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martes, 18 de agosto de 2026

Stalingrado. Cartas desde el Volga, por Jose

Stalingrado. Cartas desde el Volga, de Antonio Gil y Daniel Ortega, es un cómic histórico que reconstruye una de las batallas más decisivas y brutales de la Segunda Guerra Mundial. La obra apareció originalmente en 2018, publicada por La Esfera de los Libros bajo el título Stalingrado. La historia gráfica. Ahora, en agosto de 2026, Cartem Cómics recupera el trabajo con el título Stalingrado. Cartas desde el Volga, en una nueva edición en tapa dura y de mayor tamaño. No se trata de una obra nueva, sino de una edición revisada que vuelve a traer a nuestras librerías un cómic que había quedado algo injustamente fuera del radar de muchos lectores.

Portada de la edición de Cartem.

El cómic se propone contar la batalla prácticamente desde sus antecedentes hasta la rendición alemana en febrero del 43. No lo hace siguiendo exclusivamente a un protagonista, sino mediante una combinación de narración histórica, escenas bélicas y testimonios de soldados. Las cartas de combatientes alemanes tienen una importancia especial y proporcionan el componente humano que sirve de contrapunto a la narración de las operaciones militares y que le dan un toque final a la obra más amargo si cabe. De ahí procede  el nuevo título, Cartas desde el Volga. El resultado final está a medio camino entre  el cómic, el documental histórico y la historia militar ilustrada. Una auténtica maravilla.

El verdadero protagonista del cómic es la propia batalla, al igual que en el recientemente publicado por Cascaborra Teruel. La lucha helada. Gil y Ortega relatan el avance alemán hacia el Volga, la entrada de las tropas en Stalingrado, los combates urbanos, la resistencia soviética (mención especial a ese cameo de las brujas de la noche), la llegada del general invierno, la Operación Urano y, finalmente, el cerco y destrucción del VI Ejército alemán. Es una historia que empieza con la sensación de que Alemania está a punto de conseguir otra gran victoria en el Frente Oriental y termina con cientos miles de hombres atrapados en una ciudad en ruinas, hambrientos, enfermos y conscientes de que probablemente no saldrán vivos de allí. 

La última esperanza germana.

Verano de 1942. Alemania había lanzado la Operación Azul, una gigantesca ofensiva hacia el sur de la Unión Soviética cuyo objetivo estratégico principal era alcanzar los recursos petrolíferos del Cáucaso. Stalingrado no era inicialmente el único ni el principal objetivo de la campaña, pero su posición a orillas del Volga y su importancia industrial y simbólica (llevaba a Stalin en el nombre) hicieron que la ciudad adquiriese una importancia que, a priori, no tenía.
Cuando los alemanes llegaron a la ciudad, Stalingrado se convirtió en algo muy diferente a las grandes batallas que habían caracterizado la guerra en el Este. Los bombardeos habían convertido la ciudad en un paisaje de ruinas y los soviéticos aprovecharon ese escenario y conviertieron la batalla en una guerra de guerrillas urbana: se combatía por fábricas, edificios, sótanos, escaleras y habitaciones. La Rattenkrieg, la "guerra de ratas", resume bastante bien esa transformación de la guerra mecanizada en una lucha animal prácticamente cuerpo a cuerpo. 

Y esta es una de las cosas que mejor transmite Antonio Gil con sus dibujos: su representación de Stalingrado es gris, sucia, fría y opresiva. Las ruinas, la nieve, el humo, el barro y los edificios destruidos forman un escenario claustrofóbico e infernal. La muerta rondaba en cada esquina, en cada ventana. Además, Gil presta una enorme atención al material militar, los uniformes, las armas y los vehículos (que ya sabemos cómo son los fans del bélico). No busca un dibujo estilizado o particularmente espectacular, sino una representación convincente y física de la guerra. ¿Lo consigue? Sin ninguna duda.

Las cartas.

El 19 de noviembre de 1942 comenzó la Operación Urano, dirigida contra los flancos del dispositivo alemán, los soviéticos rompieron las líneas defensivas y avanzaron desde el norte y el sur hasta cerrar el cerco. El VI Ejército alemán y otras unidades del Eje quedaron atrapados en el llamado Kessel, el "caldero" de Stalingrado. Lo que hasta entonces parecía una ofensiva alemana victoriosa se convirtió de repente en una catástrofe.

