miércoles, 19 de agosto de 2026

Albion, reseña por Jose

¿Y si los personajes de aquellos viejos cómics británicos que llenaron las páginas de Lion, Valiant, Smash! o Wham! hubieran existido realmente? ¿Y si Zarpa de Acero, Spider o el robot Archie no fueran simples personajes de ficción sino héroes que el gobierno británico decidió borrar de la memoria colectiva?

La historia comienza con Danny, un joven huérfano aficionado a los tebeos, y Penny, la hija de Eric Dolmann (personaje protagonista de su propia serie de cómics en la Inglaterra de finales de los 60), que se ven envueltos en una conspiración relacionada con unos personajes que, oficialmente, nunca existieron. Mientras tanto, descubrimos que antiguos héroes han sido encerrados y que los cómics en los que aparecían fueron convertidos en simples obras de ficción. 

Ese es el punto de partida de Albion, una miniserie concebida por Alan Moore y desarrollada al guion por su hija Leah Moore y John Reppion, con dibujo de Shane Oakley. Publicada originalmente en Estados Unidos por WildStorm entre 2005 y 2006, la obra regresa ahora a España de la mano de Dolmen, dentro de una línea editorial que parece especialmente diseñada para recibirla: Albión.
Y probablemente no haya mejor momento para recuperarla ya que desde Dolmen, desarrollando su línea Albión, llevan ya varios años recuperando las aventuras de estos héroes.


Portada de la nueva edición de Dolmen.

Albion es un cómic sobre cómics, algo a lo que ya nos tiene acostumbrado nuestro barbudo favorito (podríamos establecer ciertos paralelismos con Miracleman pero eso da para tesis) aunque a diferencia de, por ejemplo, de Watchmen, no está creando una nueva mitología sino rescatando una antigua; lo cual, dicho sea de paso, puede resultar el mayor inconveniente a la hora de acercarse a esta obra: para quien conozca la tradición del cómic británico de los años cincuenta, sesenta y setenta, la cantidad de referencias puede ser maravillosa pero para quien llegue únicamente atraído por el nombre de Alan Moore, la experiencia puede no resultar del todo satisfactoria aunque, eso sí, puede abrir una ventana a descubrir un nuevo universo comiquero de la mano de Dolmen y su línea Albion.

Aunque Albion tiene ideas muy de Moore: la obsesión por la historia del cómic, la ficción dentro de la ficción, los personajes populares convertidos en mitología, la recuperación de materiales considerados menores y la fascinación por preguntarse qué ocurriría si las historias que leíamos de niños fueran ciertas, la ejecución, al no ser un guion de Moore, resulta más, digamos, convencional y quizá por ello y a pesar de lo comentado anteriormente, sea más fácil entrar en el juego que se nos propone en esta obra, que no llega a alcanzar la complejidad o el nivel de exigencia de unos From hell, Promethea o Watchmen pero que yo personalmente, he disfrutado bastante. Puede que el guion no sea del mago de Northampton pero se nota su mano.


El ¿discutido? Shane Oakley.

Shane Oakley hace un trabajo increíble, me recuerda a mi querido Kevin O´Neill y además los flashbacks y las recreaciones de los antiguos cómics permiten que Oakley cambie de registro de una página a otra demostrando por qué fue elegido para dibujar esta miniserie. Es uno de los grandes atractivos del álbum: el dibujo consigue que el homenaje no se quede únicamente en el guion y desde luego que hará las delicias de los lectores más veteranos que conozcan este universo comiquero británico. 
 
¿Merece la pena? A mí desde luego me la ha merecido: he leído un gran cómic y me han entrado unas ganas locas de sumergirme en el universo comiquil británico de la época. Tengo clarísimo que el primer álbum de Spider y el de Archie el robot se vienen a casa antes de que acabe el verano.
 
Multiversity, La liga de los caballeros extraordinarios, Planetary, Black Hammer, Astro City y ahora Albion. Ojo, que estamos hablando de tebeazos, quizá Albion no esté a la altura pero entra en ese grupo de cómics sobre cómics y metaficción que te hacen querer abrir esa puerta a nuevos universos. En mi caso, lo ha conseguido.
No es uno de los grandes cómics de Alan Moore, es un homenaje a los cómics que hicieron que Alan Moore quisiera hacer cómics y solo por eso, ya merece un hueco en mis abarrotadas estanterías.
 
La edición de Dolmen nos llega en tapa dura, 152 páginas con un tamaño de 18 x 28 cm y un precio de 28,90€. 

martes, 18 de agosto de 2026

Stalingrado. Cartas desde el Volga, por Jose

Stalingrado. Cartas desde el Volga, de Antonio Gil y Daniel Ortega, es un cómic histórico que reconstruye una de las batallas más decisivas y brutales de la Segunda Guerra Mundial. La obra apareció originalmente en 2018, publicada por La Esfera de los Libros bajo el título Stalingrado. La historia gráfica. Ahora, en agosto de 2026, Cartem Cómics recupera el trabajo con el título Stalingrado. Cartas desde el Volga, en una nueva edición en tapa dura y de mayor tamaño. No se trata de una obra nueva, sino de una edición revisada que vuelve a traer a nuestras librerías un cómic que había quedado algo injustamente fuera del radar de muchos lectores.

