Guy Delisle tiene la costumbre de acompañar a su mujer, trabajadora de Médicos Sin Fronteras, a algunos de los lugares más complicados del planeta y acabar convirtiendo la experiencia en un cómic. En Crónicas de Jerusalén, Delisle nos muestra cómo se vive dentro de un conflicto. Y para entender lo que hace Delisle conviene situarlo dentro de una tradición que va algo más allá del cómic.
En literatura, fotografía, cine o periodismo existe toda una corriente de obras que se acercan a territorios en conflicto desde la experiencia cotidiana, alejándose tanto del reportaje puramente informativo como del gran relato político (que es la fin y al cabo lo que nos acaban sirviendo las noticias). En el mundo del cómic, uno de los nombres inevitables es mi admirado Joe Sacco, especialmente con Palestina o Notas al pie de Gaza, Sacco se mete de lleno en la investigación periodística y reconstruye testimonios y acontecimientos históricos desde dentro.
Delisle juega a otro deporte: no pretende hacer periodismo de investigación, sino contar qué significa pasar un año viviendo allí, con sus hijos, mientras su pareja trabaja. Esa diferencia resulta fundamental porque Crónicas de Jerusalén no es exactamente un cómic sobre el conflicto palestino-israelí, es un cómic sobre estar en Jerusalén cuando el conflicto es lo cotidiano.