A partir de ese momento cambia también el tono del cómic. La historia deja progresivamente de ser la de una batalla por conquistar una ciudad y pasa a ser la historia de un ejército que intenta sobrevivir.  Y aquí las cartas cobran una mayor importancia: de la confianza en una victoria rápida, a la desesperación y la certeza de una muerta segura. Una vez más, el componente humano en contraste con la gran maquinaria que era el ejército alemán del que los soldados de la Wermacht eran poco más que un engranaje invisible, carne de cañón que sacrificar en aras de la victoria.

Y si el trabajo de Gil en el apartado gráfico es extraordinario, la labor de Daniel Ortega en la escritura de la historia es fantástica. Contar La Batalla de Stalingrado en poco más de 100 páginas se me antoja una tarea titánica (100 páginas de una intensidad tremenda, por cierto), la labor de documentación, investigación y síntesis para hacer semejante batalla comprensible y sobre todo accesible es digna de halago. Pero es que Ortega viene es escritor de novela histórica y bélica, ensayista, divulgador y podcaster y esta fue su primera incursión en el mundo del cómic.

Tremendo Antonio Gil.

Últimamente me gusta recomendar obras relacionadas con los cómics que reseño por aquí y esta vez no quiero dejar pasar la ocasión de recomendar un peliculón: Stalingrado, película de 1993 dirigida por Joseph Vilsmaier y que narra, pues bueno, ya lo podéis imaginar. Otra que me gustó bastante fue Enemigo a las puertas, filme británico de 2001 dirigido por Jean-Jacques Annaud y con un reparto de auténtico lujo.

La nueva edición de Cartem Comics me parece especialmente interesante por el formato. La editorial recupera el cómic en cartoné y un tamaño de 22,5 × 31,5 centímetros, con 112 páginas y un precio de 30 euros. Frente a los aproximadamente 19 euros de la edición de La Esfera de los Libros de 2018, es obviamente una edición más cara, pero también más acorde con un álbum cuyo principal atractivo visual está en el dibujo de Antonio Gil.
Queda dentro de la colección Historias de la guerra junto a títulos como El guardaespaldas de Masud, La insurgente de Varsovia o Hans Joachim Marseille. La estrella de África.

Además, la obra tuvo recorrido internacional: en 2019 fue publicada en Estados Unidos como Stalingrad: Letters from the Volga, por Dead Reckoning, con traducción de Jeff Whitman. 

Creo que de lo mejor del cómic es su capacidad para transmitir la dimensión física de La Batalla de Stalingrado. Después de leerlo, la batalla deja de ser únicamente una sucesión de nombres y fechas y adquiere una dimensión mucho más tangible: frío, barro, ruinas, hambre, edificios destruidos, soldados agotados y una sensación constante de que la situación se está deteriorando hasta desembocar inevitablemente en la catástrofe, la verdad es que acabas agotado. Un auténtico tebeazo, Damen und Herren.

martes, 28 de julio de 2026

El combate de Henry Fleming, reseña por Jose

Con El combate de Henry Fleming, el autor francés Steve Cuzor adapta una de las grandes novelas antibelicistas de la literatura estadounidense, The Red Badge of Courage (La roja insignia del valor) de Stephen Crane. Publicado originalmente por Dupuis en 2023 y editada este mismo mes de julio en nuestro país por Norma Editorial, esta adaptación demuestra que un clásico del siglo XIX puede seguir resultando absolutamente contemporáneo cuando cae en las manos de un autor con la sensibilidad visual adecuada. 


Portada del cómic.

La historia sigue a Henry Fleming, un joven soldado de la Unión durante la Guerra de Secesión Americana (1.861-1.865) que se enfrenta a un enemigo mucho más temible que el ejército confederado: su propio miedo. Crane convirtió este conflicto interior en el verdadero campo de batalla de la novela, y Cuzor entiende perfectamente que la guerra no es aquí un espectáculo épico, sino una experiencia psicológica. El resultado es un cómic donde el humo, el barro, el estruendo de la artillería y la confusión de los combates pesan tanto como los pensamientos del protagonista. 

Uno de los mayores logros de la adaptación es precisamente cómo traslada al lenguaje gráfico la introspección de Crane. Me ha recordado a la adaptación del maestro Tanabe de Las montañas de la locura, de mi adorado Lovecraft. La novela original vive en buena medida del monólogo interior y de las percepciones de Henry, algo difícil de trasladar a un medio visual. Cuzor opta por reducir la carga verbal y confiar en la fuerza de las imágenes. Las expresiones faciales, los silencios y las composiciones de página sustituyen muchas de las reflexiones del texto original. Es una adaptación que sintetiza sin traicionar el espíritu de la obra y convertirlo en un cómic más sobre la guerra: elimina parte de la reiteración psicológica de Crane, pero conserva intacto el viaje moral del personaje.

