer prácticamente lo que quisiera con ellos. Spoiler: le salió un historión.
El caso es que El Escuadrón Supremo no deja de ser una Liga de la Justicia: Hiperión es básicamente el equivalente a Superman; Halcón nocturno hace las veces de Batman; Princesa Poder recuerda inevitablemente a Wonder Woman; Zumbador (jeje) es el velocista del grupo y Doctor Espectro vendría a ocupar el puesto de Linterna Verde. También encontramos equivalentes de Aquaman, Green Arrow, Atom o Firestorm entre los demás miembros.
Tras acabar con la penúltima amenaza villanesca, el Escuadrón Supremo (cuyo miembro, Halcón Nocturno, es el presidente de los EEUU) decide que quizá la mejor manera de proteger a la humanidad sea tomar el control de la sociedad y solucionar sus problemas desde arriba. Guerra, hambre, delincuencia, pobreza, enfermedades... si ellos tienen el poder necesario para acabar con todo eso, ¿por qué deberían limitarse a combatir a los malos?
Y nace así el Proyecto Utopía, ideado por Tom Thumb, el científico del grupo.
Sobre el papel suena fantástico. Los superhéroes tienen poderes, recursos y conocimientos que ningún gobierno de La Tierra puede igualar. Pueden detener guerras, producir alimentos, combatir enfermedades y acabar con buena parte de los problemas que afectan a la humanidad. El problema es que, para conseguir esa utopía, tienen que empezar a tomar decisiones que afectan a miles de millones de personas sin preguntarles demasiado.
Y no tardan en llegar las tensiones dentro del grupo: Halcón nocturno dimite como miembro del grupo al no estar de acuerdo con la decisión de seguir adelante con el Proyecto Utopía, un proyecto que incluye, entre otras cosas, un programa de modificación conductual.
A partir de aquí, se suceden las tragedias: Nuke mata a sus padres de manera involuntaria, Arquero Dorado usará el modificador de conducta para sus propios intereses, Tom Thumb hará un terrible descubrimiento sobre sí mismo y el propio Halcón Nocturno recurrirá a los antiguos enemigos del Escuadrón para luchar contra sus propios amigos.
Parte del Proyecto utopía consistía en revelar sus identidades secretas al público.
Mark Gruenwald es el hombre detrás de este proyecto. Currante incansable de la Marvel de los 80, todos lo conocemos por su celebrada etapa en Capitán América o por la miniserie de Ojo de Halcón, pero creo que su trabajo más recordado y, probablemente, su gran obra, va a ser Escuadrón Supremo. Una historia en la que Gruenwald se permitió experimentar con el género superheroico y llevar a sus personajes a terrenos bastante más oscuros y adultos de lo que era habitual en aquella época.
En el apartado gráfico, la serie cuenta principalmente con Bob Hall y Paul Ryan. No estamos hablando de dos superestrellas del cómic, pero ambos cumplen más que de sobra y consiguen que la historia funcione visualmente. Y, además, tenemos el enorme lujo de disfrutar de mi querido John Buscema dibujando el número 7. Solo por eso ya merece la pena detenerse un poco en ese número...
Escuadrón Supremo es, sin ninguna duda, una serie adelantada a su tiempo. Publicada en 1985, antes incluso de que Watchmen comenzara a publicarse, se atrevió a deconstruir el género superheroico y a plantear algunas de las preguntas que posteriormente se convertirían en habituales dentro del cómic de superhéroes: ¿qué ocurriría si los héroes realmente intentaran solucionar los problemas del mundo? ¿Hasta dónde deberían llegar? ¿Quién decide qué es lo correcto? ¿Y qué pasa cuando las buenas intenciones terminan convirtiéndose en imposición?
Y ahí está precisamente la grandeza de la serie. Escuadrón Supremo no presenta respuestas fáciles. Es una historia cargada de contradicciones, dilemas morales, drama y tragedia, en la que resulta muy difícil señalar con el dedo y decir quién tiene razón y quién se equivoca. Sus personajes intentan construir un mundo mejor, pero cada decisión que toman tiene consecuencias y, poco a poco, aquello que comienza como un proyecto utópico empieza a adquirir tintes bastante más inquietantes.
Quizá hoy algunas de sus ideas nos resulten familiares, porque hemos visto planteamientos similares en infinidad de ocasiones, pero hay que recordar cuándo se publicó esta historia. Gruenwald estaba jugando con conceptos que todavía no se habían convertido en lugares comunes del género. Y eso hace que Escuadrón Supremo siga teniendo un valor único y especial cuatro décadas después.
Como dije al principio de la reseña, no soy objetivo con Escuadrón Supremo. Es una serie que he releído muchas veces y a la que le tengo un cariño enorme. Puede que hoy algunas de sus ideas ya no sorprendan como lo hicieron en su momento, pero pocas historias pueden presumir de haber planteado tan pronto y de una manera tan contundente una pregunta que se convertiría en una de las grandes cuestiones del cómic superheroico y que Watchmen pondría en el candelero: ¿quién vigila a los vigilantes?
Panini nos trae la Maxi completa en dos volúmenes en tapa blanda de edición limitada, 200 páginas y un precio de 20€.
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