Portada de la edición de Cartem.

El cómic se propone contar la batalla prácticamente desde sus antecedentes hasta la rendición alemana en febrero del 43. No lo hace siguiendo exclusivamente a un protagonista, sino mediante una combinación de narración histórica, escenas bélicas y testimonios de soldados. Las cartas de combatientes alemanes tienen una importancia especial y proporcionan el componente humano que sirve de contrapunto a la narración de las operaciones militares y que le dan un toque final a la obra más amargo si cabe. De ahí procede  el nuevo título, Cartas desde el Volga. El resultado final está a medio camino entre  el cómic, el documental histórico y la historia militar ilustrada. Una auténtica maravilla.

El verdadero protagonista del cómic es la propia batalla, al igual que en el recientemente publicado por Cascaborra Teruel. La lucha heladaGil y Ortega relatan el avance alemán hacia el Volga, la entrada de las tropas en Stalingrado, los combates urbanos, la resistencia soviética (mención especial a ese cameo de las brujas de la noche), la llegada del general invierno, la Operación Urano y, finalmente, el cerco y destrucción del VI Ejército alemán. Es una historia que empieza con la sensación de que Alemania está a punto de conseguir otra gran victoria en el Frente Oriental y termina con cientos miles de hombres atrapados en una ciudad en ruinas, hambrientos, enfermos y conscientes de que probablemente no saldrán vivos de allí. 

La última esperanza germana.

Verano de 1942. Alemania había lanzado la Operación Azul, una gigantesca ofensiva hacia el sur de la Unión Soviética cuyo objetivo estratégico principal era alcanzar los recursos petrolíferos del Cáucaso. Stalingrado no era inicialmente el único ni el principal objetivo de la campaña, pero su posición a orillas del Volga y su importancia industrial y simbólica (llevaba a Stalin en el nombre) hicieron que la ciudad adquiriese una importancia que, a priori, no tenía.
Cuando los alemanes llegaron a la ciudad, Stalingrado se convirtió en algo muy diferente a las grandes batallas que habían caracterizado la guerra en el Este. Los bombardeos habían convertido la ciudad en un paisaje de ruinas y los soviéticos aprovecharon ese escenario y conviertieron la batalla en una guerra de guerrillas urbana: se combatía por fábricas, edificios, sótanos, escaleras y habitaciones. La Rattenkrieg, la "guerra de ratas", resume bastante bien esa transformación de la guerra mecanizada en una lucha animal prácticamente cuerpo a cuerpo. 

Y esta es una de las cosas que mejor transmite Antonio Gil con sus dibujos: su representación de Stalingrado es gris, sucia, fría y opresiva. Las ruinas, la nieve, el humo, el barro y los edificios destruidos forman un escenario claustrofóbico e infernal. La muerta rondaba en cada esquina, en cada ventana. Además, Gil presta una enorme atención al material militar, los uniformes, las armas y los vehículos (que ya sabemos cómo son los fans del bélico). No busca un dibujo estilizado o particularmente espectacular, sino una representación convincente y física de la guerra. ¿Lo consigue? Sin ninguna duda.

Las cartas.

El 19 de noviembre de 1942 comenzó la Operación Urano, dirigida contra los flancos del dispositivo alemán, los soviéticos rompieron las líneas defensivas y avanzaron desde el norte y el sur hasta cerrar el cerco. El VI Ejército alemán y otras unidades del Eje quedaron atrapados en el llamado Kessel, el "caldero" de Stalingrado. Lo que hasta entonces parecía una ofensiva alemana victoriosa se convirtió de repente en una catástrofe.

A partir de ese momento cambia también el tono del cómic. La historia deja progresivamente de ser la de una batalla por conquistar una ciudad y pasa a ser la historia de un ejército que intenta sobrevivir.  Y aquí las cartas cobran una mayor importancia: de la confianza en una victoria rápida, a la desesperación y la certeza de una muerta segura. Una vez más, el componente humano en contraste con la gran maquinaria que era el ejército alemán del que los soldados de la Wermacht eran poco más que un engranaje invisible, carne de cañón que sacrificar en aras de la victoria.

Y si el trabajo de Gil en el apartado gráfico es extraordinario, la labor de Daniel Ortega en la escritura de la historia es fantástica. Contar La Batalla de Stalingrado en poco más de 100 páginas se me antoja una tarea titánica (100 páginas de una intensidad tremenda, por cierto), la labor de documentación, investigación y síntesis para hacer semejante batalla comprensible y sobre todo accesible es digna de halago. Pero es que Ortega viene es escritor de novela histórica y bélica, ensayista, divulgador y podcaster y esta fue su primera incursión en el mundo del cómic.

Tremendo Antonio Gil.

Últimamente me gusta recomendar obras relacionadas con los cómics que reseño por aquí y esta vez no quiero dejar pasar la ocasión de recomendar un peliculón: Stalingrado, película de 1993 dirigida por Joseph Vilsmaier y que narra, pues bueno, ya lo podéis imaginar. Otra que me gustó bastante fue Enemigo a las puertas, filme británico de 2001 dirigido por Jean-Jacques Annaud y con un reparto de auténtico lujo.

