lunes, 8 de junio de 2026

Viejas promesas, reseña por Jose

El pasado mes de abril, los amigos de Dolmen Editorial recuperaban para las librerías Viejas promesas, un cómic divertido y entrañable que combina fútbol, humor y nostalgia generacional. Oro puro para quienes crecimos viendo El día después en Canal +. 
La obra está escrita por Álvaro Velasco e Iñaki San Román, responsables del podcast futbolero Paquetes, en el que reivindican con humor (y también con cariño) a esos jugadores, equipos y momentos que quedaron al margen de los grandes relatos del fútbol. Con ilustraciones de Pedro Rodríguez, Viejas promesas construye una historia cargada de referencias futbolísticas, amistad y recuerdos de juventud, un cómic que conquistó a crítica y público y que fue galardonado con el premio al Libro del Año otorgado por la prestigiosa revista Panenka.
 

Portada del cómic.
 
La historia sigue a Beni Castanera, un representante de futbolistas de los de antes, de los de empeñar su palabra y darlo todo por su representado.  En los 90, a punto de alcanzar el éxito al descubrir a Rafael "Fali" Fernández, una joven promesa del deporte, una grave lesión trunca la carrera del jugador junto con los sueños de gloria de Beni. Años después, Beni sigue anclado en el pasado, sobreviviendo como puede, hasta que surge una nueva oportunidad de redención. Por el camino, ha perdido a su familia y la oportunidad de ser uno de los grandes pero, "un representante tiene que hacer sacrificios". Beni no es solo un representante venido a menos; es la encarnación de todos aquellos que un día estuvieron convencidos de que les esperaba algo grande y acabaron descubriendo que la vida tenía otros planes (os suena la ¿Generación X?).
 
Esta obra utiliza el fútbol para hablar de la vida, es una tragicomedia cargada de humor, melancolía y humanidad que encuentra en el universo futbolístico un escenario perfecto para reflexionar sobre los sueños incumplidos, el paso del tiempo y la búsqueda de una segunda oportunidad. La presencia de Álvaro Velasco e Iñaki San Román transpira (pun intended) en cada página: esa mirada romántica hacia los perdedores entrañables constituye el corazón de Viejas promesas. Igual que en su anterior libro, El álbum de Paquetes, los autores demuestran que sienten tanta fascinación por las grandes estrellas como por quienes se quedaron a las puertas de la gloria. 
 
La historia se apoya además en un contexto futbolístico muy reconocible para quienes crecieron (como quien escribe estas líneas) en la España de los años noventa. Aquella era una época previa a la hiperprofesionalización actual, a las redes sociales y las camisetas de tu equipo a 150 euros, este tebeo se ambienta en una época en la que todavía existían representantes pintorescos, presidentes excéntricos, futbolistas que fumaban en el descanso, promesas que aparecían en los suplementos deportivos antes de desaparecer sin dejar rastro y clubes donde la improvisación era casi una forma de vida: Clemente, Mendoza, Lopera, el Súperdepor... este cómic captura ese ecosistema de campos embarrados, torneos juveniles, coches de segunda mano y conversaciones de bar en las que siempre parecía esconderse el próximo fenómeno del fútbol español. La nostalgia que desprende la obra no nace de la idealización, sino del reconocimiento de un fútbol que ya no existe. 
Grande Beni.
 
Uno de los grandes aciertos del cómic es su equilibrio. Velasco y San Román dominan el humor gracias a su experiencia como guionistas y podcasters, pero saben evitar que los chistes resten profundidad a los personajes. Las situaciones cómicas surgen de forma natural: a través de diálogos ágiles y de personajes secundarios sacados de la fauna más peculiar del fútbol español. Sin embargo, bajo esa superficie divertida se esconde una reflexión bastante amarga sobre el fracaso, la frustración y la dificultad de aceptar que el tiempo pasa para todos. 
 
En el apartado gráfico, Pedro Rodríguez resulta fundamental para que la historia funcione. Su dibujo apuesta por la expresividad de los personajes y por una puesta en escena dinámica que transmite perfectamente el ritmo de la narración. Rodríguez entiende que el fútbol no es únicamente lo que ocurre sobre el césped; también son las oficinas, las cafeterías, los viajes por carretera y los vestuarios y eso se nota en las composiciones de página, un auténtico locurón. Su estilo caricaturesco pero humano permite que la obra funcione con naturalidad entre la comedia y el drama. Los escenarios y detalles visuales ayudan además a recrear esa atmósfera noventera que impregna toda la lectura, la capea es algo increíble (realmente es muy creíble, sabemos que esas cosas iban así).
 

