Hoy nos vamos de vuelta al Far West, pero no al de John Wayne. Tras habernos llevado por las vidas de Wild Bill Hickok, Little Big Horn, Jim Bridger y Jesse James, Norma Editorial incorpora ahora uno de los episodios fundamentales, más contados en diferentes medios y quizás más mitificados, de la historia del Oeste americano: el asedio de El Álamo. El álbum, con guion de Mathieu Gabella, dibujo de Paolo Martinello, storyboard de Ronan Toulhoat y color de Martina Pignedoli, cuenta además (y como es costumbre) con el magnífico asesoramiento histórico de Farid Ameur.
Una curiosidad: en nuestro país, Norma la presenta como el quinto álbum de la colección, aunque en Francia, Fort Alamo es el séptimo volumen de la serie original, así que, de momento,vamos a tener la suerte de tener, al menos, un par de entregas más de esta serie.
Portadón de Martinello.
La verdadera historia del Far West no pretende contarnos el Oeste que Hollywood inventó, sino el Oeste que existió, aunque eso implique desmontar unos cuantos mitos. La colección nació en Francia de la colaboración entre Glénat y Fayard con una intención muy clara: recuperar personajes y acontecimientos del Far West desde la tradición del western, pero despojándolos de buena parte de la mitología acumulada alrededor de ellos. El proyecto gira alrededor del historiador Farid Ameur, especialista en Historia de Estados Unidos, y cada álbum incorpora un dosier histórico final que es una auténtica maravilla: Los dosieres de las diferentes entregas incluyen fotografías, mapas, textos y una extensa bibliografía.
La historia que nos cuenta Gabella es la de la batalla de El Álamo, ocurrida durante la Revolución de Texas de 1835-1836 pero detrás de la imagen del fuerte asediado por miles de mexicanos y defendido hasta la última gota de sangre por un puñado de ¿héroes? hay una historia política bastante más complicada.
A comienzos del siglo XIX, Texas formaba parte de México. El gobierno mexicano había favorecido la llegada de colonos extranjeros para poblar y desarrollar un territorio enorme pero poco poblado. Muchos de esos colonos procedían de Estados Unidos y, con el paso del tiempo, fueron adquiriendo un peso demográfico y económico considerable. El problema es que sus intereses (básicamente independencia y esclavos) empezaron a chocar con las políticas del gobierno mexicano, cada vez más centralista, y con cuestiones como la esclavitud, la autonomía territorial y el control político del territorio.
En 1835 estalló la rebelión texana y, en febrero de 1836, las tropas mexicanas dirigidas por Antonio López de Santa Anna llegaron hasta San Antonio de Béxar. Allí se encontraba El Álamo, una antigua misión franciscana medio en ruinas convertida en posición defensiva. En su interior se atrincheraron unos 160 defensores bajo el mando de William Barret Travis y Jim Bowie, a los que se incorporó el ínclito Davy Crockett (con su sombrero de castor, por supuesto) y un grupo de voluntarios.
El asedio duró trece días y terminó el 6 de marzo de 1836 con el asalto definitivo. La guarnición fue derrotada y prácticamente todos los combatientes murieron. Pero la derrota militar acabó transformándose en una enorme victoria propagandística: “Remember the Alamo!” se convirtió en uno de los grandes gritos de movilización de la Revolución de Texas.
Davy Crockett llegando al matadero.
El guion Gabella funciona bien porque entiende que Fort Alamo no necesita convertir la batalla en una secuencia interminable de acción y tiros. Lo importante (en parte) es explicar por qué aquellos hombres estaban allí y qué estaba en juego.
Gabella construye un relato coral alrededor de Travis, Bowie y Crockett, pero también presta atención al contexto político y militar porque creo El Álamo funciona peor cuando se presenta simplemente como buenos (los esforzados texanos) contra malos (mexicanos con bigote). Aquí hay intereses territoriales, tensiones políticas, colonización, esclavitud, ambiciones personales y una guerra por la independencia que todavía no tiene el significado épico que acabaría teniendo en el futuro.
El apartado gráfico corre a cargo de Paolo Martinello, con Ronan Toulhoat encargado del storyboard y Martina Pignedoli en el color. Potentísimo equipo gráfico. Martinello apuesta por unas páginas densas, muy narrativas, con mucha información visual. No busca limpieza o monumentalidad sino un escenario sucio y el color de Pigdenoli encaja como anillo al dedo.
Y finalmente, en mi opinión,uno de los grandes elementos diferenciadores de esta colección: Farid Ameur.
Ameur es doctor en Historia por la Sorbona y especialista en la historia de Estados Unidos. En La verdadera historia del Far West su función va más allá de firmar un texto final: el proyecto se construye alrededor de su asesoramiento histórico.
En Fort Alamo ese dosier histórico ocupa ocho páginas, amplía la información sobre el acontecimiento y se vuelve a colocar la batalla dentro del contexto histórico.
Y es algo que me parece fundamental para una colección como esta. No estamos ante el típico cómic histórico y eso, se agradece.
El Álamo en la actualidad: una atracción turística.
Por supuesto, El Álamo es uno de los episodios del Oeste más contados en la gran pantalla (porque si hay algo que la maquinaria de Hollywood sabe hacer es convertir una derrota en una epopeya nacional y crear un mito): Martyrs of the Alamo (1915), Heroes of the Alamo (1937), La última orden (1955).
Pero si hablamos de las dos versiones fundamentales esas son las de John Wayne y su El Álamo (1960), protagonizada por el mismo John Wayne y Richard Widmark y después saltamos a 2004 con El Álamo, dirigida por John Lee Hancock y protagonizada por Billy Bob Thornton, Jason Patric, y Patrick Wilson.
La edición española de Norma: cartoné, 23,5 × 31 cm, 56 páginas a color (que a mí siempre se me hacen cortas en esta colección) y un precio de 21 euros. Formato y tamaño de álbum europeo clásico, que hace que el dibujo de Martinello luzca.
Después de cinco entregas, La verdadera historia del Far West se está convirtiendo en una colección muy recomendable para cualquiera que disfrute del western y quiera rascar un poco por debajo de la superficie.
Ahora solo falta que Norma siga trayéndonos más.



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