La nueva edición de Cartem Comics me parece especialmente interesante por el formato. La editorial recupera el cómic en cartoné y un tamaño de 22,5 × 31,5 centímetros, con 112 páginas y un precio de 30 euros. Frente a los aproximadamente 19 euros de la edición de La Esfera de los Libros de 2018, es obviamente una edición más cara, pero también más acorde con un álbum cuyo principal atractivo visual está en el dibujo de Antonio Gil.
Queda dentro de la colección Historias de la guerra junto a títulos como El guardaespaldas de Masud, La insurgente de Varsovia o Hans Joachim Marseille. La estrella de África.

Además, la obra tuvo recorrido internacional: en 2019 fue publicada en Estados Unidos como Stalingrad: Letters from the Volga, por Dead Reckoning, con traducción de Jeff Whitman. 

Creo que de lo mejor del cómic es su capacidad para transmitir la dimensión física de La Batalla de Stalingrado. Después de leerlo, la batalla deja de ser únicamente una sucesión de nombres y fechas y adquiere una dimensión mucho más tangible: frío, barro, ruinas, hambre, edificios destruidos, soldados agotados y una sensación constante de que la situación se está deteriorando hasta desembocar inevitablemente en la catástrofe, la verdad es que acabas agotado. Un auténtico tebeazo, Damen und Herren.

lunes, 17 de agosto de 2026

Persépolis, de Marjane Satrapi: memoria, revolución y construcción de una identidad; por Jose.

Saldamos por fin en este blog la deuda que teníamos con Marjane Satrapi, recientemente fallecida, y su obra magna: Persépolis.

Persépolis es una de esas obras que supera las fronteras del cómic: es autobiografía, novela de formación y testimonio histórico-político. Publicada originalmente en francés entre 2000 y 2003 por L'Association, narra la infancia, adolescencia y primera juventud de la autora en Irán y, posteriormente, su experiencia como exiliada en Europa. El título alude a Persépolis, la antigua capital del Imperio persa, y ya desde el nombre, Satrapi establece una oposición fundamental entre la enorme profundidad histórica de Irán y la imagen quizá demasiado simplificada que muchas veces tenemos del país desde Occidente, algo a lo que se hace alusión durante el cómic.

Algo que me encanta de Persépolis es que la gran Historia (sí, con mayúscula) nunca aparece separada de la pequeña historia de una niña. La Revolución Islámica, la caída del Sha, la guerra Irán-Irak, la represión política, la imposición del velo o el exilio no se presentan únicamente como acontecimientos históricos, sino como experiencias que transforman la vida cotidiana de una familia y, sobre todo, de una niña (y posteriormente de una adolescente) que intenta comprender un mundo cada vez más contradictorio y extraño. Por eso la obra puede leerse simultáneamente como un relato político y como una historia de crecimiento personal.


Portada de la edición de Reservoir Books

Satrapi nació en Rasht, Irán, en 1969, en el seno de una familia acomodada y progresista. Sus padres eran de izquierdas y estaban relativamente occidentalizados. Estudió en Irán y posteriormente, sus padres la enviaron a Viena durante su adolescencia, debido fundamentalmente a la situación política del país. Más tarde, regresó a Irán, estudió Bellas Artes en Teherán y finalmente se trasladó a Francia en 1994. Allí entró en contacto con el ambiente de la historieta francesa y autores relacionados con L'Association, editorial fundamental para el desarrollo del cómic de autor en Francia.

Este breve recorrido biográfico nos va a dar las claves para entender Persépolis, porque la obra nace, en parte, de la distancia. Satrapi escribe desde Francia sobre un país que ha abandonado, pero al que emocionalmente continúa perteneciendo. No es una observadora extranjera que intenta explicar Irán a los europeos: es una iraní que reconstruye su propia experiencia y, al hacerlo, intenta explicar también quién es ella. 
Esa posición intermedia: iraní y europea, oriental y occidental, niña y adulta, creyente y crítica de la religión institucionalizada, es uno de los elementos que hacen que la obra resulte tan rica y compleja. En ese sentido, me recuerda mucho a mi admirado Amín Maalouf: escritor libanés, árabe, cristiano, de educación católica francesa que acabó exiliado en Francia al igual que Satrapi. Ambos tocan en sus obras temas como la identidad, su vida entre oriente y occidente, el exilio, la memoria o la crítica a los fanatismos. Su ensayo Identidades asesinas es una de las obras que más recomiendo de este autor.


A pesar de todo, Persépolis no está exenta de humor.

Si no tenéis ni idea de historia moderna de Irán, ahí van unos datos para que os situéis:
la revolución de 1.979 no estaba destinad a establecer un régimen religioso ni mucho menos, el objetivo era derrocar al Sha (puesto en el poder por las potencias occidentales, cómo no) e instaurar una república socialista. Fue una revolución enormemente heterogénea en la que confluyeron islamistas, liberales, nacionalistas y diferentes corrientes de izquierda unidos inicialmente por su oposición al Sha. Sin embargo, la facción encabezada por el ayatolá Ruhollah Jomeini terminó imponiéndose y, tras la revolución, fue eliminando progresivamente a sus antiguos aliados hasta consolidar la República Islámica y acabó convirtiéndose en un régimen más represivo que el del propio Sha.