Tremenda composición de página y el gran Kiko Narváez.
 
Quizá la mayor virtud de Viejas promesas sea que no exige ser un apasionado del fútbol para disfrutarla pero es cierto que los lectores futboleros la vamos a disfrutar muchísimo más gracias a guiños, personajes y situaciones muy reconocibles, pero, eso sí, la obra funciona sobre todo como una historia universal sobre las expectativas incumplidas. Todos hemos conocido alguna "vieja promesa" que parecía destinada a triunfar y terminó tomando otro camino y los autores han tomado ese concepto y se han marcado una obra maravillosa.
 
En definitiva, Viejas promesas es una de las mejores obras recientes surgidas de la mezcla entre cómic y fútbol. Divertida, nostálgica, tierna y melancólica a partes iguales, consigue retratar con enorme cariño y humor una época y un tipo de personajes (sí, personajes) que rara vez ocupan el centro de las historias. Su mezcla de humor, memoria futbolística y emoción la convierten en una lectura muy recomendable tanto para aficionados al deporte rey como para cualquier lector que disfrute de las historias sobre segundas oportunidades. Un estupendo Slice of life futbolero que he disfrutado tremendamente porque, al final, Viejas promesas no habla de fútbol, habla de todos esos sueños que un día parecían inevitables y que la vida se encargó de llevar por otro camino. 
 
La reedición de Viejas promesas por parte de Dolmen Editorial es una edición muy cuidada, el volumen se presenta en tapa dura, un tamaño de 19 x 27 cm, 96 páginas a color y un papel de buen gramaje (ni satinado ni offset) que permite que el trabajo gráfico de Pedro Rodríguez luzca genial a un precio de 22€.

viernes, 5 de junio de 2026

Alpha Flight de Bill Mantlo, reseña por Jose

Este pasado mes de mayo, quienes crecimos leyendo pijameo a finales de los 80 fuimos a nuestra librería habitual con la cartera entre los dientes a por uno de esos cómics capaces de devolvernos de golpe a la infancia: la reedición de la etapa de Alpha Flight escrita por el gran Bill Mantlo. Muchos volvimos a dar saltitos de alegría al ver cómo regresaba a las estanterías  una serie tan especial como injustamente olvidada durante años. Quienes nos escuchéis con asiduidad ya sabéis que llevamos mucho tiempo reivindicando esa etapa y una reedición de la misma. Don Jose María Panini escuchó nuestras súplicas y ya tenemos el tochamen en nuestras manos.

Porque la etapa de Mantlo no fue solo una colección de aventuras superheroicas; fue una propuesta valiente, imaginativa y diferente para los estándares de la época; capaz de mezclar ciencia ficción, fantasía, drama y humor con una personalidad única dentro del universo Marvel. Para toda una generación de lectores, aquellas historias protagonizadas por el peculiar grupo canadiense forman parte de los recuerdos más queridos de nuestra afición. ¿Estoy siendo imparcial? para nada, pero qué queréis que os diga...

Portada del tochamen de Panini.

A mediados de los ochenta Marvel atravesaba una época de expansión creativa. Series como los X-Men de Claremont, los Cuatro Fantásticos de Byrne o los Nuevos Mutantes exploraban conceptos cada vez más complejos. Mantlo ya se había ganado una reputación como uno de los escritores más imaginativos de la editorial gracias a obras como Micronautas, ROM o Hulk. A finales de 1.985, Byrne decidió que ya había contado todo lo que tenía que contar del supergrupo de su creación, Alpha Flight, y pensó que sería buena idea un cambio de equipos creativos entre su colección y la de Hulk (Mantlo/Mignola) que venía de la gloriosa etapa de La encrucijada y cuyo final aparecería en el número 29 de Alpha Fligh, el primero de Mantlo y que no está incluído en este primer volumen al estarlo en el agotadísimo y objeto de especulación desde hace años Marvel Héroes. El Increíble Hulk: La Encrucijada (a ver si el señor Panini nos lee y decide reeditarlo en algún momento).

