Saldamos por fin en este blog la deuda que teníamos con Marjane Satrapi, recientemente fallecida, y su obra magna: Persépolis.
Persépolis es una de esas obras que supera las fronteras del cómic: es autobiografía, novela de formación y testimonio histórico-político. Publicada originalmente en francés entre 2000 y 2003 por L'Association, narra la infancia, adolescencia y primera juventud de la autora en Irán y, posteriormente, su experiencia como exiliada en Europa. El título alude a Persépolis, la antigua capital del Imperio persa, y ya desde el nombre, Satrapi establece una oposición fundamental entre la enorme profundidad histórica de Irán y la imagen quizá demasiado simplificada que muchas veces tenemos del país desde Occidente, algo a lo que se hace alusión durante el cómic.
Algo que me encanta de Persépolis es que la gran Historia (sí, con mayúscula) nunca aparece separada de la pequeña historia de una niña. La Revolución Islámica, la caída del Sha, la guerra Irán-Irak, la represión política, la imposición del velo o el exilio no se presentan únicamente como acontecimientos históricos, sino como experiencias que transforman la vida cotidiana de una familia y, sobre todo, de una niña (y posteriormente de una adolescente) que intenta comprender un mundo cada vez más contradictorio y extraño. Por eso la obra puede leerse simultáneamente como un relato político y como una historia de crecimiento personal.
Portada de la edición de Reservoir Books
Satrapi nació en Rasht, Irán, en 1969, en el seno de una familia acomodada y progresista. Sus padres eran de izquierdas y estaban relativamente occidentalizados. Estudió en Irán y posteriormente, sus padres la enviaron a Viena durante su adolescencia, debido fundamentalmente a la situación política del país. Más tarde, regresó a Irán, estudió Bellas Artes en Teherán y finalmente se trasladó a Francia en 1994. Allí entró en contacto con el ambiente de la historieta francesa y autores relacionados con L'Association, editorial fundamental para el desarrollo del cómic de autor en Francia.
Este breve recorrido biográfico nos va a dar las claves para entender Persépolis, porque la obra nace, en parte, de la distancia. Satrapi escribe desde Francia sobre un país que ha abandonado, pero al que emocionalmente continúa perteneciendo. No es una observadora extranjera que intenta explicar Irán a los europeos: es una iraní que reconstruye su propia experiencia y, al hacerlo, intenta explicar también quién es ella.
Esa posición intermedia: iraní y europea, oriental y occidental, niña y adulta, creyente y crítica de la religión institucionalizada, es uno de los elementos que hacen que la obra resulte tan rica y compleja. En ese sentido, me recuerda mucho a mi admirado Amín Maalouf: escritor libanés, árabe, cristiano, de educación católica francesa que acabó exiliado en Francia al igual que Satrapi. Ambos tocan en sus obras temas como la identidad, su vida entre oriente y occidente, el exilio, la memoria o la crítica a los fanatismos. Su ensayo Identidades asesinas es una de las obras que más recomiendo de este autor.
A pesar de todo, Persépolis no está exenta de humor.
Si no tenéis ni idea de historia moderna de Irán, ahí van unos datos para que os situéis:
la revolución de 1.979 no estaba destinad a establecer un régimen religioso ni mucho menos, el objetivo era derrocar al Sha (puesto en el poder por las potencias occidentales, cómo no) e instaurar una república socialista. Fue una revolución enormemente heterogénea en la que confluyeron islamistas, liberales, nacionalistas y diferentes corrientes de izquierda unidos inicialmente por su oposición al Sha. Sin embargo, la facción encabezada por el ayatolá Ruhollah Jomeini terminó imponiéndose y, tras la revolución, fue eliminando progresivamente a sus antiguos aliados hasta consolidar la República Islámica y acabó convirtiéndose en un régimen más represivo que el del propio Sha.
Tras esto, llega la guerra Irán-Irak. El objetivo de la Revolución Islámica era expandirse pero Sadam Husein aprovechó la inestabilidad del nuevo régimen y comenzó una guerra contra Irak, con el apoyo de los EEUU, por supuesto, que se prolongó durante ocho años. La guerra dejó al país en ruinas y con cientos de miles de víctimas, además, consolidó el poder de los ayatolas y contribuyó a la militarización de la sociedad y la fanatización de la misma.