Tras esto, llega la guerra Irán-Irak. El objetivo de la Revolución Islámica era expandirse pero Sadam Husein aprovechó la inestabilidad del nuevo régimen y comenzó una guerra contra Irak, con el apoyo de los EEUU, por supuesto, que se prolongó durante ocho años. La guerra dejó al país en ruinas y con cientos de miles de víctimas, además, consolidó el poder de los ayatolas y contribuyó a la militarización de la sociedad y la fanatización de la misma.
Satrapi vivió todo este proceso durante su infancia y adolescencia, su propia experiencia vital discurre paralela a la historia de su país, nos cuenta en primera persona y desde los ojos de una niña cómo vivió aquello. Tremendo aunque no falto de humor, ingrediente absolutamente necesario como ya veréis al leer su obra.
Marjane escucha conversaciones políticas de los adultos, observa fotografías de presos y revolucionarios, conoce historias familiares y trata de darle sentido a su mundo a partir de todo ello. Estamos aprendiendo sobre la historia de Irán a la vez que ella.


La abuela: referente moral en la obra y símbolo de memoria y dignidad.

Es evidente que Persépolis es una obra autobiográfica, pero Marjane escribe desde la distancia del tiempo lo que ella vivió como niña, lo que añade una capa de profundidad muy importante en la obra. No se idealiza e incluso usa su propio "personaje" para mostrar sus propias contradicciones y su crisis de identidad (su época en Viena es un buen ejemplo de ello) y por ello es una gran obra de formación.

Además de ser una obra autobiográfica, Persépolis es una obra muy política. Satrapi critica claramente la República Islámica y su represión, pero también cuestiona la dictadura del Sha, determinadas actitudes de los revolucionarios, el fanatismo político y la idealización occidental de la libertad. Reparte estopa para todo el mundo siendo su crítica principal al fanatismo: ya sea dogmático, religióso o político.

Formalmente, Satrapi utiliza el blanco y negro y trazos sencillos para para contar sucesos terribles y el humor para sobrellevar todo lo que ocurre a su alrededor.


¿Qué pasa con el individuo cuando una ideología intenta determinar completamente su identidad?

Satrapi no plantea la libertad únicamente como libertad política. También como derecho a ser contradictoria, a equivocarse, a escuchar música, enamorarse, vestirse como quiera, beber, rebelarse, sentirse iraní y sentirse europea al mismo tiempo. Esa es la clave de Persépolis.

La adaptación cinematográfica de Persépolis, se estrenó en 2007 y fue dirigida por la propia Marjane Satrapi junto a Vincent Paronnaud. La decisión de que la autora participara directamente en la dirección resulta especialmente importante para evitar que la adaptación perdiera la perspectiva personal del cómic. La película mantiene el característico blanco y negro de la obra y adapta buena parte de sus recursos gráficos al lenguaje de la animación.
Recibió el Premio del Jurado, compartido, en el Festival de Cannes de 2007 y posteriormente obtuvo varios premios César, entre ellos el de Mejor Adaptación y el de Mejor Primera Película. También fue nominada al Óscar a Mejor Película de Animación.

Si tuviera que situar Persépolis dentro de un conjunto de obras, la pondría junto a Maus, Fun Home, Palestina o Crónicas de Jerusalén, todas ellas con componente biográfico o político.

No creo que pueda decir algo de Persépolis que no se haya dicho ya: creo que es una obra excepcional, con muchas capas de lectura y que tocando temas como la política, la religión, el fanatismo, el dolor o el crecimiento como personal, lo hace de una manera muy equilibrada, humana, personal, con humor y con un acercamiento gráfico sencillo pero enormemente expresivo. Persépolis es, sin duda, una de las obras fundamentales del cómic contemporáneo.

Desde Reservoir Books nos llegó el pasado junio una edición especial en estuche para conmemorar el 25 aniversario de la obra. Persépolis se ha publicado habitualmente en España como volumen integral. Esta nueva edición recupera el formato original en cuatro tomos. Me parece una solución preciosa para una obra que, en cierto modo, funciona como un diario por entregas: cada volumen acompaña una etapa distinta de la vida de Marjane.

Son cuatro libros dentro de un estuche, cuesta 29,90 € y, sinceramente, es una auténtica chulada. Una buena manera de acercarse por primera vez a Persépolis y, para quienes ya la tenemos, una auténtica tentación  para volver a tenerla en la estantería.

jueves, 13 de agosto de 2026

The Witcher: Los cómics clásicos, por Juanjo

Los fans de Geraldo el magias estamos de enhorabuena, por fin nos llegan los comics clásicos de nuestro brujo favorito de la mano de Norma Editorial.

Digo que estamos de enhorabuena porque la situación editorial de Witcher en nuestro país es complicada en lo que a las novelas se refiere: hace muchos años que no se realiza una reedición de sus obras, conflictos de derechos mediante, que esperamos se resuelvan pronto y se respete el trabajo magnifico de Jose María Faraldo en la traducción. 

Portada del volumen recopilatorio de Norma.