Cuando Bill Mantlo asumió los guiones de Alpha Flight, heredó una serie que estaba inevitablemente marcada por la sombra de Byrne, que había convertido a Alpha Flight en una colección muy peculiar dentro de Marvel: más centrada en los personajes que en las aventuras superheroicas convencionales, muy basada en los conflictos personales de sus protagonistas. 
La etapa de Mantlo se extiende desde Alpha Flight #29 hasta el #66, además de varios anuales en una de las etapas más largas de la historia del grupo. Mientras Byrne había construido un cómic relativamente contenido, Mantlo convirtió la serie en un laboratorio de ideas donde coexistían ciencia ficción, fantasía, horror cósmico, mitología indígena y melodrama pijamil. Una gozadera.

Mignola odiaba dibujar superhéroes. Hizo tres número y dejó la colección.

Si hubiera que resumir la etapa de Mantlo en una sola frase, diría que no tenía miedo de cambiar absolutamente nada.
Durante su estancia reorganizó por completo el equipo, alteró radicalmente la vida de varios personajes, introdujo nuevos miembros, transformó las relaciones personales y potenció los componentes fantástico y sobrenatural. Una auténtica telenovela.
Los lectores de la colección estaban divididos entre quienes disfrutábamos cada número y a quienes les parecía un novelón.
 
Heather pasó a asumir progresivamente el liderazgo del grupo. Su evolución hacia Vindicador es probablemente la columna vertebral emocional de toda la etapa, la relación entre Shaman y Talisman adquiere una importancia enorme y profundiza en el conflicto generacional y la magia indígena, Walter Langkowsky, Sasquatch, pasa a ser Wanda Langkownsky en una decisión que fue bastante controvertida en aquella época. Además, los problemas psicológicos de los gemelos (Estrella del norte y Aurora) no dejan de agravarse, veremos el origen de Puck y de la amistad entre Heather, su marido y Lobezno en una pieza más de lo que era el puzzle vital de nuestro querido mutante peludo de garras irrompibles.
No quiero olvidarme de ese epílogo a El regalo, el crossover entre La Patrulla-X y Alpha Flight, que nos contaron Mantlo, Brigman y Portaccio en el número 50 de la colección, número que cierra este primer volumen con un Loki haciendo de las suyas y un cambio de Statu Quo de casi todos los componentes del grupo.
La etapa de Mantlo también nos dejó villanos intereasantes: Pestilencia, las Grandes Bestias, La reina de los sueño o la primera aparición de Dama Mortal, ojo.
 
A pesar de todo (y casualidades del destino), tras pasar a periodicidad bimestral, ya sabíamos que las ventas no andaban bien cuando eso pasaba, la serie acabó junto a la de Hulk en un Marvel two in one a partir del numero 39 de Forum y acabando en la entrega número 61. Para entonces, Bill Mantlo ya había abandonado la colección tras una buena última etapa con Jim Lee en el apartado gráfico y, ojo, el Hulk de Peter David acompañando al supergrupo canadiense en la publicación. 
 

Alpha Flight #33: Dama Mortal por Sal Buscema y Gerry Talaoc.
 
Y es que Alpha Flight no acabó de cuajar entre los lectores de cómics de entonces, ni en EEUU ni en nuestro país, yo devoraba cada entrega a pesar del constante cambio en el apartado gráfico: Mignola, Sal Buscema, Bogdanove, June Brigman y finalmente, un primerizo Jim Lee que le cogió el punto a la serie en apenas tres números a pesar de que se fiaban poco del chaval y le pusieron a Milgron de entintador, por si acaso, en una etapa final de Mantlo bastante interesante que veremos en el siguiente volumen.
 
En general, no creo que la etapa de Mantlo alcance la calidad ni la influencia histórica de la de Byrne, pero me parece una lectura mucho más arriesgada y por qué no decirlo: imaginativa. Tiene sus defectos, claro que sí, sin embargo, tiene una creatividad casi inagotable y una extraña mezcla de superhéroes, fantasía, terror y ciencia ficción (me estoy repitiendo, lo sé) que la hace única dentro de la Marvel de los ochenta con una personalidad muy marcada y un tono muy definido.
 
La ediciónn de SD/Panini es en tapa dura, contiene los números 30 a 50, el Annual #1 y un número de Los vengadores ligado a la trama de Marrina (tremendo drama). 
624 paginazas en papel offset de calité y un precio de 62,95€ 
 
Por poner una pega: la nueva edición que nos trae Panini es de Edición Limitada y ya sabemos lo que eso significa: FOMO y, por desgracia, especulación a los dos días.

martes, 2 de junio de 2026

Animales domésticos, reseña por Jose

Este pasado mes de mayo nos llegaba, de la mano de Salamandra Graphic, la nueva obra de la italiana Bianca Bagnarelli: Animales domésticos. En esta nueva obra, la autora transalpina reúne 13 relatos aparecidos en diferentes publicaciones. Estos relatos no están conectados entre sí ni forman un todo, son pequeñas historias independientes que exploran la fragilidad emocional contemporánea: la soledad, los celos o el duelo; sus causas, sus consecuencias y cómo afectan a sus protagonistas.

