lunes, 2 de marzo de 2026

No hay que tomar a los imbéciles por gente, reseña por Jose

Norma Editorial nos trae No hay que tomar a los imbéciles por gente, un título que bien podría convertirse en lema existencial para más de uno (yo el primero). En esta afilada sátira, Emmanuel Reuzé y Nicolas Rouhaud ponen el foco en lo cotidiano para desmontarlo sin piedad: el cinismo social, la estupidez estructural y los engranajes de un sistema capitalista tan absurdo como cruel; salvo, claro, si ocupas la cima de su particular cadena alimenticia.

Con un humor incómodo, ácido y deliberadamente provocador, los autores disparan contra la sociedad de consumo y la complacencia de los gobiernos contemporáneos. El resultado es una lectura tan mordaz como reveladora, capaz de arrancar carcajadas que se congelan a medio camino. Y ojito al parche porque este no es un cómic apto para pieles finas ni para quienes prefieren no mirarse en ciertos espejos.

Portada del cómic.

Publicadas originalmente en Fluide Glacial, la ya mítica revista francesa que disecciona la actualidad con bisturí y mala leche, las historietas de Reuzé y Rouhaud no dejan títere con cabeza. Disparan en todas direcciones y contra todos los estamentos: desde el currito mileurista que se autopercibe clase alta hasta la sanidad pública; desde la Iglesia y sus escándalos de pederastia hasta el CEO blindado en su torre de cristal. Aquí no se salva absolutamente nadie.

Eso sí, conviene administrar sus 109 páginas con cierta mesura. Leídas de una sentada, el impacto se diluye: no todas las tiras alcanzan el mismo nivel de brillantez y el factor sorpresa termina por desgastarse. Mi recomendación es clara: consumirlas en pequeñas dosis, como el anís en Navidad. Así cada golpe satírico entra mejor y la carcajada, incómoda, pero inevitable, se disfruta mucho más.

Recordando a Ramón María del Valle-Inclán y su imprescindible Luces de Bohemia, este cómic funciona como esos espejos cóncavos del Callejón del Gato: superficies deformantes que no inventan la monstruosidad, sino que la revelan. La realidad que retratan Reuzé y Rouhaud ya es grotesca de por sí, pero al pasar por el filtro de su humor ácido se vuelve todavía más descarnada, más ridícula y, paradójicamente, más reconocible.

Como en el esperpento valleinclanesco, la deformación no es un capricho estético, sino una herramienta crítica. Al exagerar lo miserable, lo hipócrita y lo absurdo de nuestras dinámicas sociales, el cómic nos obliga a mirar de frente aquello que preferimos contemplar de reojo. Nos reímos, sí, pero la risa tiene algo de mueca incómoda: sabemos que en esa caricatura hay demasiado de verdad.

La edición de Norma es en cartoné para sus 112 páginas en papel satinado y un precio de 112€.

No hay que tomar a los imbéciles por gente, reseña por Jose

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