Ardyan Longbow está de vuelta. Y también Frankman Román con una segunda entrega que amplía de forma muy notable el universo presentado en Las sombras de Board Hills una vez más, de la mano de Cartem dentro de su línea Spanish Bombs (¿referencia a The Clash? Le preguntaremos a Daniel).
Debo decir que desde que charlé con el autor y me chivó que esta segunda entrega de las aventuras de Longbow tenía tintes lovecraftianos, la he estado esperando como agua de mayo.
File Number: El culto olvidado se asoma al abismo cósmico. Frankman Román no solo continúa la historia iniciada en Las sombras de Board Hills, sino que amplía el universo del personaje con una narración más ambiciosa en la que el thriller detectivesco se funde con el horror cósmico, la conspiración y el estudio psicológico del protagonista.
Si la primera entrega era un ejercicio de noir contemporáneo con ecos del hard boiled más clásico, esta segunda da un paso adelante para abrazar un territorio mucho más cercano a Lovecraft aunque sin abandonar nunca la esencia del detective privado. El resultado es una obra que recuerda tanto al cine negro de los años cuarenta como a relatos modernos como True Detective, las novelas de James Ellroy o mi adorado John Connolly o los cómics de Ed Brubaker y Sean Phillips. Cuando la estaba leyendo, he tenido además esa sensación de estar inmerso en una partida del Mansiones de la locura, uno de mis juegos de mesa favoritos.
La trama comienza en 1977 con la muerte del prestigioso banquero Alexander Gibbons, que aparece muerto tras precipitarse desde el balcón de su mansión. ¿Se trata de un accidente, un suicidio o un asesinato? Esa será la incógnita que deberá resolver Howard Longbow, a quien la policía recurre para hacerse cargo de la investigación. El cadáver presenta un extraño símbolo dibujado con sangre sobre el pecho y el agente designado para ayudar a Howard, el sargento Mignola (ejem), tiene cierto parecido con cierto escritor de Providence...
La narración salta hasta 2010. Ardyam Longbow despierta en una habitación de hotel junto al cadáver de una mujer. Un fuerte golpe en la cabeza le ha provocado una pérdida parcial de memoria (y de sangre) y apenas dispone de una fotografía como única pista para entender qué ha sucedido.
Además, Román introduce un nuevo elemento: el detective no solo duda de los demás, sino que empieza a dudar de sí mismo (classic Lovecraft). La pérdida de memoria con la que arranca la historia convierte la investigación en un doble recorrido: descubrir quién cometió el crimen y descubrir quién es realmente Ardyan Longbow.
Es una obra más ambiciosa que Las sombras de Board Hills, más compleja y también más exigente para el lector, una obra que demuestra una clara madurez narrativa y una evolución muy notable respecto al primer volumen. Ojalá Frankman Román siga desarrollando este "Universo Longbow" porque no le falta potencial (ni lectores).


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