Satrapi vivió todo este proceso durante su infancia y adolescencia, su propia experiencia vital discurre paralela a la historia de su país, nos cuenta en primera persona y desde los ojos de una niña cómo vivió aquello. Tremendo aunque no falto de humor, ingrediente absolutamente necesario como ya veréis al leer su obra.
Marjane escucha conversaciones políticas de los adultos, observa fotografías de presos y revolucionarios, conoce historias familiares y trata de darle sentido a su mundo a partir de todo ello. Estamos aprendiendo sobre la historia de Irán a la vez que ella.
La abuela: referente moral en la obra y símbolo de memoria y dignidad.
Es evidente que Persépolis es una obra autobiográfica, pero Marjane escribe desde la distancia del tiempo lo que ella vivió como niña, lo que añade una capa de profundidad muy importante en la obra. No se idealiza e incluso usa su propio "personaje" para mostrar sus propias contradicciones y su crisis de identidad (su época en Viena es un buen ejemplo de ello) y por ello es una gran obra de formación.
Además de ser una obra autobiográfica, Persépolis es una obra muy política. Satrapi critica claramente la República Islámica y su represión, pero también cuestiona la dictadura del Sha, determinadas actitudes de los revolucionarios, el fanatismo político y la idealización occidental de la libertad. Reparte estopa para todo el mundo siendo su crítica principal al fanatismo: ya sea dogmático, religióso o político.
Formalmente, Satrapi utiliza el blanco y negro y trazos sencillos para para contar sucesos terribles y el humor para sobrellevar todo lo que ocurre a su alrededor.
¿Qué pasa con el individuo cuando una ideología intenta determinar completamente su identidad?
Satrapi no plantea la libertad únicamente como libertad política. También como derecho a ser contradictoria, a equivocarse, a escuchar música, enamorarse, vestirse como quiera, beber, rebelarse, sentirse iraní y sentirse europea al mismo tiempo. Esa es la clave de Persépolis.
La adaptación cinematográfica de Persépolis, se estrenó en 2007 y fue dirigida por la propia Marjane Satrapi junto a Vincent Paronnaud. La decisión de que la autora participara directamente en la dirección resulta especialmente importante para evitar que la adaptación perdiera la perspectiva personal del cómic. La película mantiene el característico blanco y negro de la obra y adapta buena parte de sus recursos gráficos al lenguaje de la animación.
Recibió el Premio del Jurado, compartido, en el Festival de Cannes de 2007 y posteriormente obtuvo varios premios César, entre ellos el de Mejor Adaptación y el de Mejor Primera Película. También fue nominada al Óscar a Mejor Película de Animación.
Si tuviera que situar Persépolis dentro de un conjunto de obras, la pondría junto a Maus, Fun Home, Palestina o Crónicas de Jerusalén, todas ellas con componente biográfico o político.
No creo que pueda decir algo de Persépolis que no se haya dicho ya: creo que es una obra excepcional, con muchas capas de lectura y que tocando temas como la política, la religión, el fanatismo, el dolor o el crecimiento como personal, lo hace de una manera muy equilibrada, humana, personal, con humor y con un acercamiento gráfico sencillo pero enormemente expresivo. Persépolis es, sin duda, una de las obras fundamentales del cómic contemporáneo.
Desde Reservoir Books nos llegó el pasado junio una edición especial en estuche para conmemorar el 25 aniversario de la obra. Persépolis se ha publicado habitualmente en España como volumen integral. Esta nueva edición recupera el formato original en cuatro tomos. Me parece una solución preciosa para una obra que, en cierto modo, funciona como un diario por entregas: cada volumen acompaña una etapa distinta de la vida de Marjane.
Son cuatro libros dentro de un estuche, cuesta 29,90 € y, sinceramente, es una auténtica chulada. Una buena manera de acercarse por primera vez a Persépolis y, para quienes ya la tenemos, una auténtica tentación para volver a tenerla en la estantería.
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