lunes, 23 de marzo de 2026

Hypericon, reseña por Jose.

Hypericon, de Manuele Fior, entrelaza con elegancia dos historias separadas por casi un siglo: la expedición liderada por Howard Carter que descubre la tumba de Tutankamón a principios del siglo XX, y, en paralelo, la de Teresa, una joven estudiante italiana que llega a Berlín gracias a una beca Erasmus para trabajar en una exposición sobre ese mismo hallazgo. Allí conoce a Rubén, su reverso "tenebroso": frente a su carácter metódico, responsable e insomne (literalmente), él encarna el caos bohemio de quien vive al margen de cualquier estructura, instalado en una despreocupación que roza lo temerario aunque eso sí, viviendo a costa de sus padres.
Entre ambos surge una relación tan intensa como inestable, atravesada por sus diferencias, sus inseguridades y una constante sensación de desajuste emocional. En ese vaivén aparece también la flor de hypericón, un elemento simbólico que recorre la obra: asociada a la luz y a la renovación, funciona como reflejo de ese vínculo frágil, luminoso por momentos y, a la vez, inevitablemente vulnerable.

 
Y es que Hypericon es, ante todo, una historia de amor… aunque no una al uso. Fior apuesta aquí por un enfoque íntimo y realista para construir un relato precioso y delicado donde pesan más las emociones que los acontecimientos. Esa mirada sutil y contenida es, precisamente, la que le da personalidad propia a esta obra y la aleja de los romances convencionales. 

Portada del cómic.

Hypericon ha sido mi primer acercamiento a la obra de Manuele Fior y la experiencia no podría haber sido más satisfactoria. No solo por la historia de Teresa y Rubén, que funciona como núcleo (emocional) del relato, sino también por todo lo que la envuelve: el sutil trasfondo egipcio, el constante simbolismo con la flor de hypericón como motivo recurrente y la atmósfera de ese Berlín noventero que el autor recrea con una sensibilidad casi palpable y que a los señores mayores de mi generación nos resulta tan familiar.

Uno de los mayores logros de Fior es el equilibrio que consigue entre sus dos líneas narrativas: por un lado, el descubrimiento de la tumba de Tutankamón; por otro, la relación entre Teresa y Rubén. Lejos de competir, ambas tramas se enriquecen mutuamente, dialogando a través del tiempo y el significado. A esto se suma una caracterización muy cuidada de los personajes: los dos polos opuestos del espectro, sí, pero tan bien construidos que resulta fácil empatizar con ambos, reconocerse en sus dudas y entender sus contradicciones.
Aunque si hay algo que realmente eleva el cómic es su forma de retratar las relaciones. Aquí no hay épica romántica ni grandes declaraciones, sino una atención minuciosa a los gestos cotidianos, a los silencios incómodos y a las pequeñas fisuras que acaban definiendo a una pareja. Fior pone el foco en esos detalles que construyen (y también desgastan) el vínculo, mostrando el amor como algo frágil, cambiante y, por momentos, incómodo, pero profundamente humano. 

El frío Berlín noventero.

En el apartado gráfico, Fior vuelve a demostrar por qué es uno de los grandes nombres del cómic europeo contemporáneo. Su uso del color, cálido en Egipto, más frío y gris en Berlín, no solo diferencia épocas, sino que transmite estados de ánimo y refuerza el tono melancólico de la obra. Esas acuarelas son oro puro. Un trabajo espectacular.

Hypericon no busca una trama potente ni giros sorprendentes y ahí reside su encanto: es un cómic contemplativo, más interesado en las emociones que en la acción, en capturar una etapa vital que en contar una historia cerrada. Cómic de mantita y sofá que he disfrutado enormemente.

La edición de Salamandra Graphic nos llega en rústica con solapas, 144 páginas y papel offset de calidad con un ligero tono hueso por 23,95€.

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