Centrándonos en el comic, encontramos las historias clásicas del primer libro del Witcher: El último deseo, con énfasis en el origen de Geralt y sus vínculos más cercanos. Encontramos adaptaciones de las historias Camino sin retorno, Geralt, El mal menor, El último deseo y Las fronteras de lo posible, así como el relato original Traición; este último creado a partir de una idea original de Sapkowski y el guionista Maciej Parowskiel. El volumen también incluye una introducción de este último muy interesante sobre la situación editorial del momento de la creación de estos cómics a principios de los 90 en Polonia tras la época comunista y un epílogo del traductor oficial de toda la saga literaria: José María Faraldo.

Es muy interesante ver como el dibujo de Bogusław Polch nos mete de lleno en el mundo del brujo, pues fue el primer dibujante en imaginar y plasmar el universo literario de Andrzej Sapkowski, más meritorio aún si tenemos en cuenta que solo se había publicado en ese momento el primer libro de la saga.

Tremendos flequillazos del brujero.

El dibujo tiene ese tono clásico, pero a la vez mezclado con técnicas muy vanguardistas, recordando a obras como Den, del maestro Corben, o Thorgal. Creo firmemente que los fans de los comics clásicos de fantasía lo van a disfrutar. Si Conan o Thorgal están en tu lista, sin duda te vas a gozar estas historias de Geralt. 

En el guion no hay mucha ciencia, pues sumando esta historia exclusiva, el resto son relatos directamente plasmados del libro, con una fidelidad maravillosa y que los fans van a disfrutar sin duda.

Norma publica también los comics del Witcher de Dark Horse, pero temporalmente en la historia están mucho más adelantados, pues la mayoría ocurren durante o después de los acontecimientos de los 3 videojuegos que existen y cuya historia comienza al terminar la saga literaria.


¿El mejor videojuego de la saga?

Sin duda, este tomo es magnífico si alguien quiere adentrarse en el mundo del brujo, vamos a conocer sus orígenes y su universo y dejarlo todo encaminado por si en un futuro cercano podemos contar de nuevo con la saga literaria completa.

Os dejamos el enlace al programa donde comentamos más extensamente este volumen de Norma y la polémica con los derechos: TDT Splash 2026

La edición que nos trae Norma de estos cómic originales nos llega en tapa dura, papel de alto gramaje para las 296 páginas de contenido del volumen, un tamaño de 17 x 26 cm y un precio de 39,50€

martes, 28 de julio de 2026

El combate de Henry Fleming, reseña por Jose

Con El combate de Henry Fleming, el autor francés Steve Cuzor adapta una de las grandes novelas antibelicistas de la literatura estadounidense, The Red Badge of Courage (La roja insignia del valor) de Stephen Crane. Publicado originalmente por Dupuis en 2023 y editada este mismo mes de julio en nuestro país por Norma Editorial, esta adaptación demuestra que un clásico del siglo XIX puede seguir resultando absolutamente contemporáneo cuando cae en las manos de un autor con la sensibilidad visual adecuada. 


Portada del cómic.

La historia sigue a Henry Fleming, un joven soldado de la Unión durante la Guerra de Secesión Americana (1.861-1.865) que se enfrenta a un enemigo mucho más temible que el ejército confederado: su propio miedo. Crane convirtió este conflicto interior en el verdadero campo de batalla de la novela, y Cuzor entiende perfectamente que la guerra no es aquí un espectáculo épico, sino una experiencia psicológica. El resultado es un cómic donde el humo, el barro, el estruendo de la artillería y la confusión de los combates pesan tanto como los pensamientos del protagonista. 

Uno de los mayores logros de la adaptación es precisamente cómo traslada al lenguaje gráfico la introspección de Crane. Me ha recordado a la adaptación del maestro Tanabe de Las montañas de la locura, de mi adorado Lovecraft. La novela original vive en buena medida del monólogo interior y de las percepciones de Henry, algo difícil de trasladar a un medio visual. Cuzor opta por reducir la carga verbal y confiar en la fuerza de las imágenes. Las expresiones faciales, los silencios y las composiciones de página sustituyen muchas de las reflexiones del texto original. Es una adaptación que sintetiza sin traicionar el espíritu de la obra y convertirlo en un cómic más sobre la guerra: elimina parte de la reiteración psicológica de Crane, pero conserva intacto el viaje moral del personaje.

Así, las diferencias con la novela responden principalmente a las exigencias de un medio diferente como e el cómic. The Red Badge of Courage dedica muchas páginas a la evolución emocional de Henry, insistiendo una y otra vez en sus dudas, su cobardía, su culpa y su progresiva transformación. En el cómic, ese proceso resulta más inmediato gracias al dibujo (en mi opinión un poco acelerado, quizá) e inevitablemente pierde algunos matices de la prosa de Crane. A cambio, gana una dimensión física tremenda: casi podemos sentir el caos de la batalla, el polvo, el sudor, la sangre y las vísceras o el agotamiento de unos soldados que sienten cada vez más, conforme avanza la historia, que son carne de cañón (literalmente). El horror deja de ser una abstracción psicológica para convertirse en una experiencia visual.


El horror de la batalla.