Portada.

Confieso que tenía muchas ganas de leer esta antología de Bagnarelli, quienes disfrutamos de este formato tenemos difícil encontrar antologías de este tipo en el mundo del noveno arte y lo cierto es que he disfrutado mucho su lectura porque además, su narrativa y su estilo me recuerdan mucho al los de mi adorada Laura Pérez, de quien ya hemos comentado alguna obra suya en este mismo blog: Totem y Nocturnos son dos pedazos de tebeos que nunca nos cansamos de recomendar. 

Lo cierto es que uno de los grandes logros de este cómic  es su capacidad para sugerir y su contención en la narración: silencios, gestos, miradas y juegos de luces; paisajes humanos y paisajes vacíos transmiten esas sensaciones de las que hablaba al principio: soledad, duelo, dolor o extrañeza, pero eso sí, cada historia tiene su propia atmósfera dentro del tono melancólico general de la obra que inunda los 13 relatos. La composición de página, el color o la luz, hacen que cada historia sea única y diferente del resto.

La luz, el color y el michi.

Nacida en Milán en 1988, Bianca Bagnarelli es una de las voces más reconocidas del cómic y la ilustración contemporáneos en Italia junto con mi admirado Zerocalcare o el gran Manuele Fior. En 2010 cofundó la editorial independiente Delebile, dedicada a la publicación de cómics de autores emergentes italianos e internacionales. Su primer libro, Fish, publicado por Nobrow Press, obtuvo la medalla de oro de la Society of Illustrators en la categoría de cómic corto, un reconocimiento que impulsó su carrera internacional.
Paralelamente a su trabajo como historietista, Bagnarelli ha desarrollado una sólida carrera como ilustradora para medios y editoriales de primer nivel. Ha colaborado con The New Yorker, The New York Times, National Geographic, Penguin Random House y numerosas publicaciones culturales y literarias. Su estilo, caracterizado por un dibujo elegante, expresivo y de gran sensibilidad cromática, le ha permitido moverse con naturalidad entre la ilustración editorial y el cómic de autor. 

El color y la composición de página son fundamentales en esta obra.

En definitiva Animales domésticos es una estupenda colección de relatos breves que destaca por su sensibilidad emocional y su excelente apartado gráfico (vamos a poder disfrutar de la evolución de la autora a través de los años). Bianca Bagnarelli apuesta por la sugerencia más que por la explicación, construyendo historias sutiles y a menudo abiertas a la interpretación, cosa que me encanta pero que entiendo que no es del gusto de tod@s l@s lector@s.

Creo que es una obra muy recomendable para lector@s interesados en el cómic de autor contemporáneo (Laura Pérez, Adrián Tomine o Guy Delisle) y en las historias centradas en los matices de las relaciones humanas con una excelente combinación de elegancia visual y profundidad emocional.

La edición de Salamandra Graphic es en rústica con solapas, papel offset de calité para las 224 páginas de la obra, un tamaño de 15.2 x 20.9 cm y un precio de 24,90€

lunes, 1 de junio de 2026

Ulises y Cyrano, reseña por Jose

Este pasado mes de abril, nos llegaba desde Norma Editorial uno de los cómics más premiados en Francia de 2024: Ulises y Cyrano, uno de esos cómics que, al igual que Los buenos veranos son para disfrutarlos, saborearlos y reconciliarte con la vida. Un tebeo maravilloso.
La cocina, el amor por el oficio y la búsqueda de tu identidad son los ingredientes principales de este magnífico cómic firmado por Xavier Dorison, Antoine Cristau y el dibujante Stéphane Servain. Tridente de lujo para este comicazo.
 

Portada del cómic.
 
La historia, ambientada en la Francia de los 50, sigue a Ulises Ducerf, un chaval cuyo futuro está decidido desde su nacimiento: heredar la empresa cementera familiar. Sin embargo, el destino, como suele ser habitual, tiene la mala costumbre de ignorar los planes empresariales de los padres, y un traslado a la localidad de Les Maranges (debido a un escándalo digamos, político, relacionado con su padre y la empresa) pondrá en su camino a Cyrano, un ex chef muy temperamental que estaba destinado a ser el mejor cocinero de Francia: brillante, volcánico y con un carácter capaz de hacer llorar a las cebollas. Lo que comienza como un encuentro casual termina convirtiéndose en una historia de aprendizaje, pasión y descubrimiento personal. 
 