Así, las diferencias con la novela responden principalmente a las exigencias de un medio diferente como e el cómic. The Red Badge of Courage dedica muchas páginas a la evolución emocional de Henry, insistiendo una y otra vez en sus dudas, su cobardía, su culpa y su progresiva transformación. En el cómic, ese proceso resulta más inmediato gracias al dibujo (en mi opinión un poco acelerado, quizá) e inevitablemente pierde algunos matices de la prosa de Crane. A cambio, gana una dimensión física tremenda: casi podemos sentir el caos de la batalla, el polvo, el sudor, la sangre y las vísceras o el agotamiento de unos soldados que sienten cada vez más, conforme avanza la historia, que son carne de cañón (literalmente). El horror deja de ser una abstracción psicológica para convertirse en una experiencia visual.


El horror de la batalla.

Steve Cuzor lleva años consolidándose como uno de los grandes dibujantes del cómic europeo. Ya había demostrado su talento en obras como Una estrella de algodón negro, donde combinaba documentación histórica con una narrativa muy cinematográfica, también publicada en nuestro país por Norma. Su estilo recuerda en ocasiones a autores como Hermann o Eduardo Risso por su dominio de las sombras y de la composición, aunque mantiene una personalidad propia: su dibujo es muy expresivo y su uso del color, espectacular. 
Narrativamente, Cuzor apuesta por un ritmo pausado. No busca el espectáculo bélico, sino que el lector permanezca junto a Henry Fleming. Los combates, desde luego, son violentos y frenéticos pero también confusos y caóticos. Esa decisión conecta directamente con la intención de Stephen Crane, quien escribió una de las primeras novelas modernas sobre la guerra sin haber combatido jamás, centrándose más en la experiencia psicológica que en la reconstrucción histórica, aunque tampoco creo que fueran muy diferentes de como los escribió Crane. 


El combate también está en el interior.

Comparada con otras obras del género, El combate de Henry Fleming comparte con la película Senderos de gloria la crítica al heroísmo militar o la desmitificación del combate, aunque aquí el conflicto es mucho más íntimo e incluso con la multipremiada y reciente Sin novedad en el frente, adaptación al cine de la novela homónima del escritor alemán Erich Maria Remarque. En televisión, conecta con el espíritu de Band of Brothers por el realismo del combate, aunque la serie apuesta más por el espíritu colectivo mientras que Cuzor permanece casi exclusivamente dentro de la mente del protagonista. 

En el terreno del cómic resulta inevitable pensar en La guerra de Charley (Cartem), gran referencia antibelicista del medio, así como en Blazing Combat (Norma), donde la guerra también aparece desprovista de cualquier romanticismo.

Como adaptación, El combate de Henry Fleming me parece un trabajo sobresaliente. Steve Cuzor, sabe adaptar a un medio visual un clásico del género y salir indemne utilizando las herramientas propias del cómic.

Norma nos trae esta obra en cartoné, con tamaño de 23,5 x 31 cm y papel satinado para las 152 páginas de este comicazo con un precio de 35€. Además, y a modo de epílogo un estupendo artículo sobre la vida y obra de Stephen Crane y el recorrido de su novela desde que fue publicada.

lunes, 6 de julio de 2026

Guerras y dragones vol. 1, reseña por Jose

"Cuando una guerra azota el mundo, los dragones despiertan y se unen a los héroes alterando el curso de la historia." Con una premisa así, ya me habían conquistado. Guerras y dragones era uno de los lanzamientos de Yermo Ediciones a los que más ganas les tenía este año. La propuesta es una auténtica gozadera: una ucronía bélica que combina la aviación militar, algunos de los conflictos bélicos más impoertantes del siglo XX y la fantasía épica con una facilidad sorprendente. Un cóctel explosivo en el que aviones de combate y dragones comparten el mismo cielo y que nos lleva inevitablemente a pensar en Arrowsmith. Las comparaciones son casi automáticas, aunque Guerras y Dragones pronto demuestra que tiene personalidad suficiente para volar por sí sola (pun intended).

