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jueves, 19 de marzo de 2026

La barca de los cinco colores, reseña por Jose

En 2014, La barca de los cinco colores fue galardonada con el Gran Premio del Japan Media Arts Festival y, al año siguiente, obtuvo una nominación al prestigioso Premio Osamu Tezuka. Este mes de marzo, la editorial Gallo Nero nos trae esta magnífica adaptación al manga, en la que la mangaka Yoko Kondō traslada a viñetas el relato original de Yasumi Tsuhara con gran sensibilidad y alguna que otra aportación personal que, en palabras del propio Tsuhara: "me dejó boquiabierto".

Portada del manga.

Al terminar de leer este seinen, lo primero que me pregunté fue si Yasumi, autor del relato original y natural de Hiroshima, sería admirador de Philip K. Dick. Tras indagar un poco más en su biografía y su obra, ya no me queda ninguna duda. Fallecido en 2022, fue un escritor versátil que tocó múltiples géneros aunque destacó especialmente por sus relatos de ciencia ficción, horror y misterio. Entre sus obras más reconocidas se encuentra esta La barca de los cinco colores (Goshiki no fune), que obtuvo el gran premio en la categoría de relatos en los All-time Best Science Fiction de 2014.

La historia sigue a cinco marginados, personas con deformidades físicas, que sobreviven formando una troupe ambulante de “fenómenos”. Viven juntos en una barca, como una familia improvisada y disfuncional, recorriendo un Japón inmerso en la Segunda Guerra Mundial y sacando lo justo para sobrevivir mientras buscan al kudan, una criatura mítica capaz de profetizar el futuro.

Debo decir que  aunque parte de una premisa dura, personas autoexplotadas como espectáculo, la obra evita caer en el morbo y pone el foco en la dignidad, la ternura y la conexión emocional entre los protagonistas a pesar de la dureza en algunas de sus páginas. Cada uno carga con una historia trágica, pero la narrativa los muestra como individuos complejos y autónomos, no como víctimas.

Kazuo, el chico sin brazos.

La obra entrelaza realismo histórico con ecos del folclore japonés, como el enigmático kudán, y destellos de un mundo onírico que, curiosamente, y en mi opinión, queda más cercano al realismo mágico sudamericano o a la inquietante ficción de Philip K. Dick que a lo estrictamente "onírico". A través de sus páginas, aborda temas profundos: la exclusión social en Japón, el eterno dilema entre la familia biológica y la elegida, y preguntas universales sobre la inevitabilidad y el sentido de la vida (decididamente, esta reseña se está volviendo más filosófica de lo esperado).

No es un manga pensado para el consumo fácil ni para la ligereza, pero brilla por un desarrollo excepcional, personajes de enorme complejidad y un final que deja huella, de los que se quedan contigo después de cerrar sus páginas.

Otro mundo, otra barca.

Yōko Kondō, responsable de llevar el relato original a viñetas, es una mangaka japonesa nacida en 1957. Comenzó su carrera profesional en 1979 y se hizo conocida por obras inspiradas en la historia y el folclore japonés, así como por sus adaptaciones de clásicos de la literatura nipona. A lo largo de su trayectoria ha recibido numerosos galardones, incluido el reconocimiento por La barca de los cinco colores.

Aunque podría intentar definir su estilo, sería en vano: como ella misma explica, cambió por completo su manera de dibujar para adaptar esta historia, simplificando su trazo y capturando la sensación de fugacidad que atraviesa la obra. Fue la propia Kondō quien propuso al autor llevar su relato al manga, y el resultado dejó impresionados tanto a Tsuhara como a la crítica y al público (entre el que me incluyo). Quiero aprovechar para agradecer a la gente de Gallo Nero por hacer posible que esta obra llegara a las librerías de nuestro país. 
En mi opinión, una de las compras comiqueras obligadas de este mes de marzo.
 
La edición de Gallo Nero es en rústica con solapas, 208 páginas con papel offset de calidad ligeramente amarillento, un tamaño de 15 x 21 cm y un precio de 26€. 

martes, 10 de febrero de 2026

La chica de los cigarrillos, reseña por Jose.

A finales de este enero, Gallo Nero volvía a publicar La chica de los cigarrillos de Masahiko Matsumoto. La chica de los cigarrillos es una colección de relatos breves que funcionan como pequeños retratos íntimos de personas comunes en plena transformación social y cultural del Japón de posguerra. Se trata de un manga gekiga, un estilo de cómic más adulto, serio y realista que el shōnen o el manga más comercial pero con un toque de humor concebido para lectores adultos. Matsumoto fue uno de los pioneros de este movimiento.


Portada del manga.

La ciudad de Tokio (y sus alrededores) sirven de escenario principal: barrios en expansión, calles estrechas, tabernas, tiendas tradicionales y oficinas. En ese entorno se mueven personajes que intentan encajar en una sociedad que cambia rápidamente y bascula entre la tradición y la modernidad.
El tono del manga alterna lo cotidiano con lo dramático: problemas de empleo, relaciones, amor o la presión social sobre el matrimonio; todo ello en relatos que tienden hacia lo humano y lo cercano: un chaval que fantasea con la chica que le vende tabaco en el estanco, una chica que decide abortar a escondidas involucrando a su mejor amigo, un joven parado en busca de trabajo...No hay un protagonista único aunque sí personajes que se repiten.
Las abigarradas callejuelas del Tokio de los 70.

Esta colección de historias tiene un valor añadido: es un documento significativo del auge del gekiga, un movimiento que ayudó a hacer el manga adulto y narrativo en Japón y a través de historias aparentemente sencillas, Matsumoto pinta un retrato social y emocional del Japón de la posguerra con personajes en busca de su identidad y de su encaje en esa sociedad que cambia a cada segundo. Estas historias se alejan de ese Japón del milagro económico pre 
80´s y de sus tradiciones ancestrales, esta recopilación se centra en lo que ocurre entre bambalinas, va a lo micro, a las historias cotidianas y las vidas de quienes protagonizan esos cambios sociales y económicos con un resultado, en mi opinión, de sobresaliente.

El dibujo de Matsumoto tiene un estilo sencillo, expresivo y caricaturesco pero lleno de matices, sus silencios narrativos suelen sugerir más que contar y deja la puerta abierta a la interpretación de lector, cosa que me gusta.

En definitiva: un documento muy interesante del auge de Gekiga y la transformación que sufrió el Japón de posguerra, un clásico del género y un disfrute para quienes gusten del manga con un tono realista, íntimo y adulto.

La edición de Gallo Nero: 272 páginas en papel offset, tapa dura con solapas y un precio de 26€

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