jueves, 11 de septiembre de 2014

La Venganza de los Seis Siniestros.









Dice una canción del Reno Renardo: "Crecí en los ochenta y sobreviví". Vale, pero sobrevivir al mundo comiquero de los noventa era cosa jodida. Jodida a niveles de Bear Grylls. Y para muestra un botón: LA VENGANZA DE LOS SEIS SINIESTROS de Erik Larsen. Canelita, y de la fina.

Panini nos ha regalado un coleccionable de Spiderman de esos que van directos al corazón nostálgico del lector noventero. Una prueba a lo Santo Tomás de que es mejor releer y darse de bruces con la realidad que recordar unos tiempos pasadas que son para meter los tebeos en una caja y olvidarla en lo más profundo del trastero.







Después de tres tomos con el más enrevesado Spiderman de Todd McFarlane y su ausencia de coherencia narrativa, llega Erik Larsen para hacerse con las riendas de la colección creada para mayor gloria del dibujante multimillonario. Y llegó fuerte, como si se hubiera comido un pote asturiano, dos cafés calentitos y medio kilo de torrijas con miel. En agosto.

La Venganza de los Seis Siniestros es puro noventa. Puro de cojones. Si fuera coca te irías al otro barrio con una sonrisa en los labios. El tema es el siguiente: El Doctor Octopues reúne a los seis siniestros para hacerse con el mundo y Spiderman y todo el que pasaba por allí o van a impedir. Todo el que pasaba por allí es literal. Spiderman se encuentra por la calle a gente como ¿Sonámbulo? o Hulk y se los lleva al carnaval de hostias porque sí. ¿Deathlok? Para adentro. ¿Solo el más noventeros de todos los personajes noventeros? Sin problema. Ensalada de golpes sin orden ni concierto. Señores: A tope con la Cope.






Y después de jincarme semejante historia me quedo con la duda de que Erik Larsen lo hizo queriendo o se dejó llevar por la moda cuero/hebilla/brazo metálico. ¿Un homenaje al sinsentido e imaginación naif de la Golden Age? No lo creo. No hay personajes, Ni el más leve desarrollo de los mismo. Si McFarlane ninguneó la figura de Mary Jane, aquí es casi paródico. Modelos de lenceria, casting con desnudos, peleas matrimoniales y ella cosiéndole el traje roto. O genial o denunciable.

Una historia que salvo por el dibujo de Larsen. Recuerdo haber copiado varios Spiderman suyo o un Motorista Fantasma, y que en aquella lejana época me flipaba el diseño de los supersoldados ciborgs. Pero de eso hace ya muchos años. Más de veinte. Ahora me he dejado la pasta por nostalgia. Así de claro.


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