Con El día antes, Martin Quenehen y Bastien Vivès cierran la trilogía iniciada con Océano negro y continuada en La reina de Babilonia, un proyecto ambicioso y arriesgado: trasladar a Corto Maltés al siglo XXI manteniéndolo reconocible, respetando los códigos del personaje pero a la vez, haciendo algo diferente. Su propuesta prescinde de la nostalgia como motor de esta reinterpretación y apuesta por demostrar que el personaje creado por Hugo Pratt sigue siendo capaz de recorrer un mundo convulso, aunque ese mundo ya no esté marcado por los imperios coloniales y las guerras del primer tercio del siglo XX, sino por la globalización, la crisis climática, el terrorismo y las nuevas formas de crimen organizado.
Ni que decir tiene que la propuesta no ha dejado indiferente a los fans del marino maltés y ha polarizado las posturas. Aquí en TDT nos ha encantado esta nueva visión que nos ofrece la dupla de autores franceses y estábamos deseando leer el tercer volumen que acaba de llegar a librerías de la mano, como siempre, de norma Editorial.
Portada del cómic.
En esta tercera y última entrega, Corto viaja (de manera bastante inesperada) hasta Tuvalu, un archipiélago polinesio amenazado por la subida del nivel del mar, para rescatar a una vieja amiga. En el camino se cruza con una abogada ambientalista, una agente antiterrorista y un piloto, viejo amigo de Corto que es un adicto a las drogas; en una aventura donde las tríadas chinas, la geopolítica y el cambio climático sustituyen a las conspiraciones coloniales y los conflictos bélicos de las historias clásicas de Pratt. Quenehen convierte el calentamiento global en el telón de fondo de la narración, no tanto como un discurso militante (que igual un poquito también) sino como el nuevo escenario donde se desarrolla la aventura contemporánea.
Más allá de su lectura como reflexión/denuncia sobre el mundo actual, El día antes funciona sobre todo como un relato de aventuras. Quenehen construye una trama en constante movimiento: persecuciones, infiltraciones, traiciones y cambios de escenario que mantienen un ritmo ágil de principio a fin. Corto se ve envuelto en una compleja red de intereses donde convergen organizaciones criminales, agentes de inteligencia, activistas medioambientales y personajes con motivaciones ocultas. Como en las mejores historias del personaje, el bueno de Corto parece avanzar más por intuición y suerte que por un plan preconcebido, dejándose arrastrar por los acontecimientos y encontrando en cada encuentro una nueva pieza del puzle.
El reparto secundario así como las diferentes localizaciones juegan un papel fundamental en la historia. La abogada comprometida con la defensa de Tuvalu aporta la dimensión humana del conflicto ecológico, la agente antiterrorista introduce una tensión constante entre la legalidad y las zonas grises en las que siempre se ha movido Corto, si les sumamos un piloto yonki y un buen grupo de mercenarios, mafiosos y colaboradores ocasionales a una narración donde las lealtades cambian a la vuelta de la página y nadie parece actuar movido por un único interés, queda un reparto de lo más completo; además los clásicos lugares exóticos entendidos como espacios por descubrir (en el Corto de Pratt) ahora son territorios atravesados por problemas globales muy lejos del romanticismo que impregna la obra del autor veneciano: el ascenso del nivel del mar, las disputas geopolíticas en el Indo-Pacífico, las redes internacionales del crimen organizado y los intereses económicos que condicionan la política internacional.
La aventura mantiene cierto sabor clásico pero se nutre de conflictos plenamente actuales y las aventuras de Corto se inclinan más hacia el thriller de acción que a los relatos de exploración y aventuras de finales del XIX y principios del XX.Amistades peligrosas.
En ese aspecto, La comparación con el Corto Maltés de Hugo Pratt resulta inevitable: Pratt concebía sus historias con un marcado equilibrio entre aventura, literatura, historia y mito (siendo en mi opinión La fábula de Venecia el álbum más equilibrado). Sus relatos estaban llenos de silencios, simbolismo y encuentros con personajes históricos o legendarios, envueltos en una atmósfera casi onírica, sobre todo en los últimos álbumes, donde importaba el viaje físico pero sobre todo, el espiritual. El lector debía aceptar que la frontera entre la realidad y la fantasía era siempre difusa.
Quenehen y Vivès, en cambio, optan por un enfoque más directo y cinematográfico. Su Corto es más físico, más inmediato y menos contemplativo. La acción tiene un mayor peso y los conflictos políticos aparecen de manera explícita. El misterio y la dimensión esotérica, tan características de Pratt, quedan relegados a un segundo plano en este tercer álbum en favor del thriller de aventuras. Es un cambio de sensibilidad que puede no gustar a quienes buscan la poesía narrativa del autor italiano, pero que acerca el personaje a lectores contemporáneos acostumbrados a un ritmo más dinámico.
El apartado gráfico de Bastien Vivès contribuye y mucho a esa modernización. Su dibujo mantiene una economía de línea que, de algún modo, homenajea la síntesis gráfica de Pratt, sobre todo en su última época, pero incorpora una narrativa visual mucho más cinematográfica y fluida. El resultado conserva la elegancia minimalista sin caer en la copia.
También merece destacarse el trabajo de Martin Quenehen. Historiador de formación (se nota) y escritor antes que guionista de cómics, demuestra mucho interés por situar las aventuras dentro de problemáticas geopolíticas reales. Sus guiones conectan la tradición aventurera con problemas contemporáneos sin perder de vista el entretenimiento, consiguiendo así una narración adaptada a los tiempos sin perder de vista el espíritu de la obra original.
El Corto de Vivès.
Como cierre de trilogía, El día antes confirma que la reinterpretación de Quenehen y Vivès nunca pretendió competir con la obra de Hugo Pratt, sino ofrecer una lectura alternativa del personaje; es un cierre sólido para esta serie de tres álbumes que ha sabido actualizar a uno de los grandes iconos del cómic europeo sin traicionar su identidad.
Norma Editorial publica este tercer volumen en una cuidada edición en tapa dura, con un formato de 19 × 28 cm, papel satinado de alto gramaje y un total de 176 páginas, que incluyen un interesante apartado de extras. Todo ello por un precio de 28 €, en una edición que mantiene la calidad y la uniformidad de los dos álbumes anteriores de esta nueva etapa de Corto Maltés.
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