Enésima relectura de Odisea Cósmica, uno de los tebeos que más veces he disfrutado y que sigo recomendando, como diría aquel, “desde shiquetito”. Finales de los 80: yo, con 12 años, de camino al cole, me detengo en el quiosco y me topo con la portada del primer número de Cosmic Odyssey. En ella aparecen varios miembros de la JLA junto a otros personajes completamente desconocidos para mí, con un fondo repleto de estrellas y planetas y un título tan sugerente como irresistible: Cosmic Odyssey. Exactamente todo lo que un chaval de 12 años podía desear.
Ahí fue donde entraron en mi vida los Nuevos Dioses, Darkseid, la Ecuación de la Antivida… y, por supuesto, Starlin, Mignola y Oliff. ¡Boom!
Esa portada.
Y es que este tebeo hace honor a su nombre: es una auténtica odisea cósmica. No habían pasado ni veinte años desde que Kirby crease a los Nuevos Dioses cuando Starlin decidió meter mano a unos personajes que por entonces aún no estaban demasiado “sobados”. Lo hizo, además, a lo grande: reinterpretando la Ecuación de la Antivida y convirtiéndola en una entidad viva, y bastante chunga, capaz de amenazar la existencia misma del universo.
¿Y cómo se salva algo así? Pues aliando a Darkseid con los propios Nuevos Dioses, sumando a los héroes más poderosos de la Tierra… y añadiendo a cierto personaje demoníaco, amarillo y con la peculiar costumbre de hablar rimando.
Darkseid liderando a los héroes, lo nunca visto.
La Antivida se ha extendido por la galaxia como una enfermedad y hay cuatro planetas clave que no pueden caer si el universo quiere sobrevivir. Cuatro equipos imposibles. Cuatro misiones suicidas.
Superman y Orión parten hacia Thanagar, donde los thanagarianos han sido poseídos por la Antivida, y lo que sucede allí es sencillamente brutal. Batman y Forager se quedan en La Tierra, enfrentándose en una lucha tan escalofriante como desesperada con sus agentes. Starfire y Lightray ponen rumbo a Rann, mientras que el Green Lantern John Stewart y el Detective Marciano cargan con la responsabilidad de salvar Xanshi.
En el camino seremos testigos del salvajismo de Orión, la arrogancia de John Stewart y la valentía inquebrantable de Forager con el destino del universo pendiendo de un hilo. Hay derrotas devastadoras y victorias pírricas. Para el recuerdo, otro puñetazo de Batman… esta vez a… mejor descubridlo por vosotros mismos, pero digamos que estaba más que justificado.
Mientras tanto, Darkseid, Highfather y Etrigan mueven los hilos desde las sombras.
Y en el centro de todo, un Darkseid imperial: terrible, imponente, absoluto.
Problemas.
Ya veis que el guion es un derroche de imaginación: aventura, ciencia ficción y grandeza en estado puro. Pero el apartado gráfico no se queda atrás. Mignola ya estaba plenamente asentado, con un estilo perfectamente definido, y las tintas de Carlos Garzón le sientan como anillo al dedo. Yo terminaría de enamorarme de su trabajo poco después, con Gotham a luz de gas y Fafhrd y el Ratonero Gris, publicados tras este Cosmic Odyssey (¡y esos Kirby Dots!). Y qué decir del color de Steve Oliff: simplemente espectacular; de hecho, fue una de las razones por las que me hice con el Akira de Glénat, también coloreado por él.
En resumen, un tebeo estupendo: épico, entretenidísimo y con un apartado gráfico sobresaliente. Además, ha envejecido de maravilla (no olvidemos que se publicó entre 1988 y 1989).
Odisea Cósmica ha contado con varias ediciones: en formato prestigio por parte de Zinco, en tomo de tapa dura de Norma y, más recientemente, en un par de ediciones distintas de ECC. Sea cual sea la que encontréis y mientras Panini se decide a reeditarlo, ¡compradlo, insensatos!



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