Steve Cuzor lleva años consolidándose como uno de los grandes dibujantes del cómic europeo. Ya había demostrado su talento en obras como Una estrella de algodón negro, donde combinaba documentación histórica con una narrativa muy cinematográfica, también publicada en nuestro país por Norma. Su estilo recuerda en ocasiones a autores como Hermann o Eduardo Risso por su dominio de las sombras y de la composición, aunque mantiene una personalidad propia: su dibujo es muy expresivo y su uso del color, espectacular. 
Narrativamente, Cuzor apuesta por un ritmo pausado. No busca el espectáculo bélico, sino que el lector permanezca junto a Henry Fleming. Los combates, desde luego, son violentos y frenéticos pero también confusos y caóticos. Esa decisión conecta directamente con la intención de Stephen Crane, quien escribió una de las primeras novelas modernas sobre la guerra sin haber combatido jamás, centrándose más en la experiencia psicológica que en la reconstrucción histórica, aunque tampoco creo que fueran muy diferentes de como los escribió Crane. 


El combate también está en el interior.

Comparada con otras obras del género, El combate de Henry Fleming comparte con la película Senderos de gloria la crítica al heroísmo militar o la desmitificación del combate, aunque aquí el conflicto es mucho más íntimo e incluso con la multipremiada y reciente Sin novedad en el frente, adaptación al cine de la novela homónima del escritor alemán Erich Maria Remarque. En televisión, conecta con el espíritu de Band of Brothers por el realismo del combate, aunque la serie apuesta más por el espíritu colectivo mientras que Cuzor permanece casi exclusivamente dentro de la mente del protagonista. 

En el terreno del cómic resulta inevitable pensar en La guerra de Charley (Cartem), gran referencia antibelicista del medio, así como en Blazing Combat (Norma), donde la guerra también aparece desprovista de cualquier romanticismo.

Como adaptación, El combate de Henry Fleming me parece un trabajo sobresaliente. Steve Cuzor, sabe adaptar a un medio visual un clásico del género y salir indemne utilizando las herramientas propias del cómic.

Norma nos trae esta obra en cartoné, con tamaño de 23,5 x 31 cm y papel satinado para las 152 páginas de este comicazo con un precio de 35€. Además, y a modo de epílogo un estupendo artículo sobre la vida y obra de Stephen Crane y el recorrido de su novela desde que fue publicada.

lunes, 27 de julio de 2026

Rebelión animal, reseña por Jose

Este mes de julio, los amigos de Moztros recuperan Rebelión animal, una joyita de Tom King y Peter Gross que fue uno de los últimos títulos publicados en nuestro país por la extinta y no muy añorada ECC.

Rebelión animal parte de un clásico universal para construir un discurso propio y actualizado. Tom King y Peter Gross toman como punto de partida Rebelión en la granja de George Orwell, pero trasladan la acción a un refugio de animales contemporáneo donde perros, gatos y conejos, cansados del abuso humano, se alzan contra sus cuidadores para fundar una sociedad basada en la igualdad y la cooperación. Lo que comienza como una revolución esperanzadora pronto deriva en un complejo retrato sobre el poder, el miedo, la polarización y la facilidad con la que una democracia puede convertirse en un sistema autoritario. Más que una adaptación de Orwell, es una actualización de sus ideas para el siglo XXI.

Como el mismo King comentó en su momento la serie nació como respuesta al clima político de Estados Unidos y a su preocupación por el deterioro del debate democrático, el auge de la polarización, del populismo, la desinformación y la facilidad con la que el miedo (alentado por el discurso político de algunos dirigentes) puede llevar a aceptar a líderes cada vez más autoritarios (y chalados) que acaben dándole un golpe mortal a la democracia.

El resultado es una cómic incómodo, amargo y muy político que demuestra que las viejas fábulas nunca dejan de ser actuales cuando la realidad insiste en imitarlas. Si algo demuestra esta obra, es que el clásico de Orwell vuelve a ser necesario.


Portada de la edición de Moztros.

Aunque la referencia más evidente sea Orwell, reducir Rebelión animal a una simple actualización de Rebelión en la granja sería injusto. Orwell escribía mirando al fracaso de la Revolución rusa y al estalinismo; King desplaza el foco hacia las democracias liberales contemporáneas (vaya, vaya...). Su preocupación no es cómo una revolución termina degenerando en una dictadura, sino cómo una democracia aparentemente sólida puede ir vaciándose desde dentro sin necesidad de un golpe de Estado. La revolución ya no fracasa únicamente por culpa de un líder ambicioso, sino también porque los propios ciudadanos aceptan renunciar al consenso en favor de relatos simples y emocionalmente satisfactorios.

En ese sentido, la lectura política resulta difícil de separar de la evolución reciente de Estados Unidos. King nunca ha ocultado (como comento más arriba) que el proyecto nació bajo el impacto del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 y del clima político generado durante los años del trumpismo, que vuelve a estar presente y vuelve a ser un auténtico desastre. La aparición de un líder populista, la apelación constante a agravios colectivos, la construcción de enemigos internos y la sustitución del diálogo por consignas recuerdan de manera evidente al fenómeno que rodea a Trump y al movimiento MAGA (la última chaladura es pedir un voto por familia y que sea el marido quien decida. Emmeline Pankhurst se está revolviendo en su tumba ahora mismo). No se trata de una caricatura directa, que es algo aterrador, sino de una alegoría cuyo simbolismo acaba haciéndose cada vez más explícito conforme avanza la historia y, spoiler, no acaba bien.