En Francia, la serie corre a cargo de Soleil Productions, la editorial responsable de éxitos como Las Tierras de Arran y Ogon. La edición que publica Yermo reúne los dos primeros álbumes originales: La batalla de Inglaterra y La escuadrilla Lafayette. Ambos cuentan con guion de Nicolas Jarry, uno de los nombres más reconocidos del cómic fantástico francobelga, mientras que el apartado gráfico se reparte entre VAX (Vincent Cara), encargado del primer álbum, y la dupla formada por Lucio Leoni y Emanuela Negrin en el segundo. El resultado es un primer volumen que sienta las bases de un universo de lo más atractivo en el que la historia alternativa y la fantasía conviven con total normalidad.
 

Portada del primer volumen publicado por Yermo.
 
El primer álbum, La batalla de Inglaterra, es el más impactante de los dos. Ambientado durante uno de los episodios decisivos de la Segunda Guerra Mundial, nos propone una reinterpretación del enfrentamiento aéreo entre la RAF británica y la Luftwaffe alemana sustituyendo parte de la aviación por escuadrones de dragones. La historia avanza con un ritmo altísimo encadenando persecuciones, maniobras tácticas y combates aéreos espectaculares con un ritmo muy cinematográfico. Es una historia de acción que no pretende reinventar el género, pero sí ofrecer una versión distinta de uno de los episodios más conocidos de la Segunda Guerra Mundial con una trama familiar de fondo de lo más interesante ligada al despertar de los dragones que le da más empaque a la historia.

Aquí el interés no reside tanto en la sorpresa argumental (que también) como en el desarrollo del conflicto y el destino de los personajes principales. Nicolas Jarry demuestra conocer bien los códigos del relato bélico clásico y los adapta al componente fantástico. Las batallas mantienen la tensión: respetan principios militares como la superioridad aérea, la coordinación entre unidades o la importancia del terreno, añádele dragones y ya, miel sobre hojuelas.
 
El segundo álbum, La escuadrilla Lafayette, ambientado durante la Primera Guerra Mundial, resulta algo más clásico. Aquí pesa más el crecimiento del protagonista, la camaradería entre pilotos y el deseo de venganza que la pura espectacularidad. La épica deja espacio al drama personal y al sacrificio,  aporta un tono más emotivo al conjunto y deja claro que este universo admite registros muy diferentes al igual que ocurre en Historias de la guerra, de Garth Ennis. 
 

El dibujo de VAX en el primer álbum es espectacular.
 
Quiero dejar claro que la serie apenas se detiene a explorar las enormes implicaciones económicas, sociales o geopolíticas que tendría la existencia de dragones desde hace siglos. ¿Cómo habrían cambiado los imperios? ¿Qué efecto tendrían sobre la revolución industrial? ¿Cómo evolucionaría la tecnología? Son preguntas que el cómic apenas plantea.
Y para mí, lejos de ser un defecto grave, esto define claramente cuál es su objetivo: ofrecer entretenimiento palomitero de primer nivel antes que una reconstrucción histórica exhaustiva.  Acción, épica y espectacularidad visual. 
 
Y vaya si lo han conseguido, en La batalla de Inglaterra, el dibujo es puro espectáculo. Las escenas aéreas están magníficamente planificadas, las composiciones son dinámicas,  transmiten velocidad, altura y sensación de peligro constante. Los diseños de los dragones son fantásticos y cada tipo (no solo hay dragones voladores o escupefuego) está muy diferenciado del resto al igual que los de cada bando. Preparaos para algunas splash pages espectaculares.
En La escuadrilla Lafayette, el estilo es más más contenido y diferente favoreciendo la narrativa de personajes sin perder calidad en las secuencias de combate aunque exista una diferencia apreciable entre ambos equipos creativos en la parte gráfica.
 

Emanuela Negrin y Lucio Leoni tampoco son mancos.
 
Yo creo que la principal virtud de Guerras y dragones es su  capacidad para divertir (además de un apartado gráfico increíble). Es un cómic que entra por los ojos desde la primera página y que mantiene un ritmo muy alto y muy sólido durante toda la lectura.
La mezcla entre aviación militar y dragones funciona bien porque nunca parece arbitraria. Todo responde a una lógica interna muy consistente que hace que estés dentro desde el minuto uno.

En definitiva Guerras y dragones es un estupendo ejemplo de cómo una buena idea puede sostener una serie muy entretenida cuando está ejecutada con cierto oficio. Quizás no alcanza la sofisticación narrativa de Arrowsmith, ni la profundidad histórica de El piloto del Edelweiss, pero tampoco pretende competir en ese terreno: su objetivo es ofrecer una gran aventura bélica con dragones, y en eso acierta plenamente. 
La combinación de una premisa irresistible, un gran sintido del espectáculo y un apartado gráfico de gran nivel convierte este primer volumen en una de las propuestas más originales y entretenidas del catálogo reciente de Yermo.
 
