El gourmet solitario es una obra muy particular dentro del cómic: sencilla en apariencia, pero sorprendentemente profunda en lo que transmite. A través de sus páginas, propone una exploración de la poesía de lo cotidiano, de esos pequeños momentos que suelen pasar desapercibidos. Lo que, en principio, podría parecer algo simple, se revela como un ejercicio complejo en una sociedad dominada por la inmediatez y el consumo rápido. Quizá por eso, a pesar de haber sido publicado originalmente en 1997, este manga no solo ha resistido el paso del tiempo, sino que, en mi opinión, sigue plenamente vigente casi treinta años después, invitando al lector a detenerse, observar y saborear (literalmente) la vida con otra mirada.
miércoles, 8 de abril de 2026
El gourmet solitario, reseña por Jose.
Portada del manga.
A lo largo de 19 capítulos, seguiremos a Goro Inokashira, un trabajador autónomo que recorre los distintos barrios y distritos de Tokio visitando a sus clientes. En el transcurso de esos desplazamientos laborales, sus jornadas se articulan en torno a pausas aparentemente triviales: la elección de un bar o restaurante donde almorzar o cenar. Cada episodio se construye, en esencia, como una variación sobre ese mismo gesto: encontrar un lugar donde comer, lo que podría sugerir una premisa limitada, sin embargo, es precisamente en esa reiteración donde reside su singularidad y también su belleza. Minimalismo narrativo al extremo.
La comida deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en un dispositivo de exploración de lo cotidiano. Cada ingesta adopta la forma de un ritual íntimo en el que el protagonista no solo degusta, sino que interpreta: el hambre, la saciedad, las texturas y combinaciones se integran en un flujo constante de pensamiento. Paralelamente, la obra compone un sutil mosaico de la sociedad tokiota, construido a partir de la observación minuciosa de los espacios y de la clientela que los habita y también de la gastronomía japonesa (acabas el cómic y lo único que quieres es bajar a un japonés y ponerte como el Quico).
Riquísimo todo.
Otro detalle que me ha encantado es cómo los autores se alejan deliberadamente del Tokio más aesthetic para adentrarnos en una versión mucho más íntima y auténtica de la ciudad. En lugar de recurrir a los escenarios habituales, nos invitan a recorrer pequeños locales, callejones escondidos y barrios periféricos llenos de vida cotidiana, alejados de los sobadísimos Shibuya o Ginza. Así, construyen un retrato más humano y cercano, donde cada rincón parece tener una historia propia.
Tanto el guion como el dibujo (en una perfecta simbiosis Taniguchi y Kusumi) invitan a disfrutar, a saborear cada página de la historia, de las historias, del señor Inokashira, alguien de quien apenas sabemos nada, un hombre que vive en el presente, que vive y disfruta cada comida.
Tenemos a un Taniguchi perfectamente reconocible: su clásica línea clara pero a la vez, gran cantidad de detalles en cada local o callejón en los que entra nuestro protagonista.
No hay un principio ni un final definidos, no hay una trama convencional o un desarrollo del protagonista. La obra se limita a acompañarnos en un recorrido por distintos barrios de Tokio donde vamos a ir probando los platos más típicos o singulares de cada establecimiento a reflexionar sobre la percepción, el tiempo y nuestra relación con lo cotidiano. ¿Puede encontrarse la épica en comernos un plato de ramen tranquilamente? Yo digo sí.
Si te gusta el manga y sientes interés por la cultura y la gastronomía japonesa, El gourmet solitario es una lectura que vas a disfrutar sin ninguna duda.
Astiberri nos traía esta joya en en rustica con solapas con un tamaño de 17 x 24 cm. 200 páginas en papel offset, blanco y negro y un precio de 18€. Creo que va por la octava edición y además tiene una secuela: Paseos de un gourmet solitario.
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