Una de las cosas más interesantes de Rebelión animal es que no carga las tintas sobre un líder en concreto sino que señala mecanismos que trascienden países e ideologías: el miedo a perder privilegios, la manipulación de la información, la tribalización de la sociedad, la incapacidad para llegar a acuerdos y la fascinación por líderes que prometen soluciones sencillas a problemas complejos son fenómenos reconocibles en buena parte del panorama internacional, lo estamos viviendo en nuestras propias carnes con la prioridad nazianal del partido del diccionario y sus constantes consignas para enfrentar a nuestra sociedad. Desde Europa hasta América Latina, pasando por Estados Unidos, el cómic habla de democracias donde la polarización convierte al adversario político en un enemigo y ahí reside en parte, su fuerza: utiliza animales para hablar de personas, pero sobre todo, utiliza una pequeña comunidad cerrada para explicar procesos políticos universales.


¿A quién me recuerda este perrito...?

El estilo de King sigue siendo tan reconocible como divisivo: abundantes textos de apoyo, diálogos densos y una clara voluntad de subrayar el significado político de cada escena. Habrá quien piense que esa insistencia lo aleja de la sutileza; para mí, esa es precisamente la virtud de un autor que nunca pretende esconder aquello sobre lo que está reflexionando. En Rebelión animal, esa tendencia funciona mejor que en otros trabajos porque la propia naturaleza alegórica de la historia permite (y pide) una mayor carga discursiva.

El dibujo de Peter Gross es la guinda del pastel. Conocido por trabajos como Lucifer, Los libros de la magia o The Unwritten (no tiene un cómic malo), Gross tiene un estilo realista que evita tanto la caricatura como la antropomorfización excesiva. Sus perros, gatos y conejos siguen pareciendo animales, pero transmiten emociones mediante pequeños gestos, posturas y miradas. Esa decisión visual es fundamental para que la historia conserve toda su dureza: nunca deja de recordarnos que estamos observando criaturas vulnerables atrapadas en dinámicas de violencia totalmente humanas. El color de Tamra Bonvillain, refuerza la atmósfera de tensión constante.


Un gesto revolucionario.

Heredera de Orwell, Rebelión animal está a la altura y en la categoría de otras grandes obras que beben de las fuentes orwelianas: V de vendeta, Watchmen o la más reciente El castillo de los animales, son algunas de las que se me vienen a la cabeza ahora mismo.

Rebelión animal es mucho más que una actualización de Orwell. Es una advertencia sobre nuestro presente. Habla de Estados Unidos, sí, pero también de cualquier sociedad donde la democracia se dé por garantizada, donde el miedo pese más que la razón y donde los ciudadanos olviden que las instituciones solo sobreviven mientras exista voluntad de protegerlas. Como ocurría con Rebelión en la granja, el verdadero protagonista nunca son los animales: somos nosotros. Y esa es precisamente la razón por la que la obra resulta tan perturbadora como necesaria.

La edición que nos trae Moztros es en rústica, esas rústicas sólidas a las que nos tiene acostumbrados, 176 páginas en papel satinado de buen gramaje, extras, un tamaño de 17 x 26cm y un precio de 21,90€, apto para todos los bolsillos.

viernes, 24 de julio de 2026

Heavy Liquid, reseña por Jose

Cuando Paul Pope publicó Heavy Liquid entre 1999 y 2000 con el sello Vertigo de DC Comics, el cómic norteamericano atravesaba un momento de transición en el que convivían el cyberpunk, el noir y la ciencia ficción de autor con un panorama superheroico aún recuperándose de las secuelas de los 90. Había quedado atrás el auge especulativo de principios de la década y la industria buscaba nuevas formas de atraer lectores: Hellboy, Planetary, 100 balas o Top Ten, son algunas de las series que comenzaban a publicarse en esos años y que se han convertido en auténticos iconos comiqueros.
Fue una época en la que convivieron grandes cambios creativos con una recuperación económica gradual.

La miniserie de cinco números Heavy Liquid, que tiene un poco de todo lo comentado anteriormente, fue recopilada poco después de su publicación en un único volumen, nominada al Premio Eisner a la mejor serie limitada y se convirtió rápidamente en una de las obras que consolidaron a Pope como una de los autores más personales del cómic estadounidense contemporáneo. Este pasado mes de junio, los amigos de Moztros volvían a traernos recopilada en una estupenda edición en tapa dura esta maravilla del autor de Filadelfia.


Portada de la edición de Moztros.

La historia nos sitúa en una Nueva York futurista y decadente, una ciudad abigarrada, claustrofóbica y cyberpunk. Muy Blade Runner. Su protagonista es Stooge, conocido simplemente como S, un traficante y buscavidas cuya existencia gira en torno al misterioso Heavy Liquid, un claro homenaje a The Stooges, una sustancia de origen desconocido capaz de funcionar indistintamente como droga, material artístico o arma de un poder devastador.

