En 2014, La barca de los cinco colores fue galardonada con el Gran Premio del Japan Media Arts Festival y, al año siguiente, obtuvo una nominación al prestigioso Premio Osamu Tezuka. Este mes de marzo, la editorial Gallo Nero nos trae esta magnífica adaptación al manga, en la que la mangaka Yoko Kondō traslada a viñetas el relato original de Yasumi Tsuhara con gran sensibilidad y alguna que otra aportación personal que, en palabras del propio Tsuhara: "me dejó boquiabierto".
Portada del manga.
Al terminar de leer este seinen, lo primero que me pregunté fue si Yasumi, autor del relato original y natural de Hiroshima, sería admirador de Philip K. Dick. Tras indagar un poco más en su biografía y su obra, ya no me queda ninguna duda. Fallecido en 2022, fue un escritor versátil que tocó múltiples géneros aunque destacó especialmente por sus relatos de ciencia ficción, horror y misterio. Entre sus obras más reconocidas se encuentra esta La barca de los cinco colores (Goshiki no fune), que obtuvo el gran premio en la categoría de relatos en los All-time Best Science Fiction de 2014.
La historia sigue a cinco marginados, personas con deformidades físicas, que sobreviven formando una troupe ambulante de “fenómenos”. Viven juntos en una barca, como una familia improvisada y disfuncional, recorriendo un Japón inmerso en la Segunda Guerra Mundial y sacando lo justo para sobrevivir mientras buscan al kudan, una criatura mítica capaz de profetizar el futuro.
Debo decir que aunque parte de una premisa dura, personas autoexplotadas como espectáculo, la obra evita caer en el morbo y pone el foco en la dignidad, la ternura y la conexión emocional entre los protagonistas a pesar de la dureza en algunas de sus páginas. Cada uno carga con una historia trágica, pero la narrativa los muestra como individuos complejos y autónomos, no como víctimas.
Kazuo, el chico sin brazos.
La obra entrelaza realismo histórico con ecos del folclore japonés, como el enigmático kudán, y destellos de un mundo onírico que, curiosamente, y en mi opinión, queda más cercano al realismo mágico sudamericano o a la inquietante ficción de Philip K. Dick que a lo estrictamente "onírico". A través de sus páginas, aborda temas profundos: la exclusión social en Japón, el eterno dilema entre la familia biológica y la elegida, y preguntas universales sobre la inevitabilidad y el sentido de la vida (decididamente, esta reseña se está volviendo más filosófica de lo esperado).
No es un manga pensado para el consumo fácil ni para la ligereza, pero brilla por un desarrollo excepcional, personajes de enorme complejidad y un final que deja huella, de los que se quedan contigo después de cerrar sus páginas.
Otro mundo, otra barca.
Aunque podría intentar definir su estilo, sería en vano: como ella misma explica, cambió por completo su manera de dibujar para adaptar esta historia, simplificando su trazo y capturando la sensación de fugacidad que atraviesa la obra. Fue la propia Kondō quien propuso al autor llevar su relato al manga, y el resultado dejó impresionados tanto a Tsuhara como a la crítica y al público (entre el que me incluyo). Quiero aprovechar para agradecer a la gente de Gallo Nero por hacer posible que esta obra llegara a las librerías de nuestro país.



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