Lo interesante de la colección es que no sigue una continuidad. Cada álbum funciona como una historia prácticamente autoconclusiva con protagonistas diferentes y ambientada en una guerra distinta. El verdadero hilo conductor es el universo compartido: en todos los grandes conflictos de la historia moderna despiertan dragones que se vinculan a determinados hombres y mujeres alterando el curso de los acontecimientos.
En Francia ya hay publicados tres álbumes más de este universo Guerras y dragones, esperemos que los amigos de Yermo nos los traigan pronto.
 
La edición, tan cuidada como siempre: 32 x 22.8 cm, para que luzca el dibujo, tapa dura y  papel de buen gramaje para las 127 páginas del álbum y un precio de 30€.

miércoles, 28 de agosto de 2024

Johnny Red, el Hurricane. Reseña por Jose

Tony Iverson, un multimillonario americano apasionado por la aviación, consigue hacerse con los restos de un destrozado Hawker Hurricane de la Segunda Guerra Mundial con la intención de restaurarlo y hacerlo volar otra vez.  En su afán por documentarse y descubrir cómo un aparato de la RAF acaba estrellado mucho más allá de las líneas enemigas, en la Alemania oriental, terminará en Rusia, donde conocerá a un viejo piloto ruso que le contará la increíble historia del Hurricane y de su piloto: Johnny "Red" Redburn.

                                        Cubierta de la magnífica edición de Cartem.

Garth Ennis y Keith Burns rescatan al mítico personaje creado Tom Tully y Joe Colquhoun a finales de los 70 para, tal y como hacen con el Hurricane en el cómic, darle una segunda vida y la oportunidad de descubrir sus aventuras originales a quienes hayan disfrutado (imposible no hacerlo) del cómic que tenemos entre manos. 
Johnny Red es un aviador inglés caído en desgracia que acaba liderando un escuadrón soviético que, en una misión secreta, podría haber cambiado el curso de la contienda. De hecho, podemos decir que en cierto modo lo cambió al participar decisivamente en la defensa de Stalingrado en el 42 tal y como nos cuenta Ennis en el cómic.
El Escuadrón Halcón merece su propio apartado. Es imposible molar más que este grupo de pilotos que te enamora desde la primera viñeta: Yakob, Rodimitz, Krasov, el joven Popovich y cómo no, el grupo de Las brujas de la noche, que sembraban el pánico entre las tropas nazis con sus bombardeos nocturnos, liderado por la temible Nina Petrova. Los diseños de los personajes no pueden ser mas chulos (Yakob es un auténtico vikingo) y cada viñeta en la que aparecen, rezuma molonidad y frases lapidarias, señas de identidad de Ennis en sus cómics bélicos.


                                                  Héroes de la Unión Soviética.

Los combates aéreos también merecen su propio apartado. Son sencillamente increíbles, no en vano, Burns pertenece al gremio de dibujantes aeronáuticos desde hace más de una década y no se le puede poner un solo pero a sus Sturmoviks rusos o los Messerschmidtts 109 alemanes además del dinamismo y el realismo que le imprime a cada viñeta y splash page que nos regala el autor británico al que ya conocemos de Out of the blue, también en colaboración con Ennis, por citar alguno de sus trabajos más recientes. 
Lo único que voy a decir es que son algunos de los mejores combates aéreos que he visto en cómic en mi vida y sin olvidarme del espectacular trabajo al color de Jason Wordie sin el cual, no me cabe duda de que este cómic no sería lo mismo ni de lejos.


                                              Ataque aéreo a un aeródromo nazi.

En definitiva, un pedazo de tebeo en el que Ennis, una vez más, demuestra su amor y su pasión por el género bélico; en este caso, rescatando a un personaje clásico, creando una aventura a la altura del mismo y escribiendo un canto al heroísmo, a la camaradería y al honor en medio de la tremenda carnicería que fue el asedio a Stalingrado y en general, la Segunda Guerra Mundial.

La edición de Cartem, exquisita como siempre. Tapa dura para estas 208 páginas a tamaño 20 x 29,7 cm que recogen la miniserie de ocho números publicada originalmente por Titán cómics en 2015, las portadas originales sin texto (alguna de ellas del mismísimo Carlos Ezquerra, ojo), prólogo de Dave Hunt, Bocetos y artículos por 25€.
¡Za ródinu!

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