Midnight Nation es una miniserie de doce números publicada originalmente entre 2000 y 2002 bajo el sello Joe's Comics de Top Cow, con guion de J. Michael Straczynski y dibujo de Gary Frank. En España ya tuvo una edición integral de Norma y Planeta la publicó en grapa anteriormente pero desde Moztros recuperan ahora la obra casi dos décadas después, presentándola de nuevo en un único volumen y añadiendo material extra.
Portada de la nueva edición de Moztros.
La obra mezcla thriller policial, terror sobrenatural, fantasía urbana, road movie y reflexión existencial con un poquito (o un muchito) de religión. Y lo interesante es que, aunque sobre el papel parece una historia bastante convencional de “policía se enfrenta a fuerzas sobrenaturales”, acaba siendo sobre todo una historia acerca de la soledad, la exclusión, la culpa y la posibilidad de recuperar aquello que hemos perdido, con un trasfondo religioso que se dejará ver durante el último cuarto de la obra pero que, una vez leída, transpira durante toda la historia.
La historia comienza con David Grey, teniente de homicidios de Los Ángeles. Grey es, en apariencia, el típico protagonista competente del thriller policial: inteligente, experimentado, relativamente cínico, divorciado por dedicarle más tiempo al trabajo que a su pareja (un clásico del género) y acostumbrado a enfrentarse a lo peor de la naturaleza humana. Mientras investiga un asesinato particularmente extraño, su investigación lo conduce hasta algo que no encaja en ninguna explicación racional: aparecen unas criaturas misteriosas y tras un enfrentamiento con ellas, Grey descubre que ha cruzado literalmente una frontera entre nuestro mundo y otro y no solo eso: le han robado el alma.
A partir de ese momento descubre que existe una realidad paralela que coexiste con la nuestra. Es un lugar habitado por personas que han quedado literalmente al margen de la sociedad: los olvidados, los abandonados, los marginados, aquellos a quienes nadie mira y que, poco a poco, dejan de formar parte del mundo visible. Allí existen también unas criaturas que acechan a quienes permanecen demasiado tiempo en ese mundo y que representan una amenaza mucho más profunda que la de un simple monstruo. Grey ha caído en ese territorio y tendrá que emprender un viaje a través de ese "otro" Estados Unidos si quiere regresar.
En su periplo, estará acompañado por Laurel, una joven misteriosa que conoce las reglas de ese mundo. Ella puede ser su salvadora, pero también su verdugo: si Grey sucumbe y se convierte en una de las criaturas que pueblan ese lugar, Laurel tiene la obligación de matarlo. La propia premisa ya contiene una de las mejores ideas del cómic: el protagonista está intentando salvar su alma mientras viaja por un mundo poblado por personas que, en cierto sentido, ya han perdido de la suya.
Su particular Odisea será un viaje físico pero también un viaje interior que enfrentará a nuestro protagonista con multitud de preguntas sobre sí mismo y su propia existencia a la vez que irá conociendo la Nación de Medianoche: una enorme metáfora de los excluidos por la sociedad.
Aquí da comienzo la historia.
David Grey funciona inicialmente como una especie de protagonista de novela negra sobrenatural y quizá por eso resulta tan eficaz introducirlo en un universo donde sus conocimientos profesionales dejan de servirle.
Acostumbrado a controlar las situaciones, se encuentra de pronto en un lugar cuyas reglas desconoce. Nadie puede verlo. Nadie sabe dónde está. Las personas de su vida normal empiezan a quedar fuera de su alcance. Y, paradójicamente, el policía cuya profesión consiste en mirar, investigar y encontrar aquello que otros quieren ocultar se convierte en alguien que ya no puede ser visto.
Ese contraste es fundamental. Grey no está únicamente intentando volver a casa: está experimentando desde dentro la sensación de ser invisible.
Además, el personaje va cambiando conforme avanza el viaje. La investigación inicial deja paso progresivamente a una introspección mucho más personal y empezamos a comprender que Grey tiene sus propias cicatrices, y una vida emocional que no estaba tan resuelta como él creía.
Si David representa al hombre que descubre que el mundo no funciona como pensaba, Laurel representa a alguien que ya conoce las reglas de ese mundo. Es misteriosa, dura, competente y, en determinados momentos, tremendamente vulnerable. El reflejo de Grey en ese otro mundo.
Laurel conoce el destino que espera a quienes se quedan demasiado tiempo entre los mundos y sabe que determinadas decisiones pueden tener consecuencias irreversibles.
Su relación con Grey constituye buena parte del componente emocional del cómic. No estamos ante una historia romántica, sino ante una relación construida alrededor de la confianza, la dependencia y el miedo a perder al otro.
Nuestro protagonistas.
Ya conocemos a Straczynski como guionista, cuando comienza Midnight Nation venía de escribir Babylon 5 y Rising Stars, su primer gran pelotazo comiquero. En Midnight Nation, como él mismo explica, estaba en un momento complicado de su vida personal y esa situación se refleja y mucho en el cómic: la desesperanza, el estar perdido, el componente filosófico y el religioso están ahí en cada página. Hay mucho del autor en esta obra.
Uno de los principales méritos de este cómic es su evolución a lo largo de los 12 números que componen la maxiserie: del thriller al terror, a la fantasía y al drama existencial y religioso.
Pero si hay que ponerle alguna pega es también eso: el exceso de ambición y el componente discursivo de carácter religioso hacia final de la obra, es algo con lo que no he conectado del todo.
El dibujo de Gary Frank ha envejecido de una manera curiosa: sigue siendo sólido y tremendamente expresivo, pero el entintado, el color y, sobre todo, el diseño de los personajes delatan inmediatamente que estamos ante un cómic de principios de los 2000. Si hablamos de diseños de personajes, ese tanga por fuera del vaquero a la cintura de Laurel está gritando dos mil muy fuerte.
Por lo demás: un estilo sobrio y eficaz. Perfecto para esta obra.
No creo que Midnight Nation sea la obra maestra que algunos lectores reivindican, pero sí creo que es una de esas grandes obras imperfectas que merecen la pena conservar. Tiene excesos, un discurso religioso con el que no siempre he conectado y un final que no terminó de convencerme (y que dividió al público) pero también tiene personalidad, ambición (para bien y para mal) y una capacidad bastante poco habitual para convertir una historia de monstruos en una reflexión sobre la soledad y la necesidad de seguir adelante. Además, seguramente sea la obra más personal del autor así que, sí, una de las lecturas obligadas de este verano.
Además tiene ecos de Hellblazer, de Sandman, de La carretera o de The Leftovers y son cuatro obras de diferentes medios que me gustan mucho.
La edición de Moztros está anunciada para este jueves 27 de agosto de 2026 y reúne toda la serie original: los números 1-12 y el especial 1/2, en un único volumen de 352 páginas a color. Será en cartoné de 17 × 26 cm, con portada con efecto metalizado, y a un precio de 35 €. Además, incorpora material adicional inédito hasta ahora.



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