Lo que comienza como el clásico encargo propio del género negro: encontrar a una artista desaparecida para que complete una obra definitiva utilizando el preciado material, termina convirtiéndose en un viaje marcado por la obsesión, el amor perdido, la adicción y la búsqueda de sentido en un mundo que parece haber sustituido cualquier sistema de valores por el consumo y el deseo.

A lo largo de la obra iremos descubriendo el pasado de S, su relación con la artista desaparecida y las razones por las que tanto la banda de los payasos (me encanta ese toque Picassiano) como un misterioso personaje vestido de negro le pisan los talones. También conoceremos las distintas facciones que habitan esta decrépita Nueva York poscapitalista y algunos fragmentos de la historia de un mundo que ya ha dejado atrás todo aquello que conocíamos.

Aunque su argumento puede resumirse como un thriller de ciencia ficción, Heavy Liquid destaca sobre todo por las ideas que recorren toda la narración. Pope utiliza el misterioso líquido como metáfora, o quizá sería más preciso hablar de una gran analogía, de las drogas, del capitalismo y de la necesidad humana de perseguir aquello que siempre parece estar fuera de nuestro alcance. La obra habla de la autodestrucción, de la incapacidad de escapar de las propias obsesiones y plantea una crítica feroz al capitalismo salvaje y a las élites económicas, dispuestas a emplear cualquier recurso con tal de hacerse con el objeto más exclusivo y codiciado. Resulta inevitable establecer un paralelismo con el presente y esa es, precisamente, una de las razones por las que, más de veinticinco años después de su publicación, Heavy Liquid sigue vigente.

Quiero destacar especialmente su desenlace, sin entrar en spoilers of course. Tras una búsqueda trepidante, después de conocer el pasado de S, las motivaciones que impulsan su investigación y el papel que desempeñan los distintos personajes, la gran revelación es que el verdadero protagonista de la historia nunca ha sido S, sino el propio Heavy Liquid. Es un cierre brillante que recontextualiza todo lo leído y culmina la obra con un final tan sorprendente como digno de las mejores historias de ciencia ficción.


Nuestro protagonista.

En el apartado gráfico, Paul Pope demuestra (también) por qué se le considera uno de los grandes del medio. Su dibujo mezcla la energía del manga, la elegancia de autores europeos como Moebius y la contundencia narrativa de Frank Miller, pero el resultado tiene una identidad absolutamente propia. Las páginas transmiten movimiento constante gracias a un trazo nervioso y expresivo, diría que líquido, mientras que el uso del color resulta contenido y atmosférico, alejándose del espectáculo visual habitual de la ciencia ficción para construir una obra casi táctil. Cada viñeta parece improvisada y, al mismo tiempo, cuidadosamente diseñada. Una obra maestra. Las perspectivas, la narrativa cinematográfica, los encuadres y el detalle en cada página, especialmente en las páginas completas, es simplemente espectacular

Las influencias y conexiones de Heavy Liquid son numerosas, diferentes y podemos rastrearlas en diferentes medios: es imposible no pensar en Blade Runner o Días Extraños por su visión melancólica y oscura de la ciudad futura o en Akira por la mezcla de violencia urbana, esa ciudad interminable y las sustancias de poder casi sobrenatural. También comparte ADN con novelas como Neuromante, un clásico del género de William Gibson, aunque Pope se interesa menos por la informática y la tecnología y mucho más por la dimensión emocional de sus personajes. Dentro del  cómic, El Incal de Moebius y Jodorowsky por su imaginación visual, Sin City por la estructura de novela negra y con trabajos posteriores del propio Pope como 100% o Batman: Año 100, donde continúa explorando sociedades futuristas.


Tremenda página de Pope.

En España, Heavy Liquid tuvo una primera edición de Norma Editorial en 2004, que sirvió como puerta de entrada para muchos lectores al universo de Paul Pope. Años después, Planeta DeAgostini recuperó la obra en 2010 dentro de una nueva edición que coincidía con el creciente reconocimiento internacional del autor. Ambas publicaciones contribuyeron a convertir el cómic en una pequeña obra de culto dentro del mercado español, aunque durante bastante tiempo ha permanecido descatalogado. 

La nueva edición publicada por Moztros Editorial recupera por fin este clásico en un volumen en cartoné de 264 páginas basado en la edición remasterizada internacional, incorporando material adicional sobre el proceso creativo y una reproducción gráfica excelente. Esta recuperación forma parte del esfuerzo de la editorial por reeditar la obra de Paul Pope en España tras la publicación de 100%, ofreciendo por fin el inicio de una biblioteca dedicada a  uno de los autores fundamentales del cómic independiente norteamericano.

En una valoración personal, considero que Heavy Liquid es una de las mejores puertas de entrada al universo creativo de Paul Pope si no la mejor. Probablemente sea la obra que mejor resume todas sus virtudes: un dibujo extraordinariamente vivo, personajes imperfectos, ciencia ficción social, humana y con alma y una capacidad poco común para mezclar acción, romance, filosofía y experimentación gráfica sin perder nunca el pulso narrativo. Una de las obras imprescindibles del cómic independiente estadounidense de finales del siglo XX y principios del XXI.

La edición de Moztros nos llega en, como ya he comentado, en cartoné, papel satinado para sus 264 páginas con extras y un precio de 29,90€.

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