Kieron
Gillen (The Wicked & The Divine, Once & Future o Die) vuelve a Marvel y
lo hace acompañado de Esac (El deseado, porque siempre estamos deseando que
dibuje algo XD), Ribic y Matt Wilson para contarnos la penúltima historia de
Los eternos justo a tiempo del estreno de su película.
Los
eternos, una de las grandes creaciones del Rey Kirby, nunca han sido unos
personajes especialmente populares, de hecho, apenas cuentan con unos 50 ó 60
números entre miniseries y apariciones en otras colecciones aunque con el
tiempo han llegado a convertirse (tanto ellos como su mitología) en piedras
angulares del Universo Marvel. Fijaos en Los celestiales si no.
Portada de la edición de Panini
El
hecho es que tras llevarse un tiempo desaparecidos del panorama comiquero, el
nuevo estreno del MCU ha hecho que vuelvan a saltar a la palestra y, tras las
sorprendentes revelaciones en la colección de Los vengadores guionizada por
Jason Aaron, es el británico Kieron Gillen el encargado de revitalizar a este
inusual grupo de ¿superhéroes?
Proteger a los Celestiales. Proteger a la Máquina. Corregir
el exceso de desviación. Esas son las tres directrices de Los eternos que, al
estilo de las leyes de la robótica de Asimov, se ven impelidos a cumplir y su
voluntad queda totalmente anulada. Esta fue la revelación que condujo a la
locura y al vacío existencial a Los eternos en la colección de los héroes más
poderosos de La Tierra y la premisa de la que parte esta nueva andadura con Gillen
y Ribic.
Impresionantes Ribic y Wilson
Los eternos resucitan por enésima vez (ya sabemos que no son
humanos, ni dioses ni nada que se le parezca) para descubrir que Zuras ha sido
asesinado y todo apunta a, sí, nuestro titán loco favorito tras su (también)
enésima resurrección: Thanos.
Y hasta ahí puedo leer sin hacer muchos spoilers. Decir que
el trabajo de Gillen, parecido en el fondo pero sobre todo en la forma al
relanzamiento mutante de Hickman está muy bien llevado y el tono solemne que
brinda Ribic en la parte gráfica, pronto se disipa al darle el británico ese
tono divertido (por momentos) y cargado de referencias que hacen que ese tono
grandilocuente y majestuoso no lo sea tanto.
Él es inevitable...
En definitiva, una historia dirigida tanto al lector “de
siempre” como al lector casual que se acerca al cómic tras ver la película o
incluso antes de verla para ir “estudiao”.
Esta edición de Panini es una pura gozadera: 216 páginas en
tapa dura con encuadernación holandesa. Papel de alto gramaje, tamaño oversized
y cantidad de extras por 30 euritos. Así leído puede parecer caro pero una vez
en la mano es un auténtico caramelito.