Uno de los grandes temas del cómic es la vocación. Ulises y Cyrano habla de esa lucha entre lo que se espera (esperan) de nosotros y lo que realmente deseamos ser. Ulises representa a cualquiera que haya sentido el peso de una herencia familiar o de unas expectativas ajenas. Cyrano, por su parte, encarna la excelencia, el sacrificio y la idea de que el talento, por sí solo, no sirve de mucho si no se acompaña de trabajo. La relación entre ambos funciona como una especie de mentor y discípulo, aunque en ocasiones parece más una combinación entre maestro zen y sargento de hierro culinario. 
 
Otro de los aspectos más interesantes de Ulises y Cyrano es el papel que juega la cocina dentro de la historia. No aparece simplemente como un escenario o una profesión, sino como un auténtico lenguaje a través del cual los personajes expresan quiénes son. Algo parecido a lo que comentábamos en Sabores únicos, de Ram V y Filipe Andrade. La cocina se convierte en una forma de entender el mundo, una disciplina que exige creatividad, sacrificio, paciencia y una búsqueda constante de la excelencia. Cada plato preparado por Cyrano refleja su personalidad, mientras que para Ulises supone una puerta hacia el descubrimiento de sí mismo y de lo que quiere hacer con su vida. 
Y sí, lo digo claramente y no me escondo: leer Ulises y Cyrano te da hambre. Mucha hambre. No importa si acabas de desayunar, comer o cenar; vas a llegar a esa página y vas a tener que parar de leer y de asaltar la nevera. Uno termina admirando la evolución de los personajes mientras piensa en reservar mesa en un restaurante. 
 

Donde ocurre la magia.
 
La obra también plantea una reflexión sobre qué es el éxito. En un mundo obsesionado con los resultados inmediatos, Ulises y Cyrano reivindica la paciencia, el aprendizaje constante y el orgullo (y la satisfacción, venga va) de hacer bien las cosas. No se trata únicamente de cocinar; se trata de encontrar lo que da sentido a nuestra vida y dedicarle tiempo, esfuerzo, ganas y corazón. Puede sonar solemne, pero este cómic consigue transmitirlo sin caer en discursos grandilocuentes ni en frases de taza de desayuno.
 
Visualmente, Stéphane Servain realiza un trabajo espectacular. Sus páginas transmiten tanto la belleza de los paisajes franceses como la intensidad de las cocinas profesionales y las que no lo son tanto (por momentos me ha venido a la cabeza The Bear) Hay escenas en las que prácticamente se puede oler la mantequilla derritiéndose o escuchar el ruido de los cuchillos sobre la tabla y páginas como la del "bautismo" que son una auténtica barbaridad de composición, expresividad y color.
Xavier Dorison vuelve a demostrar por qué es uno de los guionistas más reputados del cómic europeo. Obras como Undertaker o El castillo de los animales ya habían mostrado su capacidad para combinar entretenimiento y profundidad. Aquí, junto a Antoine Cristau, construye un relato mucho más íntimo y emocional, donde los silencios son tan importantes como los diálogos.
 
En definitiva, Ulises y Cyrano es una de esas lecturas que dejan buen sabor de boca (pun intended) mucho después de cerrar el álbum. Habla de la amistad, del aprendizaje, del orgullo por el trabajo bien hecho y de la necesidad de perseguir aquello que nos hace felices. Un cómic cálido, inteligente, humano y por qué no decirlo: precioso, que demuestra que, a veces, las mejores aventuras no consisten en salvar el mundo, sino en descubrir quién eres realmente. Y, de paso, aprender a preparar un puchero e intentar que te salga mejor que el de tu abuela. Misión Imposible. 
 
La edición de Norma es espectacular con un tamaño de 24,4 x 33,2 cm, tapa dura y un acabado que parece tela, el papel de las 172 páginas es offset de alto gramaje y con un color hueso que le va que ni pintado, además, a mode de extras, varias de las recetas que aparecen en el cómic. Precio: 38€.

Viejas promesas, reseña por Jose

El pasado mes de abril, los amigos de Dolmen Editorial recuperaban para las librerías Viejas promesas , un cómic divertido y entrañable que ...