Okinawa fue la última gran batalla de la Segunda Guerra Mundial y una de las más sangrientas.
En el verano de 1945, con el conflicto a punto de llegar a su fin, el ejército estadounidense emprendió la toma de esta pequeña isla del archipiélago japonés en una campaña tan estratégica como brutal. Durante casi tres meses, Okinawa se convirtió en un infierno de fuego cruzado, bombardeos constantes y resistencia desesperada. El balance fue estremecedor: alrededor de 250.000 muertos entre civiles y militares, en su mayoría japoneses. Una cifra que revela no solo la magnitud del enfrentamiento, sino el sufrimiento de una población atrapada entre dos ejércitos.
Ahora, Reservoir Books recupera esa memoria en Okinawa, el viento habla, del mangaka Susumu Higa. A través de una serie de historias cortas basadas en testimonios y hechos reales, Higa pone el foco no en la estrategia militar sino en las cicatrices, visibles e invisibles que la batalla dejó en la población local.
Lejos de la épica bélica, la obra se adentra en el dolor cotidiano, en las decisiones imposibles y en el silencio posterior. Porque si algo demuestra este cómic es que, incluso cuando termina la guerra, el viento sigue hablando y recordando.
Portada del manga.
A lo largo de seis relatos devastadores, Higa nos sumerge en el horror de la Segunda Guerra Mundial en el frente del Pacífico, un escenario donde la épica bélica se diluye para dejar paso a la tragedia humana. Aquí no hay bandos heroicos ni discursos grandilocuentes: la guerra es una vasta escala de grises en la que, inevitablemente, la población civil siempre paga el precio más alto.El maestro Higa no deja títere con cabeza en este compendio (ojo, no confundir con el volumen que publicó Norma el verano pasado). Desfilan ante nosotros soldados norteamericanos que violan y asesinan a mujeres y niñas locales, militares imperiales capaces de ejecutar a sus propios compatriotas o el azote implacable de la malaria, que siega vidas con la misma indiferencia que las balas. La violencia y la muerte no distinguen uniforme ni bandera.
Y, sin embargo, en medio de la barbarie, cada historia guarda un resquicio de humanidad. Un gesto, una mirada, un acto de compasión que resiste al odio. Porque incluso en el infierno, Higa encuentra un rayo de esperanza.
Los horrores de la guerra.
Susumu Higa nació en 1953 en Okinawa y ha dedicado buena parte de su trayectoria a explorar la memoria herida de su tierra natal. Su obra destaca por un enfoque humanista y crítico al abordar la historia reciente de Japón, en especial los episodios vinculados a la Segunda Guerra Mundial y la devastadora Batalla de Okinawa.
Lejos de los relatos épicos o patrióticos, Higa sitúa el foco en la vida cotidiana de la población civil durante el conflicto del Pacífico. Mujeres, niños y ancianos ocupan el centro de unas historias que retratan las consecuencias del militarismo japonés y la posterior ocupación estadounidense desde una perspectiva íntima, dolorosa y honesta. Con un estilo sobrio y depurado, evita el sensacionalismo y apuesta por una narrativa contenida que combina rigor histórico con una mirada compasiva hacia sus personajes.
Debutó profesionalmente a comienzos de los años setenta, vinculado al circuito de revistas alternativas y al manga de autor. Aunque en ocasiones se le ha relacionado con el gekiga por su tono adulto y realista, lo cierto es que su obra posee una identidad propia muy marcada, tanto por su temática como por su sensibilidad. Higa convierte el cómic en una herramienta de memoria histórica: sus páginas están más cerca del testimonio y del compromiso ético que del entretenimiento bélico al uso. En ese sentido, resulta difícil no establecer un paralelismo con Paco Roca, otro autor que ha sabido utilizar la viñeta como vehículo para preservar la memoria colectiva.
En 2003 recibió el Gran Premio del Festival de Artes Mediáticas de Japón por Kajimunugatai, y su obra ha sido nominada a galardones internacionales de gran prestigio como los Premios Eisner y el Fauve d’Or de Angoulême.
La edición de Reservoir se presenta en tapa blanda con sobrecubierta, 320 páginas con un tamaño de 23,2 x 16,3 cm y un precio de 23,90 €.
Estamos a primeros de marzo, pero mucho tendría que torcerse la cosa el año para que este no termine siendo uno de los cómics imprescindibles de este 2026.
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