No es que yo sea un experto en la obra de Shintaro Kago, me he leído La formidable invasión mongola, El palacio del infinito y algunas más, suficiente para saber dónde me metía cuando decidí meterle mano a este Día de las cabezas voladoras y desde luego, no me ha defraudado ni un poquito.
La premisa es sencilla. Bueno, sencilla para los estándares de Kago: un buen día, las cabezas humanas empiezan a separarse de sus cuerpos y a desplazarse por ahí (volando, ojo) alegremente. Y cuando digo alegremente, ya sabéis, hablamos de Shintaro Kago así que podéis imaginar que la cosa se va, digamos, complicando.
La obra está dividida originalmente en cuatro entregas en las que, al igual que en GariGari, Kago cuenta la historia exclusivamente mediante imágenes, dejándonos a nosotros poner en pie lo que sucede a partir de las escenas, los movimientos de los personajes y las sucesivas mutaciones (y mutilaciones) de la situación. Pura narrativa gráfica.
Shintaro coge una idea absurda, la trata con absoluta seriedad y comprueba hasta dónde puede estirarla antes de que reviente.
Aquí empezó todo.
Aunque la interpretación de Kago sea completamente personal, la idea no surge de la nada. El propio autor explica en la introducción su interés por las llamadas Flying Heads, criaturas presentes en diferentes tradiciones del sudeste asiático, especialmente en el folclore de Tailandia e Indonesia. La referencia más conocida es probablemente el Krasue, una criatura cuya cabeza se separa del cuerpo y se desplaza durante la noche.
Kago ya había utilizado anteriormente esta figura en ilustraciones y trabajos relacionados y decidió convertirla aquí en el eje de una obra de ciencia ficción y horror. Hollow Press publicó originalmente la serie en cuatro entregas: la primera apareció en abril de 2017 y la cuarta y última en octubre de 2018. Posteriormente fueron recopiladas en un único volumen.
Lo interesante es que Kago no intenta realizar una adaptación fiel de ese folclore. Lo utiliza como semilla visual y conceptual para construir algo mucho más propio: una mezcla de horror corporal, ciencia ficción, absurdo, cierto crítica social y experimentación formal.
Por supuesto que las cabezas voladoras llevan todos los órganos colgando.
Nacido en Tokio en 1969, comenzó a publicar a finales de los años ochenta y se convirtió en uno de los nombres más reconocibles del llamado eroguro, esa tradición japonesa que mezcla lo erótico y lo grotesco, aunque reducir su obra a esa etiqueta sería quedarse bastante corto.
Kago es mucho más que tripas, deformidades y cuerpos haciendo cosas que preferiríamos no imaginar antes de desayunar. Bueno, o sí, yo qué sé.
La edición española cuenta con 152 páginas en blanco y negro, formato de 15 × 21 cm, encuadernación en rústica con sobrecubierta y lectura occidental con un precio de 14,90€.



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