Portada del volumen de Laramie.
Lo primero que sorprende al leer Látigo es comprobar lo moderna que sigue resultando la narración (recordemos que es un cómic de finales de los 70/principios de los 80): tiene una fluidez que hace olvidar rápidamente que fue concebida para una publicación diaria. Cada tira funciona como una unidad, pero la continuidad está tan bien construida que la lectura del conjunto resulta muy natural.
La primera aventura, la de su origen, funciona casi como una novela de aprendizaje (a través de la tragedia personal, ni que decir tiene) El protagonista no nace convertido en leyenda, debe ganarse ese lugar. Comete errores, aprende, madura y descubre que en el Oeste, la justicia no suele coincidir con la ley, algo que resulta atractivo porque evita convertirlo en un héroe invulnerable a pesar de su papel de héroe. Más que un pistolero extraordinario, Látigo es un hombre obligado constantemente a elegir entre distintas formas de hacer lo correcto en un entorno y una situación hostiles. Es esa humanidad la que mantiene vigente la obra décadas después de su publicación.
La segunda aventura es un claro ejemplo de lo que comentaba más arriba: nuestro héroe dará con sus huesos en el calabozo para después ser elevado a los altares de la ley en un pueblo repleto de las clásicas referencias al oeste más clásico. Una gozada para quienes nos gusta el western clásico.
Clasicismo gráfico.
Stan Lynde vivió el oeste. Nació en Montana en 1931, no mucho después de que el territorio recibiese la denominación de estado. Por aquella época las tribus de nativos americanos ya había sido "pacificadas" pero el salvaje territorio de Montana todavía se regía por las leyes del Oeste y Lynde creció entre ranchos, cowboys y reservas indias. Esa experiencia impregnó toda su obra y quizá explica por qué sus historias (novelas y cómics) tienen una naturalidad muy distinta a la de otros autores.
Con Látigo desarrolló un personaje diferente, más aventurero y algo más cercano al héroe clásico, aunque manteniendo siempre ese respeto por la realidad histórica del Oeste americano.
Quizá su mayor virtud como narrador es la economía narrativa. No desperdicia una sola viñeta: cada diálogo aporta información, cada plano hace avanzar la historia y, sobre todo, nunca pierde de vista que el verdadero protagonista del western no es el revólver, sino el conflicto moral.
Gráficamente, Lynde es más elegante y austero que espectacular. El dibujo está al servicio de la historia con un trazo limpio y claro, además, el primer relato incluido en esta edición cuenta con el entintado del legendario Russ Heath, que aporta todavía más solidez y riqueza visual a unas páginas ya excelentes.
Stan Lynde.
Por último, y como he comentado en reseñas anteriores, hay que reconocer el mérito de Laramie Ediciones. Su catálogo se ha convertido en una auténtica reivindicación del western como patrimonio del noveno arte. Frente a la dictadura las novedades, la editorial está recuperando autores y series prácticamente inéditos en España o descatalogados desde hace décadas con ediciones cuidadas y respetuosas con el material original. La publicación de Látigo es un claro ejemplo de ello.
La edición de Laramie nos llega en tapa dura con un tamaño de 17 x 24 cm en formato tiras de prensa. 104 páginas en papel offset de calité, blanco y negro y un precio de 19,80€.





























