Viajero, pirata, aventurero. Inconfundible con su gorra de marino, su pitillo siempre a mano y su gabán azul. Uno de los grandes símbolos del cómic europeo y, le pese a quien le pese, un auténtico icono de la cultura popular. Nació en 1967 de la pluma y el talento del historietista veneciano Hugo Pratt, y desde entonces no ha dejado de surcar mares reales e imaginarios.
Según su biografía ficticia, Corto nació en Malta en 1887. Hijo de un pelirrojo de Cornualles y de una gitana sevillana conocida como “la niña de Gibraltar”, encarna la mezcla perfecta entre cultura anglosajona y herencia mediterránea. Es un antihéroe romántico que simboliza la libertad por encima de cualquier bandera. Y desde el momento en que abandona su isla natal, el mundo entero se convierte en su territorio.
Su primera aventura fue La balada del mar salado, publicada originalmente en la revista Sgt. Kirk. Considerada hoy una obra maestra del noveno arte, marcó el inicio de una trayectoria mítica que culminaría en 1988 con Mu. Entre medias, historias inolvidables como La fábula de Venecia (mi favorita), Corto Maltés en Siberia o La casa dorada de Samarcanda consolidaron su leyenda. Aunque estas son aventuras largas, lo cierto es que muchas de sus historias se construyen a partir de relatos breves interconectados, pequeñas piezas de un gran mapa narrativo.
Las peripecias de Corto suelen desarrollarse en el contexto de grandes acontecimientos históricos —la Primera Guerra Mundial, el auge del fascismo en Italia o la guerra ruso-japonesa— en los que se ve envuelto casi por accidente, siempre en el peor momento y en el lugar menos oportuno. En su camino se cruza con figuras reales o plausibles de la época, como Jack London, un joven Joseph Stalin o Hermann Hesse. Y, por supuesto, nunca falta el componente onírico y simbólico que impregna muchas de sus aventuras, especialmente en Las célticas, Las helvéticas o la ya mencionada Mu.
El personaje ha conocido adaptaciones animadas y televisivas con fortuna desigual, pero su verdadera esencia sigue latiendo en las viñetas. En 2015 comenzó una nueva etapa de la mano de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero, quienes han sabido mantener intacto el espíritu prattiano (ya van tres álbumes). Más arriesgada fue la propuesta de 2021, Océano negro, firmada por Martin Quenehen y Bastien Vivès, que trasladó al personaje al contexto del 11S en una suerte de reinicio contemporáneo.
Actualmente, Norma Editorial está reeditando toda la serie en una edición cuidada al detalle, tanto en color como en blanco y negro, perfecta para redescubrir (o descubrir por primera vez) al marino más libre del cómic.
Si aún te lo estás pensando, no lo dudes. Embárcate. Porque leer a Corto Maltés no es solo seguir aventuras: es viajar sin mapas, dejarse llevar por el viento y recordar que, a veces, la libertad cabe en una viñeta.
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